Voces del Periodista Diario
Abraham García Opinión

Desclasamiento de clases medias: Ruta al fascismo

Sinfonía Telúrica

Por Abraham García Ibarra

Ya los doctores pondrán sus hallazgos científicos en ecuaciones y teoremas crípticos, comprensibles sólo entre iniciados. Acaso la raza pueda percibir de qué se trata si lo ponemos en estos términos: De clase alta, a clase media; de clase media, a clase baja; de clase baja, a proletariado; de proletariado, a lumpen.

Ese fenómeno decreciente-creciente –desclasamiento de las clases medias– no es retruécano; es representativo de las crisis socioeconómicas que en México dejaron de ser cíclicas y cobraron estado de naturaleza permanente, como va a ocurrir con el Covid-19.

Mañana, 14 de julio, el pueblo francés celebrará el 231 aniversario de La toma de la bastilla, en París. Para 1789, el reparto de la renta nacional en Francia se distribuía de esta manera: 1-2 por ciento, aristocracia; 1 por ciento, clero: 97 por ciento, infelizaje.

Expedicionarios franceses habían apoyado previamente in situ a las colonias que se sublevaron en América contra el Reino de la Gran Inglaterra. El 4 de julio de 1776 se proclamó la Declaración de Independencia de los Estados Unidos.

En 2020, el reparto de la riqueza en el imperio norteño se da en estas proporciones: 1 por ciento, potentados; 99 por ciento, tributarios.

La fórmula no tiene secretos: Privatización de las ganancias; socialización de las pérdidas.

El indomado coronavirus colapsó el Nuevo Orden Feudal Mundial

El capitalismo anglosajón devino mercantilismo salvaje. Su espejo refleja la globalización económica: Un Nuevo Orden Feudal Mundial, colapsado ahora por un virus hasta hoy indomado.

El sospechosismo recalentado nos quiere presentar  la pandemia como una conspiración urdida por China y avalada por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Después de tan universal periplo, retornamos a México: El Estado neoliberal nos dejó 36 marcas que medran en el mercado bursátil; entre 2010 y 2019, el Club de Millonarios mexicano incrementó su membresía en 122 por ciento, para darnos poco más de 78 mil personas con fortunas superiores al millón de dólares. En la lista Forbes 2019, 16 apellidos mexicanos ricos entre los más ricos del mundo. Al otro lado, el páramo socioeconómico.

Continuamos desde donde empezamos esta entrega sobre el descenso de las clases medias. El caldo de cultivo ya estaba hirviendo: Se quiso disimular su burbujeo con el asistencialismo tecnocrático. “Solidaridad”, fue el santo y seña.

Los terremotos han levantado aquí las costras de la desigualdad

Entre 1985 y 2017, los terremotos metropolitanos y regionales levantaron las costras de la realidad socioeconómica nacional. Las placas tectónicas se reacomodaron y pusieron a la luz del sol las estructuras de la desigualdad subyacentes.

De los sismos de 1985, aparecieron en el Distrito Federal movimientos sociales emergentes, que culminaron en una nueva correlación de fuerzas políticas en la entidad. En 2020, todavía no terminan los programas de reconstrucción, ni se esclarece quienes se carrancearon fondos destinados en 2017 y 2018 a ese fin. Hoy, tenemos emergencia nacional por el coronavirus.

Los impactos sicosociales que provocó el crack bursátil de 1987

En el centro de gravedad del tema –desclasamiento social– vamos a colocar tres fenómenos detonantes: 1) El económico, 2) El sicológico, y 3) El sociológico. En ese orden.

Por encima de las deplorables consecuencias de los sismos ya datados, situamos el terremoto desencadenado en octubre de 1987 por el crack de la Bolsa Mexicana de Valores.

Se cuantificaron monstruosas pérdidas tasadas en billones de pesos viejos y se detectaron actos constitutivos de fraude, sólo excepcionalmente judicializados.

A las víctimas más indefensas se les tipificó como jugadores novatos codiciosos. Los habría, en efecto, pero muchos eran viudas y pensionados de la ciudad de México y de otras ciudades de los estados,  que apostaron a la capitalización de sus ahorros enganchados, no pocas veces de mala fe, por vendedores de acciones bursátiles, no siempre las más consistentes y rentables en el mercado.

