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Opinión

De cabezas frías y principios firmes

VOCES OPINIÓN Por: Mouris Salloum George

Los interpelantes de Gerónimo Gutiérrez no fueron precisamente los más autorizados políticamente (así detenten fuero legislativo), pero las respuestas del interpelado dan señales sobre la madera de que está hecho.

Pasó Gerónimo Gutiérrez por la criba de las comisiones del Senado, pero no hay que descorchar en la víspera el champaña: Falta aún que la Casa Blanca de Donald Trump le otorgue el beneplácito como embajador de México en los Estados Unidos.

Lo primero que hay que destacar de la posición del embajador en ciernes, es que, distante del mundanal y ensordecedor ruido, puso el punto sobre algunas jotas al citar al Estado mexicano como entidad en nombre de la cual ejercerá sus oficios diplomáticos en Washington.

Rara avis entre los coléricos jilgueros mexicanos, Gutiérrez estableció que en forma alguna las directivas emitidas por el Departamento de Seguridad del gobierno estadunidense en materia de migración, obligan a su acatamiento por el Estado mexicano.

Apuntó Gutiérrez, que el presidente Trump y su gobierno, merecen todo el respeto del gobierno mexicano, y lo tendrán en la medida en que (ese respeto) sea recíproco.

Una de las cualidades y calidades de todo diplomático es la ecuanimidad, que no se divorcia necesariamente de la energía. En la comparecencia, la panista presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores, Gabriela Cuevas, le lanzó un buscapiés al compareciente.

México, propuso la senadora panista, debe retirarse de la mesa de negociación, “porque no puede cooperar más con una nación que no quiere una relación de pares y con un Trump que piensa que manda en México”.

“Nación”,  ¿es lo mismo que un gobernante transitorio?

Gerónimo Gutiérrez respondió a la provocación azul, afirmando que para su actuación en la relación bilateral, México tiene su propio marco legal y sus intereses, y expresamente, en el caso de los mexicanos indocumentados amenazados con la deportación, existen acuerdos internacionales que deben hacerse valer.

En ese punto embona el compromiso de Gutiérrez: “Actuar con la cabeza fría, con base en principios firmes”.

Llegan los emisarios de la Casa Blanca

No fue la jornada de ayer un entremés; el dictamen de las comisiones senatoriales ha de pasar aún por el pleno. Cuestión de trámite.

No fue un entremés la jornada de ayer, repetimos, porque es un adelanto de una operación diplomática mayor, que tendrá lugar mañana en Los Pinos.

Frente a esa agenda, ayer por la tarde el presidente Enrique Peña Nieto fue blanco de otra provocación en medios electrónicos, desde donde se le emplazó a no recibir en la residencia presidencial a los secretarios de Estado, Rex Tillerson; y de Seguridad Interna, John Kelly. El Presidente, se le dijo, sólo debe tratar con su par; el mandatario estadunidense para el caso.

En el apartado X del artículo 89 de la Constitución (sobre las facultades y obligaciones del Presidente), referido a la conducción de la Política Exterior, en ninguna línea se establece que el mandatario sólo puede tratar “con sus pares” y no recibir a dignatarios extranjeros de otra jerarquía.

De lo que parece tratarse, es de echar más leña a la hoguera y calentar la plaza en una hora que difunde la sensación de que a los bomberos les falta comandante.

Si Peña Nieto ha decidido recibir y conversar con los emisarios de la Casa Blanca, al menos da la señal de disposición a tomar el toro por todos los cuernos; enfrentar la faena, en vez de  emprender la graciosa huida. Ya es algo. De los resultados del encuentro ya hablaremos después.

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