Voces del Periodista Diario
Abraham García Opinión

Covid-19: Más muertes virtuales que reales

Sinfonía Telúrica

Por Abraham García Ibarra

Cuando, en los años setenta, se incorporaron a los Libros de Texto Gratuitos nociones de educación sexual, conocimos en impreso el texto de un sermón obispal en el que se acusaba al presidente de la República de proponerse convertir a México en un burdel de costa a costa y de frontera a frontera.

Por aquellos meses, también se denunciaba que “el Presidente andaba vacunando” a mujeres habitantes en los suburbios de las zonas metropolitanas y de regiones indígenas, para impedir que se embarazaran, atentando contra el derecho a la vida desde su concepción.

El primer texto fue suscrito de su puño y letra por el obispo católico autor. El segundo caso corrió profusamente desde fuentes anónimas.

Sobre la campaña de vacunación esterilizante, hicimos en la Ciudad de México una indagatoria reporteril de campo -no existían entonces las explosivas redes sociales- que nos condujo a la Colonia Juárez, de la Delegación Cuauhtémoc.

Encontramos en esa pesquisa algunos despachos privados ocupados por facciones anticomunistas, cuyo lema en boga era Cristianismo sí. Comunismo no. Incitaban: Matar un comunista no es un crimen; es un deporte. El eco se reproducía en Monterrey, Guadalajara, Puebla, Guanajuato, Hermosillo, Mérida…

Los contenidos de manifiestos,  volantes y pegas eran obra de un ingenioso regiomontano, socio de la Asociación Mexicana de Publicistas, que más tarde llegó a la jefatura nacional del PAN. Aquí, sus correligionarios lo choreaban: Confunde el materialismo histórico con el materialismo histérico. Que en paz descanse.

En Baja California, “los médicos están cayendo como moscas”

Hoy, hoy, hoy, los que hacen terrorismo con cargo a la pandemia de coronavirus operan desde las redes sociales, que no exigen que los propagadores de las otras epidemias den la cara, como tampoco lo hacen cuando apelan al vandalismo en las pacíficas movilizaciones ciudadanas que se organizan en la Ciudad de México y otras metrópolis del país. Sobre el anonimato, la impunidad: Los médicos de Baja California están cayendo como moscas. Y uno se imagina que el personal de Salud está cautivo en un campo de concentración nazi.

Cambio de página: Por el imperativo de estar medianamente informado para poder informar, consultamos cotidianamente textos de academias científicas de los Estados Unidos y Europa en la especialidad médica, y hallamos la figura de las bacterias y los virus mutantes. Estos son como las cucarachas: Siempre encuentran el modo de adaptarse a circunstancias ambientales y organismos, que en un principio les pueden ser adversos.

Raíces del mal: Laboratorios farmacéuticos y consultorios médicos

La diferencia, es que los virus mutantes no lo son por evolución natural: Los mismos estudios consultados -con frecuencia de las facultades de Medicina de los centros de estudios superiores mexicanos- nos informan que esos letales enemigos de la salud humana han acumulado inmunidad y resistencias a partir del consumo de antibióticos, recetados indiscriminadamente por médicos generales contra cualquier dolencia.

En un momento dado, esos productos sintéticos, a tanto consumirse, provocan daños colaterales que llevan a recomendar… más antibióticos. Un valor profesional es invocado por los que denuncian esas conductas: Bioética, subrayan.

Conforme medios de Comunicación europeos, ese círculo virtuoso se cierra en los estados contables de la industria farmacéutica, que en no pocos casos cuentan con la complicidad de algunas instancias  de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Recientemente, en nuestra edición de Voces del Periodista impreso publicamos un concentrado, obra de investigadores de buena fe en la materia, en el que salen a flote todas las innobles prácticas de las grandes empresas farmacéuticas, a saber:

Gastan más en mercadotecnia que en investigación; boicotean la salida del mercado de fórmulas alternas rigurosamente protocolizadas y patentadas por la competencia, compran el favor de autoridades reguladoras para que sus productos entren a los cuadros básicos de las instituciones públicas de Salud y sobornan a médicos para que se conviertan en propagandistas y recetadores, a sabiendas de que las historias clínicas de algunos pacientes los hacen vulnerables a su consumo, precipitando un desenlace mortal.

Las enfermedades detonantes que no se atendieron a tiempo

Por fatalidad biológica, estamos en el ciclo de vida que nos coloca entre la población más susceptible a los contagios bacteriales y virales. Por un accidente cardiovascular que desde hace nueve años nos trae circulando con el esternón resquebrajado y sobre cuatro puentes (baipás), supimos desde que se nos dio de alta que otros pacientes que pasaron en aquellos días por la misma experiencia sobrevivieron a la cirugía, pero sucumbieron a los corrosivos efectos de la diabetes, los impactos de la hipertensión o de algunas formas larvadas de cáncer.

No caemos en la tentación de atribuir milagros a los cirujanos que nos intervinieron, advirtiéndonos sobre los riesgos de la edad. Sí nos gratifica su responsabilidad profesional.

Lo que decimos, es que nuestro tratamiento consiste solo en ingerir después de la merienda media aspirina efervescente y una tableta de atorbastatina, de las que nos provee puntualmente la Unidad Médica Familiar del IMSS que nos corresponde.

Punto de supervivencia, es estar atentos a los calendarios en que se manifiestan las variedades de neumonía, primer riesgo a nuestra frecuencia respiratoria, dinamo de nuestra frecuencia cardiovascular. Es asunto de mera disciplina. El cardiólogo que firmó nuestra alta en el Hospital Siglo XXI del Centro Médico Nacional, ocupó un casillero del documento con una inusual expresión manuscrita: Bueno para la vida. No podemos defraudarlo.

Terrorismo: Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio

 Desde nuestro retiro obligado cavilamos: Cualquiera puede morir de un resbalón en cáscara de plátano, por consumir un camarón en mal estado o una hamburguesa agusanada; por el impacto de una bala perdida o la caída del estribo del microbús. Suele ocurrir con harta frecuencia en la ciudad de México.

Lo que nos llama la atención, es que los aprendices de terrorista se montan en su celular y lanzan su peritaje: Los médicos forenses tienen instrucciones “de arriba” de certificar más muertes por aquellas causas, para ocultar las verdaderas cifras de defunciones por coronavirus.

Así de grueso el asunto. Lo peor es que medrosos y timoratos se engullen aquellas filosas ruedas de molino: Los médicos de Baja California están cayendo como moscas. Para que se cumpla ese dicho, algunos pacientes la están tomando contra médicos y enfermeras que les atienden a riesgo de su propia vida. Otros, incitan a su linchamiento en el transporte público o sus hogares.

Así es la condición humana: Lo dijo Einstein: Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio. A eso le apuestan los aprendices de terrorista. Es cuanto.    

Artículos relacionados

Mexicanos sin espejo

Rebelión Morena

Redacción Voces del Periodista

Letra para un bolero de “Paquita la del barrio”

Dejar un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.