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Diplomacia: Nada nos han enseñado los siglos

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

Sin nombre de emisor específico, recordamos una juiciosa reflexión a finales del sexenio del Presidente patriota Adolfo El Joven López Mateos: Siendo la mexicana una Nación de vocación pacifista, sus triunfales batallas por la soberanía las ha ganado sin más armas que la palabra. Dicho en buen cristiano: Con oficio diplomático.

Hasta 1988, la soberana diplomacia mexicana fue confiada preferentemente en hombres formados en el Servicio Exterior. A partir de entonces, la Secretaría de Relaciones Exteriores ha sido puesta en manos de personajes rescatados de la burocracia administrativa.

Política Exterior: El que paga la gaita, marca el compás

Desde ese momento, el gobierno mexicano renunció a un postulado esencial para la defensa de la soberanía nacional: El multilateralismo. Empezó a bailar al son que le toca el Departamento de Estado (EU). Una vieja máxima inglesa asegura que, el que paga la gaita, marca el compás.

Multilateralismo es tema de hoy. Es el escudo de las naciones débiles frente a la arrogancia de las prepotentes-potencias imperiales. Se mantienen como precursores y ejercitantes Suiza, Australia y los Países nórdicos. Suiza es reputada como modelo pacifista por antonomasia en medio de los incendios de Europa (1914-1918, 1939-1945).

Ganar las batallas por la soberanía sin más armas que la palabra. El México independiente tuvo que esperar 26 años para que el Tratado de Santa María-Calatrava le reconociera su soberanía respecto del Virreinato de la Nueva España.

El acoso incesante de las monarquías europeas sobre México

Tibia aún la tinta en que se imprimió aquel instrumento, Francia desencadenó en la Ciudad de México la llamada coloquialmente la Guerra de los pasteles. Ni vale la pena recordar la coartada.

Desde Europa continuaron las acechanzas sobre territorio mexicano: En 1861, el Presidente Juárez publicó la Ley de suspensión de pagos. No obstante que la derogó en noviembre del mismo año, el puerto de Veracruz era ocupado bajo las armas de la Triple Alianza: Francia, Reino Unido y la resentida España.

Pagar reparaciones del pasado y del porvenir fue la exigencia. Juárez no se amilanó y combatió al ejército imperial de Napoleón el pequeño. El insumiso indígena oaxaqueño restauro la República.

Apropiación de Texas de Texas y Guerra de Despojo de 1847-1848

El mismo año en que México le arrebató a la Corona española el Tratado que lo reconoció como nación libre, soberana e independiente, Washington tramó la conspiración de Texas. Sam Houston se proclamó primer presidente de la nueva “república”, luego absorbida por la Unión Americana. El estatuto se confirmó en 1845.

Dos años después, el Destino manifiesto descargó sobre México toda su codicia expansionista y le confiscó la mitad de su territorio.

Juárez les dio a los mexicanos la República restaurada: No se desvanecía el eco de la proclamación, y en Nueva York, John Davison Rockefeller (Standard Oil) preparaba su equipaje para atender la invitación de Porfirio Díaz, el del internacionalismo de pastiche, según nos lo recuerda don Manuel Gómez Morín.

Ya para 1910, las extremidades de los imperialistas petroleros estaban metidas hasta la rodilla en los yacimientos mexicanos. Vendría la invasión de Veracruz en 1914 y años más tarde los Tratados de Bucareli. Otra vez las reclamaciones en nombre de los ciudadanos estadunidenses pidiendo indemnizaciones por daños de guerra.

Vámonos por la paz a la Sociedad de las Naciones

Sería por eso y todo lo anterior, que el interino presidente nacionalista Emilio Portes Gil instruyó a su responsable de Política Exterior, el mazatleco Genaro Estrada, hacer los oficios diplomáticos para que México fuera aceptado en la Sociedad de las Naciones, gestada en los Tratados de Versalles después de la Segunda Guerra Mundial. México fue recibido en 1933.

Diplomacia y No intervención para la paz, según guía de la Sociedad de las Naciones. La Doctrina Estrada, es de consulta obligada para los aprendices de canciller. Reprueban esa asignatura.

Cárdenas y Roosevelt, garbanzos de a libra

El capítulo abierto en 1934 ocupa varios tomos en los anales históricos en los que, desde México, se subrayan dos nombres: Lázaro Cárdenas del Río y Franklin D. Roosevelt. Esas páginas tienen aroma de petróleo.

Ese periodo está marcado por las protestas de la soberana diplomacia mexicana por el ataque de Japón contra China, el conflicto de Italia contra Etiopía, el desencadenamiento de la Guerra Civil Española. En 1945, México en la ONU, segunda edición de la Sociedad de las Naciones. De ahí, México Premio Nobel de la Paz.

Desde 1988, el David mexicano no se rindió ante Goliat: Fue asimilado sin resistencia.

Estamos en el V Centenario de la Conquista de México. ¿Nada nos han enseñado los siglos? Es cuanto.   

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