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Barbarie: Somos lo que nos han hecho

VOCES OPINIÓN Por: Mouris Salloum George

Desde la década de los ochenta, en una de sus obras de  consulta obligada, el filósofo de la Comunicación, Marshall McLuhan concluyó que un niño estadunidense en su corralito, ya ha visto en la pantalla televisiva más violencia de la que habría visto su padre que acaso participó en una guerra.

Al cerrarse el siglo XX, en el compendio Fin de siglo, el ex asesor de Seguridad Nacional del presidente Jimmy Carter e el impulsor de la Comisión Trilateral, Zbgniew Brzezinski denunció que la suplantación por la televisión de las tres instituciones tradicionales de formación del hombre norteamericano -entre ellas la Iglesia-, había llevado a la degradación de los valores de la sociedad y su efecto ponía en riesgo el liderazgo mundial de los Estados Unidos.

Años antes y después, apelando a la defensa de la Libertad de Expresión, los exégetas de la industria televisiva en México han argumentado que la influencia de la tele en la mentalidad de la audiencia “es inocua”.

Esa es una de las tantas respuestas a la preocupación de lúcidos mexicanos que empezaron por advertir contra el proceso de transculturización de la sociedad mexicana.

México, A favor de lo mejor (en los medios)

Precisamente, a finales de la última década del siglo XX, en México surgió el movimiento En favor de lo mejor en los medios electrónicos que, en un momento dado, fue respaldado por más de cinco millones de firmas de mexicanos, la mayoría de padres de familia.

Se trataría de regular los contenidos disolventes en esos medios para proteger a niños y jóvenes de los impactos violentos y degradantes de la programación televisiva, si bien encomendaba esa misión a los propios concesionarios, a quienes se demandaba un voluntario Código de Ética.

Casualmente, en 2000 arribó a la  Presidencia de México, Vicente Fox, un producto neto de la mercadotecnia y adicto, hasta la fecha, de las pantallas y micrófonos. Distinguió su mandato por la liberalidad con la que manejó sus relaciones con los concesionarios de Televisión y Radio.

Tenemos a la vista la compulsa que la Auditoría Superior de la Federación (ASF) de la Cámara de Diputados, practicó a la primera Cuenta Pública del sexenio de Fox.

En el apartado correspondiente a la Secretaría de Gobernación, la ASF puso la mira en la Comisión de Radio, Televisión y Cinematografía (RTC).

Encontró todo un catálogo de transgresiones a la ley en la materia. Sólo citaremos dos renglones: Apología de la violencia y corrupción del lenguaje.

El pozolero, El Niño narco, los nuevos protagonistas

Desde que apareció el movimiento En favor de lo mejor hasta nuestros días, el Estado ha dado manga ancha a los productores y programadores de la tele, en la que se presenta una encarnizada competencia con los vendedores de bárbara chatarra que llega del extranjero.

Particularmente en el actual sexenio, las pantallas hogareñas han sido invadidas a todas horas por las expresiones de violencia criminal más brutales (las del narco, las más socorridas), pornografía, etcétera. 

Algunos críticos han llegado a calificar como programación prostibularia la que se expone a la audiencia sin discriminación de horarios.

Los capos de la droga y sus crueles andanzas, son hoy por hoy los contenidos favoritos de dichos programadores.

En las crónicas del bajo mundo registradas en los medios, han surgido los nuevos protagonistas: Los sicarios, con identidades como El pozolero (el que disolvía los cadáveres de sus víctimas en tambos de ácido); El niño narco (que en su  precoz muesca llevaba sumados no pocos asesinatos), los decapitadores, etcétera.

Hace unos pocos años, la Secretaría de Educación Pública del estado de Sonora, hizo una encuesta en planteles de educación básica y secundaria sobre la vocación de niños y adolescentes: La gran mayoría respondió: “Quiero ser sicario, para vivir a todo dar”.

¿En qué capítulo de la agenda de la Secretaría de Gobernación sobre Derechos Humanos? ¿En qué apartado de la Reforma Educativa, que ofrece prosperidad y felicidad a los mexicanos, se atiende aquél monstruoso desafío?

En un canal de televisión se pasa un comercial en el que aparece Alfred Hitchock,  director de la afamada película Sicosis. Palabras más, palabras menos, dice que, si a la vista del crimen en la televisión no has experimentado  sentimiento de odio… lo adquirirás en el intermedio.

Ahora, nos bañamos en ceniza y nos desgarramos las vestiduras por los trágicos sucesos registrados en un colegio privado de Monterrey, Nuevo León, donde un adolescente balaceó al alumnado y su maestra, y se pegó un tiro, con un arma que su padre le enseñó a manejar.

Por supuesto, en el sexenio de las condolencias y “llegaremos hasta las últimas consecuencias y habrá justicia”, la oferta de “solidaridad” con las víctimas no se ha hecho esperar.

Palabras, palabras, palabras…

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