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De los nostálgicos del poder presidencial

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

La última ocasión en que coincidimos y conversamos con el abogado Miguel de la Madrid Hurtado, fue en la sede de la dirección general del Fondo de Cultura Económica (FCE).

Esperábamos la presentación del macizo ensayo Régimen jurídico de alta mar, obra debida al estudioso sonorense Alejandro Sobarzo Loaiza (+) quien, dicho como dato cultural, el próximo 16 de febrero cumpliría 74 años de edad.

La siguiente es una trasgresión, rigurosamente deliberada:

Vale esta oportunidad editorial para denunciar el escaso interés del gobierno mexicano para -depredado criminalmente el macizo continental– volver los ojos a nuestros litorales y acometer una política marítima como soporte del desarrollo socioeconómico nacional.

Con datos actualizados, México tiene 11 mil 122 kilómetros de costas y una Zona Económica Exclusiva de dos millones 215 mil kilómetros cuadrados, casi el doble que el territorio mexicano.

En los estados costeros mexicanos, 44 por ciento de la población es mayor de 15 años, pura fuerza productiva. Según estadísticas oficiales, entre 2003 y 2013 esos estados aportaron el 43 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).

En busca de un nuevo espejismo petrolero

En los dos recientes sexenios, el gobierno neoliberal se ha obcecado en seguir subsistiendo fiscalmente con el espejismo de la exploración y explotación de yacimientos en aguas profundas del Golfo de México.

En 30 años, jamás la tecnocracia neoliberal ha abierto un volumen de los que la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) elabora con el inventario los recursos de nuestros mares.

Desde los años 70-80, la FAO estableció que, con la explotación racional, sólo del Golfo de California, México sería autosuficiente para alimentar y nutrir a toda su población, y exportar sus excedentes.

Un día de estos, amaneceremos con la noticia de que México ha sido convertido en La Somalia del Pacífico. Desde hace medio siglo, la piratería acecha sobre el occidente costero mexicano, en cuyos mares yacen minerales codiciados por corporativos industriales trasnacionales para requerimientos de tecnologías de punta.

Una autoevaluación del ex presidente De la Madrid

Volvemos a De la Madrid. En la ocasión reseñada, en la intimidad de un café sin servicio, anexo al auditorio donde se presentaría la obra del doctor Sobarzo, compartimos mesa. Por nuestra parte, sólo para escuchar al ex Presidente.

Nos llamó la atención su ánimo reposado. Invariablemente, pipa encendida, ocupaba su jornada diaria, aun la dominical, en la lectura de las novedades lanzadas por el Fondo, si bien las especializadas en temas jurídicos, los económicos eran objeto de su estudio.

No pretendimos, periodísticamente, que De la Madrid rompiera el silencio. Sin embargo, a manera de pregunta de cómo evaluaríamos su sexenio, él mismo abordada algunas cuestiones.

Le preocupaban, sinceramente, los resultados de la Política Económica de su mandato. No estaba satisfecho, pero confiaba en que el replanteamiento de la estrategia del desarrollo nacional, al tiempo daría los frutos esperados; él, que postuló en su campaña la Sociedad igualitaria.

Las dificultades para ejercer la soberanía nacional

Otro tema que le inquietaba, era el entorno internacional y la continuidad del modelo de diplomacia que dirigió, particularmente para la pacificación de Centroamérica, a contrapelo de las líneas trazadas durante los dos mandatos de Ronald Reagan.

En ambas cuestiones (Economía y Política Exterior), reconocía la dificultad de ejercer la soberanía nacional con Washington recalentando la Guerra Fría.

Ni por asomo, De la Madrid hizo alusión a la gestión de Carlos Salinas de Gortari. “Cumplí mi mandato y corresponde a la nueva generación cumplir el suyo. El presidente López Portillo fue muy respetuoso con mi Presidencia”.

La obsesión de Salinas de Gortari por el minimaximato

No ha hecho lo mismo Salinas de Gortari: Se tomó a título de fe que su proyecto maduraría en un periodo de 25 años. De ahí la especie del salinato transexenal.

Aun antes de que su sucesor Ernesto Zedillo Ponce de León encarrilara su gobierno, Salinas de Gortari pretendió implantar un minimaximato, provocando la violenta ruptura con su ex secretario de Programación y Presupuesto y de Educación Pública.

Son las alienadas expresiones de la nostalgia del poder presidencial, síndrome que no afecto al ex presidente Zedillo. Éste, por el contrario, confió la sucesión en Vicente Fox y se autoexilió en los Estados Unidos.

Vicente Fox, como chivo en cristalería

Enfermo de soledad -sin nunca hacer un ejercicio de autocrítica sobre desempeño presidencial-, Fox ha seguido actuando como chivo en cristalería.

Conducta semejante adopta Felipe Calderón, quien operó en 2018 la candidatura presidencial de su pareja Margarita Zavala Gómez del Campo, quien arrió banderas antes del 1 de julio, y hoy solicita registro de un nuevo partido. Se sospecha que el michoacano querría volver a Los Pinos como Presidente consorte.

Tenemos, pues, que, contra todo lo que anuncia la transición democrática, contamos tres ex presidentes que no han podido remontar el subdesarrollo político. Es cuanto.

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