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¡Certifícame, gringo, certifícame!

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

México es el trampolín: Los Estados Unidos son la alberca. No se trata de una metáfora: Fue una pedrada al tejado de la Casa Blanca, morada donde, después de Franklin D. Roosevelt, fue borrado todo vestigio de puritanismo evangélico.

Señor Míster Zanahoria: Acógeme en tus legiones de la nueva mayoría moral republicana para compartir El destino manifiesto. Sé que he cometido errores e incurrido en pecados mortales. No te pido indulgencias plenarias. Sólo pídeme, exígeme, ¿cuántas extradiciones de mexicanos aporto a tu segunda campaña presidencial?

Transformemos de cantidad a calidad la nómina de extraditables. No más delincuentes rurales de cuello percudido. ¿Un presidente de la Asociación de Bancos de México? ¿Acaso un jugador en la Bolsa Mexicana de Valores? ¿Podría ser otro espécimen de la lista Forbes? Excuso a los ex presidentes. Éstos ya están amparados por una fáctica amnistía.

Adicción a las drogas: Enemigo público número 1 de EU

Los tres párrafos anteriores son solo una sinopsis. Primer acto de confesionario: La adicción a las drogas es el enemigo público número 1 de los Estados Unidos. A confesión de parte, relevo de pruebas.

El diagnóstico anterior, fue expedido por el republicano Richard M. Nixon. Lo elaboró cuando ya estaba instalado en el Salón Oval de la Casa Blanca, pretendiendo borrar de un plumazo un público expediente: Había sido, desde California, el exitoso abogado de cabecera del uno de los jefes “más buscados” de la mafia italo-estadunidense, que nunca pisó una cárcel.

Para más señas, ese capo internacional (México no fue ajeno a sus dominios), es reputado todavía como uno de los más obsequiosos donantes históricos a las campañas presidenciales del Partido Republicano.

El diagnóstico de Nixon ocupó primeras planas y tiempos estelares en los medios impresos y las cadenas televisoras estadunidenses, que cayeron en una conveniente abstracción.

¿Dónde quedaron los importadores del Triángulo dorado asiático?

Para entonces, era del dominio público que naves de la Fuerza Aérea imperial volaron a Vietnam cargados de bombas. Regresaban a sus bases con un exquisito lastre: La droga procedente del Triángulo dorado asiático. Nada de cacahuates: Rentables lingotes de oro. Mucho oro.

Aquellas bombas contra la población vietnamita, por supuesto, no eran precisamente florales. Su mortal precursor es el ácido naftélmico palmítico: Napalm.

La mojonera la ubicamos en el arranque de la década de los setenta. Para entonces, las adicciones a las drogas en los Estados Unidos, según revelación de Nixon, eran el enemigo público número 1. Medio siglo os contempla.

En dos mandatos republicanos, el de Ronald Reagan primero; ahora el de Donald Trump, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha sido amagada de expulsión de su sede en Nueva York, por no plegarse a los perversos designios de Washington.

No resulta ocioso subrayar la sistemática transgresión de los inquilinos de la Casa Blanca a resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU y a otros acuerdos votados en sus Asambleas Generales con fines pacifistas.

El diseño de una política de drogas por la ONU

Pero durante el doble periodo de Nixon (el segundo inconcluso), la samaritana ONU no era mal vista desde el Salón Oval.

En 1971, la ONU lanzó a la rosa de los vientos el Convenio contra sustancias sicotrópicas. En 1972, modificó la Convención Única sobre Estupefacientes aprobada en 1961. Para 1988, imprimió el texto de la Convención contra el tráfico ilícito de Estupefacientes y Drogas Sicotrópicas, iniciativas, las primeras, de inspiración nixoniana.

Dos preceptos se leen en aquellos documentos: Fiscalización y certificación, de los que se sintió depositario el Departamento de Estado, siempre y cuando se aplicaran allende sus fronteras.

Creemos pertinente apuntar que, contra pretensiones extraterritoriales del Departamento de Estado, los últimos mandatarios mexicanos que se resistieron fueron José López Portillo y Miguel de la Madrid. En lo sucesivo, con genuflexiones hacia el Potomac, lo que usted ordene, señor Presidente. Adiós, soberanía, adiós.

Los tecnócratas de Harvard traducen mal el inglés

De las resoluciones de la ONU, en sus diversas denominaciones, sólo recuperamos una contraindicación: Los Estados parte de la ONU, deben ejecutar una política de sustitución de cultivos en las regiones donde el campesinado nacional dedica superficies de labor a la siembra de amapola, coca y mariguana.

Todavía no se ponían de moda los hongos alucinógenos ni cobraba auge la industria farmacéutica aplicada a la producción de drogas sintéticas, cuyos laboratorios están señalados estados y ciudades de los Estados Unidos, no sólo para consumo interno, sino para exportación.

El primer gobierno tecnocrático neoliberal en México, el de Carlos Salinas de Gortari, tradujo al revés la iniciativa de la ONU: No sustituyó los cultivos. Sustituyó a los campesinos.

En efecto, con la contrarreforma agraria de 1992, la propiedad social de la tierra fue atacada ante el altar del mercado. Ejidatarios, comuneros y pequeños propietarios fueron despojados de su patrimonio productivo.

La coartada: La propiedad social de la tierra sería incorporada a la economía a escala (je je je). Llegaron los corporativos privados a tomar posesión del ejido. ¿Quién recuerda ahora, verbigracia, el criminal ensayo de Vaquería, Nuevo León?

Un ejército de reserva al servicio del crimen organizado

El infame resultado: La población ejidal y comunal fue condenada y reducida al oficio de jornalero. Siguiente fase. Los jornaleros pasaron a formar el ejercito de reserva del crimen organizado. Tercera fase: Los que esquivaron esta trampa, emprendieron el éxodo hacia los Estados Unidos.

Ya para la reciente década cambió el esquema: Como enemigo público número 1 de los Estados Unidos fueron tipificados afamados capos mexicanos pedidos en extradición por el Departamento de Estado y entregados por el gobierno.

Ahora: Malos hombres violan y matan a nuestras mujeres

Con el gorila anaranjado en la Casa Blanca, el infalizaje mexicano dejó de ser catalogado como soporte de la economía estadunidense: Ahora son malos hombres que nos traen la droga, nos roban los empleos y violan y matan a nuestras mujeres, etcétera.

Los hombres no pueden escoger a sus padres o hermanos. Si pueden, en cambio, elegir a sus amigos. El gobierno mexicano quiere como amigo a Donald Trump. Al amigo, alfombra roja. ¿Cuántos más quieres que te extraditemos? A toda costa y a cualquier costo.

Los malos hombres mexicanos ya están en las prisiones de los Estados Unidos. ¿Washington ha resuelto su pavoroso problema de Salud Pública? No ha resuelto nada, por una elemental sinrazón. Para el Departamento del Tesoro, la renta de la droga no es un problema de Salud Pública, es mera cuestión fiscal.

¿Hasta cuándo andarás, oh, hija contumaz? Con dedicatoria a la “diplomacia” mexicana. Es cuanto.

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