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Corrupción: Uso del poder público para fines privados

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

El veredicto popular concluye que, en México, el más tullido es alambrista. Se aplica, sobre todo, a gente del gobierno colocada en puestos donde se maneja discrecionalmente dinero de los contribuyentes cautivos.

Dos meses después de que Enrique Peña Nieto fue lanzado de Los Pinos, Transparencia Nacional, en su reporte 2018 sobre percepción de la corrupción, coloca a nuestro país en el sitio 138 de 180 evaluados.

México, ejemplo mundial de corrupción

En 2015, Ary Naim, gerente de una de las áreas corporativas del Banco Mundial ya lo había dicho: México es el ejemplo universal más visible de la corrupción.

Esta última data -como fecha al blanco-, apuntó en momentos en que Peña Nieto, en la primera semana febrero de aquel año, resucitaba la Secretaría de la Función Pública (SFP) para el solo efecto de ser exonerado por el asunto de la Casa Blanca.

Para ese propósito, Peña Nieto restituyó la titularidad de la SFP, administrada por un encargado de despacho, y le dio el mando a Virgilio Andrade. Después de cumplida su misión pretendidamente rehabilitadora de la pareja presidencial, Andrade fue premiado con una agencia bancaria estatal.

Fallida renovación moral de la sociedad

La SFP fue creada por Miguel de la Madrid como Secretaría de la Contraloría General de la Federación, con la encomienda de la renovación moral de la sociedad.

Las facultades de esa nueva secretaría serían de control interno de la administración y de evaluación de la gestión gubernamental. Se acompañó ese objetivo con la reforma constitucional sobre las Responsabilidades de los Servidores del Estado. Su imperativo: El combate a la corrupción pública.

Sin embargo, desde 1982, los críticos tipificaron como una anomalía que el gobierno se fiscalizara a sí mismo.

Vicente Fox le melló los dientes a la SFP

Por motivos que al tiempo se harían evidentes, Vicente Fox -cuya bandera de campaña fue acabar con la corrupción- le melló los dientes a la SFP, para dejarla sólo como agencia de colocaciones.

Al término de su mandato, con la coartada de la austeridad, Felipe Calderón propuso desaparecer esa dependencia, intención que asumiría Peña Nieto. No obstante, el Congreso de la Unión metió a la congeladora esa iniciativa.

Hace poco más de tres años, la estadunidense Times abordó el asunto de la corrupción en México. Citando fuentes del Banco Mundial, calculó que el costo de esa peste devoraba el 9 por ciento del Producto Interno Bruto.

Una investigación del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) retomó aquella cifra, pero agregó la propia: El costo sería de 80 por ciento de la captación federal de impuestos.

Aquellas dos estimaciones porcentuales se tradujeron en números absolutos: Un billón de pesos al año.

No vamos a desencadenar una cacería de brujas

De la documentación consultada subrayamos una denuncia: El uso del poder público para fines privados.

Entre el disimulo de Peña Nieto y un Senado de la República medroso: No vamos a desatar una cacería de brujas (Emilio Gamboa Patrón dixit), la instrumentación y puesta en marcha del Sistema Nacional Anticorrupción no acaba de concretarse.

Del sexenio de los records, nos queda una deuda pública por encima de los 10 billones de pesos y México situado en el lugar 138 entre 180 países en el índice de percepción de la corrupción pública. Es cuanto.

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