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Con iglesia hemos topado, Sancho

El lecho de Procusto

Por Abraham García Ibarra

Debutantes como reporteros en la Ciudad de México en 1968, no dejó de desconcertarnos que, en El Día, al asignarnos la fuente de partidos políticos, se nos incluyera la cobertura de la Iglesia Católica. ¿? El subdirector del diario, Javier Romero, nos atajó: ¿Es que no sabe que es el partido más viejo del mundo?

Nuestro guía en esa fuente fue el hoy difunto ingeniero José Álvarez Icaza, a la sazón director del Centro Nacional de Comunicación Social (Cencos), fundado en México después del Concilio Vaticano II.

Ya activos en el Canal 11 de TV, en 1979 nos tocó cubrir la Tercera CELAM, regida en Puebla por el papa Juan Pablo II en su primera visita a México.

Reincorporados a El Día, en los años siguientes seguimos los procesos electorales en los estados. En Chihuahua y Sonora, particularmente, nos tocó consignar editorialmente el activismo del clero político. Fue el periodo de ascenso electoral del Partido Acción Nacional.

Producto de esas experiencias reporteriles, en formato de libro se nos publicó en 1985 Apogeo y crisis de la derecha en México. Recordamos de ese texto la emotiva expresión liberal: El triunfo de la reacción, es moralmente imposible.

La fascinación por el arzobispo Luis María Martínez

En esas andanzas, dimos con una figura que nos suscitó fascinación: La del arzobispo primado de México, Luis María Martínez y Rodríguez. En 1956 había declarado a la revista Times: Lo único que nos queda por hacer ahora, es cambiar la Constitución.

Los que lo conocieron, tenían de él la imagen de un hombre culto y un tanto liberal, entendido el término como tolerante de algunas conductas no precisamente ceñidas a la moral y las buenas costumbres.

En el paquete de fuentes que durante casi dos décadas cubrimos, nos tocó la Unión Nacional Sinarquista (UNS). Sus apologistas denominaron a sus legiones, las milicias del espíritu.

El cofundador y más agresivo de sus dirigentes, fue Salvador Abascal Infante. Una airada arenga: Lo lamentable, hermanos, lo triste sería que no perdiéramos ninguna vida. En el sinarquismo se habla, se discute; pero sobre todo, ¡se muere!

Era el modo de darle sentido a la proclama ¡Viva Cristo Rey! que se empezó a escuchar en México hacia principios de los años veinte.

Don Salvador fue padre de Carlos María Abascal Carranza, mejor conocido como Monseñor, a quien el entonces panista Vicente Fox tuvo en su gabinete sucesivamente como secretario del Trabajo y de Gobernación.

La “Unión” como agente de la Guerra Cristera

De Abascal Infante recuperamos sus Recuerdos. El michoacano recupera la memoria de su padre, Adalberto, y lo vincula estrechamente a la figura de Luis María Martínez y Rodríguez.

Un año después de promulgada la Constitución de 1917, el dúo Martínez y Abascal padre formaron en Michoacán la Unión de Católicos Mexicanos (UCM), en obvia resistencia contra la Carta de Querétaro. Se le identificó en la clandestinidad simplemente La U.

En 1926, el Papa Pío XI ordenó la disolución de la UCM. Desapareció el membrete, pero no sus militantes. Éstos dieron forma y acción a la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, que armó el combate armado contra el gobierno de Plutarco Elías Calles (después fundador del Partido Nacional Revolucionario).

El detonante fue la promulgación de la Ley de Cultos. El Episcopado mexicano respondió con el cierre de templos. Hizo estallar La Guerra Cristera.

Por los acuerdos “de pacificación” firmados por Emilio Portes Gil y la jerarquía católica, después del asesinato de Álvaro Obregón por un fanático religioso en 1928, con Las legiones empezaron a proliferar una serie de organizaciones católicas, entre las que, con el aliento de Luis María Martínez, surgió durante el gobierno de Lázaro Cárdenas la Unión Nacional Sinarquista.

