Voces del Periodista Diario
Abraham García Opinión

De cuando a don Belisario le cortaron la lengua

El lecho de Procusto

Por Abraham García Ibarra

Cuando nuestra madrecita Patria cumplió 200 años, los héroes que nos la dieron se llenaron de espanto. Brigadas calderonianas se metieron en la morgue al pie de la Columna del Ángel y, a pico y pala, sustrajeron muestras humanas para someterlas a prueba de ADN a fin de confirmar que los ahí sepultos eran los verdaderos independentistas.

Los sospechosistas que no faltan, divulgaron otra maliciosa versión: En realidad, los zapadores tenían la misión de dar con el cofre que al pie de la columna de la Independencia colocó Porfirio Díaz y en el cual el patriarca habría depositado monedas de aquella época que, si entonces tenían valor, éste se habría multiplicado al menos para el interés de los coleccionistas.

No les faltaba razón a aquellos insidiosos porque, a todo efecto interpretativo, para algunos residuos panistas el verdadero “consumador” de la Independencia de México fue el fallido emperador Agustín de Iturbide, en cuyo caso su memoria se venera en un nicho de la Catedral Metropolitana,  donde cada 27 de septiembre le rezan los nostálgicos de la monarquía.

De 2010 sólo quedó en la Avenida de la Reforma La estela de pus.

De cómo le maman a la Tesorería de la Federación

Cambio de página: El pasado fin de semana, como suele ocurrir a mitad de septiembre de cada año, radio y televisión nos brindaron puro folclor.

Ahí escuchamos viejas obras musicales vernáculas. Una nos ofreció una grave percepción: La vaca era colorada/ y el becerrito era moro. Me puse a considerar/ que era hijo de otro toro. “¡Apa! toro que allá va…”.  No, pues sí.

Esta es más ilustrativa: La vaquilla tuvo cuates/ el día primero del mes/ uno le mama al derecho/ y otro le mama al revés. Pobre vaquita. Como resultado de la transición democrática, derechas y sedicentes izquierdas atacan a una las tetas de la Tesorería de la Federación.

Y así fue como los senadores se quedaron pobres

En el registro mediático de estos días patrios, de esas mismas fuentes tomamos nota de las expresiones de solidaridad que la sociedad civil asumió para asistir de diversas maneras a los damnificados por los terremotos en Oaxaca y Chiapas.

Los senadores no podían ser menos: Generosos, los antaño llamados padres de la Patria (la Patria es primero, aparece en el frontispicio del salón de plenos senatorial), se desprendieron de un día de sueldo  para donarlo a las víctimas sureñas. Un “día de sueldo”. No del  total de ingresos diarios.

En una nocturna barra televisiva, preguntada sobre cuánto sumaron esas aportaciones, una senadora priista optó por el disimulo.

Impertinentes reporteros entrevistaron en la Cámara alta a otra senadora priista; a ésta, para cuestionarla sobre la eventualidad de que los partidos políticos renunciaran a parte del suculento subsidio público de 2018 a fin de llevar socorro a los compatriotas desvalidos de Oaxaca y Chiapas.

Como gata en el tejado caliente, la legisladora tricolor se defendió: ¡Imposible! Para ello tendría que revisarse la ley y como la referida a asuntos electorales ya no es modificable porque la Constitución no permite reformas en la materia un año previo al 1 de julio de 2018, pues estamos fuera de término. Legalista la señora.

El Yo acuso del senador Belisario Domínguez

De Chiapas estamos hablando: De Comitán, en este estado, fue oriundo don  Belisario Domínguez. Para los senadores que no quieren saberlo, don Belisario fue médico. Un humanista, pues. Sus huellas permanecen aún en la memoria de los más pobres entre los pobres de Chiapas.

Sus paisanos eligieron  senador a don Belisario. Fue quien, en la Legislatura federal, quiso hacer uso de la tribuna. La presidencia en turno le regateó la palabra.

De todas formas, una modesta pero temeraria ciudadana imprimió el discurso -dos en realidad a fines de septiembre- no escuchado en el pleno, y lo hizo circular clandestinamente: ¡Yo acuso! tituló uno de sus textos el atrevido senador. El acusado era el dipsómano golpista Victoriano Huerta.

El 7 de octubre de 1913, el ya conocido como Chacal mandó asesinar a don Belisario. Los sicarios lo ejecutaron en Coyoacán. Un “medico”, lacayo del usurpador, se encargó de cortarle la lengua al irrepetible chiapaneco.

Amado Carrillo Fuentes podría ser buen candidato

En 1954, el Senado de la República instituyó la Medalla Belisario Domínguez para honrar a ciudadanos mexicanos distinguidos por sus servicios a la nación y a la Humanidad.

Merecieron ese reconocimiento prominentes patriotas mexicanos. Ahora, el mangoneador del Senado, el yucateco Emilio Gamboa Patrón ha convertido en chatarra esa presea. Mejor ni nombrar, a quien se la endosó en 2015.

Por estos días, Gamboa Patrón y los integrantes de la comisión respectiva buscan a quién hacerle el homenaje en nombre de don Belisario. Mañana se estrena en televisión El señor de los Cielos. Amado Carrillo Fuentes podría ser un idóneo candidato post mortem a esa distinción.

¿Cuánto cuesta el cuño de la afamada pero devaluada medalla? Bien harían los senadores en ahorrarse ese desembolso y agregarlo al espléndido donativo senatorial a los damnificados chiapanecos.

No estaban perdidos; andaban de parranda

Un delicado postre: Ayer pasamos por una cantina ubicada en la calle de Victoria del Centro Histórico de la Ciudad de México, especializada en cabrito.

Nos extrañó ver ahí en horas hábiles a funcionarios medios de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Creímos que andaban de pinta, curándose la resaca de las fiestas septembrinas.

Pero no: No andaban de pinta esos servidores del Estado. Es que el doctor Luis Videgaray Caso decretó una semana de asueto al personal de la cancillería por los terremotos que el martes devastaron la Ciudad de México. ¡Ah! que burócratas tan cabritos. Es cuanto.

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