Ante la humana angustia de ser despojados hasta de sus viviendas, sujetas a hipotecas bancarias, algunos perdedores pusieron ilusamente su confianza en el sistema judicial. Otros, optaron por el suicido.

Las clases medias pasaron el Ejército de reserva del proletariado

Fue, en ese periodo, en que sociólogos mexicanos pusieron en agenda el concepto desclasamiento de las clases medias. (No nos resistimos a incluir en ese concepto la ancha franja codificada como  precariado joven.)

La ecuación resultante es: (Sólo el Inegi o el Consejo Nacional de Población nos aproximarían al proceso), desplazados de las clases medias -alta y baja-, pasaron a formar parte del Ejército de reserva del proletariado, puesto ya a orillas del lumpen.

En la etapa pre pandemia de 2020 ya observamos, en el área metropolitana de la Ciudad de México, un fenómeno que nos remite a la dolorosa experiencia de la primera mitad de los ochenta, en que el sector público, para dar acomodo a la nueva clase, puso de patitas en la calle a veteranos mandos altos y medios de la administración federal;  operación, cuyo remesón repercutió en el mercado laboral privado.

Dos décadas después -en la primera alternancia de partido en Los Pinos– se presentó similar fenómeno: Se requerían rentables posiciones administrativas para abrir la nómina pública a nuevos postulantes del PAN. Los cuadros del PRI buscaron una tabla de salvación, legislando el Servicio Profesional de Carrera. La mayoría, sin embargo, emigró para buscar asilo en las administraciones estatales.

Los terremotos cambiaron de código postal y veamos que pasó

En 2018, nuevamente el PRI fue obligado a tocar la retirada. Con los priistas, sus compañeros de viaje del PAN y aleatoriamente las socias en el Pacto por México, las tribus amarillas con pretensiones pequeño burguesas. Segmentos privilegiados, con alto poder adquisitivo.

Un año antes, fue el de los terremotos que cambiaron de código postal y –justicia inmanente– trasladaron la devastación física del Centro Histórico de la Ciudad de México y áreas contiguas a zonas residenciales de las todavía delegaciones Cuauhtémoc, Benito Juárez y Coyoacán.

En nuestro diario ambulantaje reporteril, en aquellas tres nuevas alcaldías de la Ciudad de México vemos todavía exclusivos edificios en condominio deshabitados por daños en su estructura física en septiembre de 2017.

Por supuesto, no vemos ese paisaje urbano como normal. Lo que pasa es que, al llegar la cuarta transformación e implantarse la política de austeridad republicana, ajustarse la nómina pública en la cumbre de la pirámide burocrática, reducirse las remuneraciones a los altos servidores del Estado, eliminarse bonos “por desempeño”, gastos “de representación”, tarjetas para servicios médicos mayores, seguros para esto y lo otro, y los placeres vicarios anexos, la correlación socioeconómica en el área metropolitana se ha modificado.

El miedo no anda en burro; menos, si éste está famélico

Tope en el Quédate en casa, por prescripción de nuestros cardiólogos salimos -con nuestras obligadas precauciones sanitarias- en moderado trote por territorios de la alcaldía Benito Juárez. Damos el dato de las colonias del Valle, Nápoles y Noche Buena, de “alto poder de compra”. Ahí, no somos más que una anomalía de pensionados, cuidados por la Unidad Médica Familiar 28 del IMSS.

En cada manzana, encontramos hasta entre cinco y nueve edificios habitacionales rótulos en “mantas” de plástico o tablas de madera los avisos de venta o renta. Por la prolongada permanencia de esas “ofertas”, intuimos que no hay demanda. Menos ahora, que la pandemia obliga a extremar precauciones: El miedo no anda en burro; menos,  si el burro está famélico.

En las referencias sociológicas que hemos consultado desde los ochenta sobre el desclasamiento de las clases medias, subrayamos una advertencia: En esos segmentos se incuba el fascismo. Se nos eriza la piel. Es cuanto. 

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