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Diagnóstico confirmado: “Democracia” sin demócratas

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

El asesinato a balazos del alcalde de Tlaxiaco, Oaxaca, Alejandro Aparicio Santiago, ejecutado el pasado martes 90 minutos después de haber rendido su protesta, y las heridas también con arma de fuego de un síndico municipal y un regidor de la misma fórmula, no pueden verse como actos aislados.

En los últimos cinco años, el Movimiento Regeneración Nacional, que logró su franquicia como partido en 2016, ha perdido a 37 de sus cuadros militantes; sólo en el primer trimestre de 2018, sufrió 14 bajas.

El municipio de Tlaxiaco se ubica en la Sierra Mixteca. Hasta ahí llegó el sicario al que, capturado, se le recogió una credencial de elector domiciliada en Tijuana, Baja California.

En la misma Sierra Mixteca, la alcaldesa priista de Santiago Tamazola, Anayeli Huerta pidió licencia en los momentos en que debería tomar posesión de su encargo. Alegó “motivos personales”.

No puede pasarse por alto que, en esa región, donde colindan los estados de Oaxaca y Puebla, desde hace dos décadas han sentado sus reales grupos criminales procedentes del noroeste mexicano, relacionados con el tráfico de drogas.

Son los sucesos anteriores, que ensombrecen el inicio de año, expresiones de la violencia política que a lo largo de una década ha cobrado la vida de más de 200 presidentes municipales, candidatos a alcaldes o a diputados, dirigentes de diversos partidos o promotores del voto.

La racha se exacerbó desde septiembre de 2017 y durante los primeros meses de 2018.

Grupos de choque “de cuello blanco”

En grado y medida, sin darse por enterados de las acechanzas del crimen organizado, los dirigentes de los partidos políticos han contribuido a ese estado de cosas, violentando en cada campaña electoral y aun después de las elecciones, los métodos de lucha política, que han quedado fuera del alcance y de la sanción de los órganos de arbitraje electoral y aun de las autoridades judiciales.

No se trata de ajustes de cuentas privativo de las zonas rurales. En los servicios funerales de la gobernadora de Puebla, Martha Érika Alonso y del senador Rafael Moreno Valle, la capital del estado fue escenario de manifestaciones salvajes de quienes han perdido todo sentido de civilidad.

En la Comarca Lagunera, en acto de agenda del presidente Andrés Manuel López Obrador, grupos de choque de cuello blanco de dos partidos que no aceptan aún su derrota en la pugna por la gubernatura de 2017, también apelaron a la violencia hacer sentir sus resentimientos político-electorales.

Lo más deplorable de ese indeseable e incontenible fenómeno, es que determinados medios de comunicación metropolitanos y sedicentes líderes de opinión -ansiosos de “ver correr sangre”- han estado metiéndole gasolina al fuego.

El subdesarrollo político prevalece como un estado de ánimo entre actores que están muy lejos de entender la democracia como vocación y ejercicio de servicio, y concurren a la vida pública a saciar propósitos inconfesables e instintos de venganza. Se confirma pues, el diagnóstico: Vivimos una “democraciasin demócratas. Es cuanto.

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