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Dos generaciones expuestas a pilotos de noche

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

Mañanas dominicales que pretenden ser de graciosa huida del mundanal ruido politiquero, la de ayer 7 de julio sentimos que José Agustín Ortiz Ponchetti nos alborotó la nostalgia al tratar el tema de las generaciones, según la definición orteguiana (La Jornada 7-VII-2019).

De la abundante y fecunda producción filosófica-intelectual de don José Ortega y Gasset una advertencia traemos latente desde que empezamos a explorar en su profunda obra: La referida a los cambios súbitos, una de cuyas consecuencias, subrayó, puede ser el retorno a la edad del orangután.

En uno de sus ensayos, en que aborda el tema de las tradiciones inglesas, el pensador español privilegia el método de la continuidad. Es, afirma, el único que puede evitar en la marcha de las cosas humanas ese aspecto patológico que hace de la historia una lucha ilustre y perenne entre los paralíticos y epilépticos.

No se puede luchar cuerpo a cuerpo con la Historia, previene Ortega y Gasset, citado de memoria.

Generación del cambio, partera del México bronco

Nos apropiamos de ese enfoque cuando, en la vida pública de México, irrumpió la autodenominada Generación del cambio, que se entregó en cuerpo y alma al desmantelamiento del entramado institucional posrevolucionario para implantar el Estado neoliberal.

Cambios súbitos a granel, de espaldas al tiempo cultural y social mexicano, tres décadas después hemos visto el nuevo despertar del México bronco, del que don Jesús Reyes Heroles avisaba no estaba muerto; sólo reposaba en su sarcófago.

Ortiz Pinchetti se ubica en la generación de 1935-1950. En la que, por nuestra parte, nos inscribimos.

En los umbrales de la Segunda Guerra Mundial

Aparecidos en Casa Redonda del Ferrocarril del Pacífico, en Mazatlán, Sinaloa, en los remotos umbrales del inicio de la Segunda Guerra Mundial, observamos cómo la aislada comunidad respecto del puerto vivía un modo de cultura cívica permeada por las formas de familias ferrocarrileras de origen estadunidense que llegaron con la obra ferroviaria y ahí se asentaron.

La seguridad pública vecinal, sólo para citar un dato, era confiada por elección popular a un trabajador miembro de la propia comunidad que, con voluntad y eficacia, cumplía sus funciones de comisario a título gratuito.

La paz laboral y social se vio perturbada por la declaración de guerra dictada por el gobierno de la República contra las Potencias del eje. Establecido el servicio militar obligatorio, al iniciarse la leva vimos a madres angustiadas buscando escondites para sus hijos en edad de reclutamiento entre los manglares, donde se habilitaron dormitorios y por las noches esas consternadas mujeres llevaban furtivamente los alimentos a los adolescentes y jóvenes remisos.

Signo de los días de guerra: A lo largo de la ruta del ferrocarril Guadalajara-Nogales, en las estaciones de paso atestiguamos una ordenada migración de connacionales provenientes de los estados costeros de occidente y de El Bajío que, atraídos por el Plan Bracero con el gobierno de los Estados Unidos, viajaban al vecino país a sustituir la mano de obra que había sido desplazada para ofrecer carne de cañón a los ejércitos aliados.

Gran número de aquellos emigrados fue acogido con papeles de residencia temporal y, los que se interesaron, fueron legalizados como ciudadanos estadunidenses. Sus hijos participaron en conflictos posteriores de ese país, y no pocos reconocidos como héroes de guerra.

Los trabajadores que optaron por su retorno, prefirieron a sus lugares de origen las oportunidades productivas que les brindaban las grandes obras de infraestructura que hicieron de los valles del noroeste el gran emporio agrícola que nos dio autosuficiencia alimentaria y en el que se fincó la actual agricultura de exportación.