La nueva operación del clero político fue motivada por la implantación constitucional de la educación socialista. Ahí están los registros de la muerte de cientos de maestros, desorejados.

Rumbo a la formación del Partido Acción Nacional

Hacia 1937, Martínez y Rodríguez, fue investido por la Santa Sede como Arzobispo Primado de México. No le faltó tino para tratar de reconciliarse con su paisano, el Presidente Cárdenas.

Dos años después, 1939, se fundó el Partido Acción Nacional. Don Manuel Gómez Morín contactó con Salvador Abascal Infante para que incorporara a sus aguerridos contingentes al partido. Abascal condicionó: Si es así, que se nos dé participación en su dirección; somos mayoría en el llano. Gómez Morín dijo no.

(Que el Estado vele por los hombres de techo para abajo. Que la Iglesia salve sus almas de techo para arriba. En los años sesenta, un juicioso jefe nacional del PAN, don Adolfo Christlieb Ibarrola alertó sobre el peligro de mezclar religión y política en un mismo coctel. La realidad contemporánea en la mayor parte del mundo valida su advertencia.)

En el directorio fundacional del PAN, aparece el nombre de don Daniel Kuri Breña (así, separado el apellido), abuelo de un hombre de moda: José Antonio Meade Kuribreña (ya hecha la conjunción del segundo apellido.)

Don Daniel tiene, además, el registro de primer director del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), en el que hizo su carrera de Economía, su nieto José Antonio.

Memoria de don Luis Calderón Vega

Entre las organizaciones que a principios de aquella década promovió Martínez y Rodríguez, estuvo la Unión Nacional de Estudiantes Católicos, como contraparte de la tibia Acción Católica de la Juventud Mexicana. A la Unión estuvo cercano el nombrado don Daniel.

Fue segundo presidente de esa juvenil unión, Luis Calderón Vega, fundador y biógrafo del PAN, padre además de Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa, presidente de México después, quien hizo a José Antonio Meade Kuribreña, secretario de Energía.

La Comisión Diocesana de Orden y Decoro

Otra de las instituciones creada por el arzobispo Martínez y Rodríguez, en 1939, fue la Comisión Diocesana de Orden y Decoro, entre otras tareas para el mantenimiento y conservación de la Catedral Metropolitana.

Dionisio Alfredo Meade y García de León, padre de José Antonio, inició su carrera política en el PRI. Fue legislador por este partido y funcionario en diversas dependencias del área económica.

Al nombrar el entonces panista Vicente Fox, secretario de Gobernación a Carlos María Abascal Carranza, como subsecretario se contrató a Dionisio Meade. Éste, en su ficha biográfica tiene también el encargo de director de la Comisión Diocesana de Orden y Decoro, fundada por el arzobispo Martínez y Rodríguez en 1939.

Ahora José Antonio es candidato “ciudadano” del PRI

Con el panista Fox, José Antonio Meade Kuribreña fue iniciador y director de la Financiera Rural. Con el panista Calderón, hombre fuerte en Hacienda y titular de Energía. Con el priista Enrique Peña Nieto, secretario de Relaciones Exteriores, de Desarrollo Social y de Hacienda.

Hoy, el ex secretario de Hacienda es candidato presidencial simpatizante del PRI. Él prefiere ser reconocido como candidato ciudadano.

Es que al PRI, que se proclamó depositario del legado doctrinario del Partido Liberal del siglo XIX y custodio de la Constitución de 1917, le faltaron cuadros propios para contender por la Presidencia de México en 2018. ¡Qué le vamos a hacer! Es cuanto.

Pd: En espera que el procurador provisional Alberto Elías Beltrán haga su consignación y logre condena contra Ricardo Anaya Cortés, de éste se puede decir que es un panista confeso. No un Caballo de Troya del partido que se anunció como gestor del Humanismo político. Otra vez: Es cuanto.

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