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Abraham García Opinión

Democracia: De la revolución a la involución

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

Es probable que este juego cruel continúe eternamente. La cita es de la maciza obra Partidos Políticos, debida a Roberto Michels.

De qué juego cruel se habla. Lo describe el autor: Las corrientes democráticas de la Historia se parecen a olas sucesivas. Siempre rompen en la misma costa. Siempre se renuevan…

Cuando las democracias han alcanzado un cierto grado de desarrollo, experimentan una transformación gradual, y adoptan el espíritu aristocrático, y en muchos casos las formas aristocráticas, contra las cuales habían luchado antes con tanta fiereza.

Surgen entonces nuevos acusadores para denunciar a los traidores; después de una era de gloriosos combates y de un poder sin gloria, acaban por fusionarse con la vieja clase dominante. Después de lo cual, otra vez y a su turno, son atacados por oponentes recientes que invocan el nombre de la democracia. Fin de la cita.

Si repasamos las cosas con realismo, los párrafos anteriores trazan un retrato hablado de nuestra democracia representativa, que se agota antes de que aparezcan signos vitales de democracia sustancial.

Conquistada la democracia política, decían optimistas teóricos mexicanos, lo demás vendrá por añadidura.

Desde la Sucesión Presidencial de 1910, escrita subversivamente dos años antes por Francisco I. Madero, postulante del Sufragio efectivo No reelección, los compatriotas con derechos políticos a salvo han depositado en las urnas cientos de millones de votos electorales y siguen parados en la misma mojonera.

Congreso de Anáhuac y Los sentimientos de la Nación

Parece un sino fatal de todos los nuevos sistemas políticos que en el mundo han sido y son, si le damos lectura al siguiente cronograma.

1810: Caen los insurgentes que sacrificaron sus vidas por la Independencia de la América Septentrional. Se van a cumplir 206 años de que el Congreso de Anáhuac, reunido en Chilpancingo, escuchó Los sentimientos de la Nación en voz de quien quiso ser sólo su siervo: Morelos.

Diez años después, Agustín de Iturbide se proclama emperador. Vino el doloroso trance de la sociedad fluctuante.

1857: Triunfa el Plan de Ayutla. Los mexicanos tienen una nueva Constitución. Guerra de Tres Años y México atraviesa por una nueva pretensión imperial en la persona de Maximiliano.

Una década después, la defensa juarista restaura la República. No se seca aún la sangre derramada por los patriotas y ya estamos bajo la bota militar de la dictadura de Díaz.

1910: La dictadura es derrocada. El caudillo de la Revolución, Francisco I. Madero, no tiene tiempo para dar probanza de la razón de su lucha. En 1913, pasa al santoral republicano como El apóstol de la democracia.

Primera Constitución Social del mundo

1917: La lucha sigue. Venustiano Carranza da a los mexicanos la Primera Constitución Social del mundo. Unos cuantos meses después, también es asesinado.

1929: Vencida La guerra cristera, se pone pie de cría a lo que será el primer ensayo de un sistema de partidos, presidido, sin embargo, por la vocación autoritaria.

1938: Se da acta experimental a la Segunda Independencia de México, la económica, obra culminante de un proceso reivindicatorio que se condensa en el lema, Por una democracia de trabajadores, santo y seña del Partido de la Revolución Mexicana (PRM).

1945: Ahora sí, tendremos Democracia y Justicia Social. No alcanza la promesa medio siglo y ya se da por abolida la justicia social, porque lo institucional no se concilia con lo revolucionario.

Quisimos Estado Social de Derecho: Caímos en el neoliberalismo

1978: Reforma política inspirada en una aspiración cardinal: Por el Estado Social de Derecho y desembocamos en el Estado neoliberal.

Tanta sangre derramada durante dos siglos para caer en el círculo vicioso: Revolución-involución, atravesando una soñada transición democrática que se ancla en la mera alternancia en el poder presidencial, porque no nos atrevemos a dar el salto a la democracia participativa que, para serlo, debe llamarse democracia sustancial.

Salimos por donde entramos: Es probable que este juego cruel continúe eternamente. Siempre terminamos fusionados con la vieja clase dominante. Es cuanto.

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