El escenario de grandes movimientos sociales emergentes

Del mazatleco, los historiadores afirman que es un individuo hecho con la mezcla de más de veinte nacionalidades. Las que trajo el ferrocarril y las que aportaron antes las inmigraciones marítimo-pesqueras. Con ellas se inauguró en el siglo XIX una intensa actividad comercial regional, derivada del auge minero y el nacimiento de industrias relacionadas.

Sinaloa -que desde el siglo XIX vio atisbos de vocación socialista en colonias del norte del estado-, durante las décadas de los treinta y cuarenta, referentes de nuestra generación, fue escenario de vigorosos movimientos sociales de corte sindicalista, agrarista y cooperativista.

Supimos, pues, de las primeras represiones a las luchas ferrocarrileras y magisteriales por reivindicaciones gremiales, hasta el llamado vallejazo, que remitió al Palacio de Lecumberri de la ciudad de México a sinaloenses compañeros de lucha del insobornable Demetrio Vallejo.

Consignamos en páginas periodísticas, al menos hasta la década de los ochenta, matanzas de campesinos que acompañaron en sus bravos combates por la tierra a Jacinto López, tanto en Sonora como en Sinaloa.

En el puerto de Mazatlán, fuimos testigos de la rebelión de pescadores por el rescate de los registros de sus cooperativas y de la explotación de especies reseradas, en manos de armadores particulares que se quedaban con el usufructo de la producción del trabajador cooperativado, tratado laboralmente como mero peón de brega.

Precisamente en la década de los setenta, observamos a maestros y estudiantes, herederos del combate por la primera Universidad Socialista del Noroeste, incorporados a la lucha social acometida por los labriegos contra los latifundistas que desde los treinta resistieron el reparto de tierras.

El humillante retorno a las iniquidades del siglo XIX

Nostalgias generacionales, transcurridos cinco ciclos vitales, con evidencias tangibles documentadas en todo el territorio nacional caemos en cuenta de que México ha sido retrotraído al siglo XIX con modelos de hacienda explotada ahora con sofisticados ingenios tecnológicos de última generación, el campesino y el indígena y sus familias regresados a su condición de jornaleros… viendo como se revienta el tractor, como antes el barzón.

Pescadores vueltos a la categoría laboral de mero obrero del mar, maestros expuestos a humillaciones laborales con la coartada de la reforma educativa; las dos últimas generaciones, tentadas por el oficio de sicario, y madres ahora ocupadas de tiempo completo en la búsqueda de sus hijos en las narcofosas.

En 2020 se realizarán los Censos de Población y Vivienda. Los tres anteriores nos dan como resultados una sociológicamente identificada como generación perdida, tenemos a la vista la generación nini… Son producto de lo que se diseñó como crecimiento hacia fuera.

Lo que nos dirán los censos de población y vivienda 2020

Con toda seguridad, los próximos censos reconocerán una población de 127 millones de mexicanos. Las proyecciones calcularán hacia 2050 unos 150 millones de compatriotas.

Universidades públicas en quiebra financiera, el sistema de Seguridad Social en déficit creciente, un mercado laboral interno depauperado, las fronteras con los Estados Unidos cerradas por la insolencia bárbara, ¿qué hará la cuarta transformación por más de 20 millones de nuevos mexicanos que formarán las dos próximas generaciones?

Se da por aprobado el Plan Nacional de Desarrollo para 2019-2024. El cretinismo, agigantado por las redes sociales, no da para esperar el milagro de la multiplicación de los panes y los peces.

En un parpadeo nos regresaron el reloj un siglo

Después de la Revolución mexicana, tuvieron que pasar por lo menos cuatro décadas para aproximarnos a un relativo equilibrio socioeconómico. Bastó una sola generación en el poder político para regresarnos al siglo XIX.

Marchar sonda en mano era exigencia aun en tiempos de paz. Hacerlo en tiempos turbulentos como los actuales, expone a la comunidad nacional a la suerte de los pilotos de noche. La toma de conciencia, sin embargo, no parece asignatura asumida socialmente. Grave cuestión. Es cuanto.   

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