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Como el presidente Franklin D. Roosevelt no hay dos

Voces del Director

Desde Filomeno Mata 8

Por Mouris Salloum George (*)

La química nos enseña que no se pueden mezclar el agua y el aceite.

Con base en esa regla, no es dado intentar un punto de comparación entre Donald Trump y Franklin D. Roosevelt.

Al Calígula anaranjado seguramente nunca le escucharemos esta categórica afirmación: El día de la explotación de los recursos de un país en beneficio de un grupo de otro país, definitivamente terminó.

No le siguió el perverso juego a las petroleras gringas

Lo dijo Roosevelt, el enorme Presidente estadunidense que no le siguió el perverso juego a las trasnacionales petroleras de su país después del Decreto de Expropiación dictado por Lázaro Cárdenas en 1938 y declararon un boicot a la venta de refacciones y otros insumos para la industria petrolera nacionalizada.

Las palabras de El divino lisiado pasaron a los anales de la Historia el 20 de abril de 1943, en el primer encuentro con el presidente Manuel Ávila Camacho, en Monterrey, Nuevo León, correspondido por el mexicano en Corpus Christi, Texas, horas después.

Los Estados Unidos estaban ya embarcados en la II Guerra Mundial. Dentro de sus capacidades, México no interrumpió el suministro de hidrocarburos requeridos por el Departamento de la Defensa para enfrentar a las potencias fascistas de El Eje. El gobierno de Ávila Camacho había entrado al conflicto el 28 de mayo de 1942.

Son varios los temas de aquella agenda que cumple 76 años. Sólo rescataremos la demanda mexicana en voz de Ávila Camacho: La cuestión migratoria.

Los mexicanos apalancaron una economía de guerra

Aunque enunciado meses antes, en esa cita el gobierno mexicano logró de Washington el Acuerdo sobre Trabajadores Temporales por el que se privilegiaron los derechos de nuestros transterrados, que atendieron la necesidad de mano de obra de una economía de guerra, como era la de Estados Unidos en esa hora trágica.

(Miles de esos paisanos lograron estatuto legal de residencia en recompensa a sus leales servicios. Es absolutamente probable que sus nietos, nacidos en aquel país, no escapen ahora de la amenaza de deportación.)

Política del buen vecino (nosotros los buenos, aquellos simplemente vecinos), ese arreglo se prolongó hasta 1964: La sucesión de gobiernos republicanos en la Casa Blanca volteó la tortilla. Ni Vicente Fox, el entreguista, pudo lograr la enchilada completa.

¡Qué pena! que el actual inquilino de la Casa Blanca no lea ni la biografía de sus antecesores en el Salón Oval. Y si la ha leído, le vale. Es que es un simple mercader: No hay modo de cambiar los genes crematísticos: Misión imposible.

(*) Director General del Club de Periodistas de México, A.C.

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