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¿Dónde quedaron los lingotes de oro?

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

Dos expedientes fueron materia de un ensayo acometido hace poco más de una década por Lorenzo Córdova y Ciro Murayama, ahora consejeros del Instituto Nacional Electoral (INE); el primero, consejero presidente: 1) Los amigos de Fox, y 2) El coloquialmente conocido como Pemexgate.

El objetivo de ese estudio fue advertir y prevenir sobre el financiamiento a los partidos políticos y las campañas electorales. Subrayamos financiamiento; otra cosa son los subsidios públicos. Los dos casos fueron documentados en las campañas presidenciales de 2000, en que el PRI fue echado de los Pinos por Ernesto Zedillo Ponce de León.

Conviene dejar latente una asignatura político-electoral pendiente hasta la fecha: La inyección de recursos ilícitos a los partidos y a las campañas electorales, empezando por las presidenciales.

En cuanto se refiere al proceso que involucró a la dirección general Petróleos Mexicanos y al Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), lo que debe destacarse es que 2000-2006 marcan el sexenio en que la paraestatal fue sometida al más rapaz saqueo de la renta petrolera.

Presidente: Estos no son cacahuates; son lingotes de oro

Las primeras páginas sobre el Pemexgate llevan la impronta de una declaración pública del secretario de la Función Pública, Francisco Barrio Terrazas, después de un acuerdo con Vicente Fox: Lo demás son cacahuates. Aquí tenemos verdaderos lingotes de oro (¿?).

En 2000, el cacicazgo de Carlos Romero Deschamps sobre el gremio petrolero estaba en pleno cenit. Hoy, la de ocho es que el célebre dirigente presentó su dimisión a la Secretaría General del STPRM. Entre signos de interrogación, hasta estas horas, está si renuncia también a su pertenencia al sindicato.

La cuestión es pertinente: En ese trillado surco aró la poderosa ex lideresa del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, Elba Esther Gordillo Morales. Después de algunos años en residencia penal, la profesora brega hoy por el rescate de la dirigencia de la organización que tripuló durante más de un cuarto de siglo. Puja, además, por una franquicia partidista.

Ese dato indica que, en la política a la mexicana, a nadie se le puede tipificar como cadáver político: Los muertos que vos matáis/ gozan de cabal salud, recuerda la conseja popular.

Los años en que los caciques sindicales marcharon de la mano

Gordillo y Romero, en el periodo del mandato de Zedillo Ponce de León, caminaron de la mano. Incluso, durante el sexenio de Felipe Calderón, convergieron en una iniciativa para formar una central sindical alternativa a la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y del Congreso del Trabajo; ambos, de factura priista.

Por aquella década surgió la Unión Nacional de Trabajadores (Únete), pero el proyecto alternativo de años después marchaba por otro carril.

Esas referencias nos remiten al obligado ejercicio memorioso: En junio de 1997 falleció el indisputable e indisputado líder nacional de la CTM, Fidel Velázquez Sánchez. Por sucesión estatutaria, el relevo en la secretaría general cetemista correspondería al ex gobernador nayarita y miembro del secretariado nacional, Emilio González. Romero Deschamps, echó su cuarto a espada.

En el verano de 1997, tuvimos oportunidad de leer en pantallas de computadora un borrador del texto en que Romero Deschamps reclama su derecho al liderazgo cetemista. Amaga en el sentido de que, de no reconocerse esa prerrogativa, separaría al sindicato de la CTM. En memoria libre imaginamos un desenlace: Hacia donde se incline la organización petrolera, se inclinarán los sindicatos nacionales. Adiós, CTM, adiós.

Científicamente comprobado: Dios los hace y ellos se juntan

Zedillo Ponce de León utilizó como mano de gato al secretario de Gobernación, Francisco Buenaventura Labastida Ochoa: El fiel de la balanza se inclinó por el dirigente electricista Leonardo La Güera Rodríguez Alcaine. Permaneció hasta su muerte en 2005.

Romero Deschamps tragó camote; no gratuitamente, por supuesto: A finales de sexenio se instruyó a la administración de Pemex, a cargo de Rogelio Montemayor Seguy, atender las exigencias del STPRM mediante la firma millonarios convenios obrero-patronales excepcionales.

Sorpresas te da la vida: Para 1999-2000 Labastida Ochoa y Romero Deschamps se revelaron como un dúo dinámico. El economista sinaloense, como candidato presidencial del PRI. El dirigente petrolero, como su financiero de campaña.

El PRI fue echado de Los Pinos en 2000. Labastida Ochoa sería rehabilitado como senador en 2006. Romero Deschamps siguió vivito y coleando. Nadie sabe, nadie supo, dónde quedaron los afamados lingotes de oro ofrecidos a Fox por Barrio Terrazas. Acaso fueron convertidos a dólares durante el mandato presidencial del guanajuatense.

A las aves de tempestades no se les caza con balas de salva

El Pemexgate dormita ya en la noche de los tiempos: La gallina de los huevos de oro fue finalmente desplumada durante la gestión de Enrique Peña Nieto con su contrarreforma petrolera, cuya consumación no hubiera sido posible sin el colaboracionismo del sindicato petrolero al que, según nuestra lectura, sigue perteneciendo el ex secretario general, vía sesgada sustitución por el ex secretario de Finanzas y del Interior, Manuel Limón Hernández, cuyo nombre aparece entre los implicados en el Pemexgate.

De acuerdo con la relatoría anterior, una cosa es verificable: A las aves de tempestades no se les abate con balas de salva. Se requiere plomo de precisión. Todavía seguirá corriendo mucha mugre bajo los puentes. Es cuanto.

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