Voces del Periodista Diario
Juan Bautista Opinión

Culiacán, el ojo del huracán

Sendero Público
Por Juan Carlos Bautista Rojo

 

  • La estrategia del narco : más eficiente y mediática
  • El Estado, rezagado
  • Los juniors, ganaron una batalla

 

Las heridas y fisuras quedan al descubierto después de una intensa batalla. Las lesiones al Estado Mexicano, por parte del grupo de los Juniors del Chapo, son más profundas de lo que se anunció en un principio. Incluso la vieja práctica de convertir las derrotas en triunfos, al pasar de los días, genera más polémica y dudas sobre la información oficial sobre el 17 de octubre en la capital del estado de Sinaloa.

A una semana de los acontecimientos: el caos informativo y silencio oficial, el panorama logístico y de armamento del cartel de Sinaloa, su presión para negociar la liberación del Juniors mayor del Chapo, y el tema mediático, fueron más contundentes, que las tres instituciones responsables de salvaguardar la seguridad de los mexicanos, quienes siempre estuvieron a la saga de los acontecimientos.

La estrategia del narco

Con sólo 200 hombres armados, camionetas blindadas, armas largas, Ak47 (barret.50 ametralladora que alcanza en precisión hasta mil 200 metros), tanquetas, un camión blindado para producir “humo”, granadas, los Juniors lograron paralizar y superar en acción a los mandos estatales de seguridad de las fuerzas armadas las cuales coordinan a 7 mil 372 efectivos, y a los que sumaron mil 788 integrantes de la guardia nacional.

La difundida foto panorámica de “Culiacán en llamas”, desde uno de los edificios más altos de la ciudad, dibujó el caos, incertidumbre y dolor de una sociedad civil secuestrada, acorralada y llena de temor al no poder transitar libremente después de ese jueves al medio día. Horas de angustia, desolación y terror. La imagen de estelas de humo en los principales entronques de la ciudad, y por el rumbo del aeropuerto, e información difundida en redes sociales, dejaba al descubierto un diagrama urbano con bloqueos, incendios de vehículos y heridos y algunos muertos por enfrentamientos entre las fuerzas federales y el cartel de Sinaloa. La “huida “, de 51 presos de alta peligrosidad del penal de Aguaruto, como una acción insertada en la estrategia de distracción y presión se sumó al caos informativo y cultivo del miedo social.

El cerco a las unidades habitacionales militares que están en Culiacán, a través de bloqueos y disparos las secciones cerca de ese lugar, además de la retención de 8 elementos militares en manos de los narcoterroristas, fue lo que finalmente provocó la “declinación“ de soltar, de acompañar con vida y entregarlo sano y salvo a sus colegas narcos, aún vestido de militar, a Ovidio Guzmán López.

Hoy, lunes 21 de octubre, conocemos por las revelaciones de un diario gringo, el otro Junior, Iván Archivaldo, fue quien negocio las condiciones a los altos mandos militares para liberar a su hermano Ovidio.

En cuanto a la difusión de los hechos del Día “D” en Culiacán, fue a través de las redes sociales que la sociedad civil, twiteros y un plan bien orquestado mediáticamente por los chapitos y asesores mediáticos, siempre llevaron la partida en la generación de la información y en la narrativa de los hechos.

¿A quién convendría ver en segundos, en decenas de videos, a un Culiacán en llamas, caótico, a punto de llegar a la imagen de un infierno? ¿Militares e integrantes de la Guardia Nacional, batidos y ensangrentados? ¿Unidades habitacionales, cercadas por el narco, con sus ciudadanos en pánico, mancillados o peor, masacrados? ¿Un aeropuerto en llamas con centenares de vidas inocentes inhumadas?

La presión mediática del narco fue precisa, puntual, consistente. La generación de miedo, de la espiral del caos, funcionó como en los mejores escenarios de un plan de guerra, o, para responder como un plan emergente a una acción de “aparente” sorpresa.

Los errores de una acción de Estado contra lo que parecía una célula criminal, resultó un choque frontal contra un ejército irregular que supera en estrategia, táctica, planeación y ejecución, con un plan de inteligencia, que dio por resultado un “ fallido golpe a la delincuencia organizada”, aun cuando el padre de esos chicos, no les jale las orejas ni los regañe con su abuelita, quien por cierto, solicita revisión del proceso penal que llevo a su hijo a estar detrás de las rejas en Estados Unidos.

Seguro, ya nada será igual después de aquel jueves cuando Culiacán sólo fue el ojo del huracán.

Hoy hay preguntas por resolver:

¿Quién diseño este operativo, quién tomó la decisión, por qué no se incluyó al ejército y policía estatal y municipal del Estado de Sinaloa, si hay una orden de detención contra los hijos, por qué se ocultó hasta que el presidente lo confirmó en la mañanera, por qué se dejó la inteligencia de lado previo al operativo, por qué en el plan, si es que en realidad existió, no se consideró la guerra mediática, por qué el silencio por más de 5 horas por parte del gobierno federal, dónde quedó la estrategia de la nueva guardia nacional en operativos contra la delincuencia organizada?

Estas y otras preguntas son interrogantes que al paso del tiempo podrían encontrar respuestas, si es que se actúa con transparencia y autocrítica, ello, independientemente de la decisión de “entregar a Ovidio con vida” para evitar una tragedia de mayores dimensiones, según dice la gente del poder.

Fin…

Artículos relacionados

Las estampas del plan “de rescate”

Redacción Voces del Periodista

En arca abierta, hasta el justo peca

“LO DESCONOCIDO DE LO CONOCIDO”

Dejar un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.