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Democracia a la mexicana y Los perros de Pavlov

El lecho de Procusto

Por Abraham García Ibarra

Si en un escenario absolutamente objetivo -a la luz de sentencias recientes del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación-, es probable que el nombramiento del próximo Presidente de México lo decidan los votos de cuatro magistrados, ¿vale la pena el monstruoso gasto para financiar las elecciones generales de 2018?

Cuatro magistrados electorales federales cuestan al año poco más de veinte millones de pesos. Cuando a finales de 2017 se dio a conocer el proyecto de financiamiento de los comicios de este año, se calculó en unos 40 mil millones de pesos el gasto reservado a ese fin.

Desagregado ese costo, corresponden al desembolso federal los recursos asignados al propio Tribunal, al Instituto Nacional Electoral y a los partidos políticos. La escala desciende a receptores similares en los entidades de la República, nueves de las cuales tienen elección de gobernador, congresos locales y gobiernos municipales.

Dejamos en casillero reservado el financiamiento privado a las campañas. Pero tenemos un descomunal costo del que se habla poco: El del tiempo-aire del Estado, puesto a disposición de servicios de difusión específicamente de la actividad electoral.

Se puede correr el lápiz a partir de estos dos datos: Más de 59 millones de spots. Los que han usado la sumadora digital, los traducen en 497 mil horas-aire, contando a partir de la primera emisión y sus incesantes repeticiones en cadenas electrónicas nacionales y medios locales. Ahora hasta en las redes sociales.

La suma de spots no incluye el tiempo-aire obsequiado por las empresas en “entrevistas” a los beligerantes presidenciales o a sus portavoces; ni los spots que por su lado emiten el gobierno federal y los gobiernos de los estados para la divulgación de sus programas públicos, siempre vinculados a las campañas electorales.

Esta mañana nos encontramos con un detalle que parece de poca monta. No lo es: Se entrevistó en radio a un consejero del INE. Sus entrevistadores le preguntaron qué le pareció el “debate” de los siete candidatos al gobierno de la Ciudad de México.

Un tanto desconcertado, el entrevistado respondió que, por equis causa, no siguió ese evento. Lo confesó uno de los árbitros electorales. Así el interés que suscitan esos costosos montajes.

De cómo se fabrican los reflejos condicionados

¿Qué explica el título de esta entrega? Entre finales del siglo XIX y principios del XX, el científico ruso Iván Pavlov realizó algunos estudios fisiológicos, experimentando con animales. Observó las reacciones de los perros al olor de una ración de carne en polvo.

Los resultados de esas pruebas condujeron a la teoría de los reflejos  condicionados a determinados estímulos externos; para el caso citado, los glandulares, acicateados por el olor de la carne.

Ya en la segunda mitad del siglo XX, el investigador W. John Smith sistematizó esos estudios, atento particularmente al comportamiento de los pájaros y sus formas de comunicación.

(Va de anécdota: Todavía en México, en algunas ferias pueblerinas, se instala un charlatán que vende los servicios de pajaritos adivinos; algo así como un horóscopo emplumado, que le ofrece al cliente un papelillo con su suerte del día. Esos pajaritos son adiestrados, condicionando su reacción a la oferta de un grano de alpiste o arroz por cada movimiento de su pico.)

Dado el dato cultural, continuamos: Smith sustanció sus investigaciones en su obra Etiología de la Comunicación. En economía de espacio, diremos solamente que este científico nos documentó la manipulación de los actos-señal, mejor conocidos como displays.

El principio fundamental de la teoría de Smith, es que tales actos, desde su manifestación original, operan como estímulos capaces de influir en el comportamiento de los demás individuos. Lo que otros especialistas denominan ahora socialización o masificación de las conductas.

Los resultados de esos experimentos se orientan ahora al estudio de la sicología de las masas. Pero esta es otra vertiente que dejamos entre corchetes.

Jóvenes actores habilitados de “líderes de opinión”

La primera noticia que tuvimos de la obra de Smith fue al arranque de la implantación del modelo neoliberal en México. Vimos el primer ejemplar en cubículos de altos mandos de la Secretaría de Gobernación. Después encontramos copias en áreas de “Comunicación Social”, antes denominadas simplemente oficinas de Prensa.

Cuando vemos videos y escuchamos audios de los promocionales electorales, en imagen y voz de actores profesionales habilitados de jóvenes de “insospechable vocación cívica” que todo lo comprometen por la democracia y por México, nos vienen a mente Los perros de Pavlov.

Una tormenta de casi 60 millones de spots -una carga de compulsión sicológica criminal-, nos permite sospechar que los responsables de la función electoral y los beligerantes, están convencidos de que otras formas de animación de la voluntad popular perdieron su eficacia o, a estas aturas del partido, no están dispuestos a ensayarlas.

¿Para qué están entonces los muy confiables medios electrónicos? Que nadie salga ahora con la monserga de los baños de pueblo.

La precaria presencia de público, exhibe la ausencia multitudinaria

Un dato ilustra el fenómeno de la “comunicación” electoral a la mexicana. Vemos en las pantallas televisivas a los candidatos presidenciales arengando a una audiencia que nunca aparece a cuadro.

¿Cuánto tiempo pierden los oradores en esos montajes en los que parece no haber escuchas? Y parece no haberlos, porque los candidatos son bajados de los templetes para arrancarles declaraciones banqueteras en las que quedan a expensas de los amarradores de navajas. El exabrupto es el santo y seña de la lucha de los contrarios.

Y pensar que no podemos escapar de nuestra condición de nostálgicos del pasado. Creíamos antaño, presos en la oscura caverna del populismo, que una buena forma de comunicación era, por ejemplo, el uso los tropos, esas ingeniosas figuras que le daban sentido a las palabras; que no son sólo expectoraciones, sino procedimientos de estilos oratorios, basados en tres elementos: Buena dicción, construcción retórica y trasmisión  de pensamiento.

Dice un consejero electoral  federal que, si anoche hubo “debate” entre siete candidatos, yo estaba en babia.

Nosotros seguimos algunos minutos observando el aquelarre. Operamos el control de la televisión, nos pusimos a dormir y soñamos con Platón, con Sócrates, cuando aquellos grandes tribunos discernían sobre la verdad y sostenían que las verdades habladas son hijas legítimas del hombre.

La discusión filosófica a viva voz (¿Alguien sabe donde anda la dialéctica?), defendían aquellos sabios, es la más pura actividad humana y el mejor vehículo de la verdad.

Nos quedamos, pues, para salir del tema, como los perros de rancho. Sólo el primero sabe a qué le ladra. Los demás hacemos eco. Que asunto tan triste. Es cuanto.

VP/Opinión/EZ



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