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El canciller de México no nace; se hace

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

Por allá, en los setenta del siglo pasado, al asomo de la crisis económica y las respuestas desde la Secretaría de Hacienda para enfrentarla, desde Los Pinos se escuchó la voz de trueno: No se equivoquen; la política económica la maneja el Presidente.

Conforme al mandato constitucional, a fin de cuentas, los miembros del gabinete presidencial sólo son encargados de despacho.

Esa subordinación, sin embargo, no aplica en rigor, en todo tiempo; es relativa en el caso del secretario de Relaciones Exteriores, particularmente cuando es escogido en mérito a su pertenencia al servicio diplomático, de lo que se colige una experiencia y dignidad probadas.

Hay circunstancias excepcionales en que la delegación presidencial al canciller deja huella en la Historia.

De la República restaurada al Premio Nobel de la Paz

Don Miguel Lerdo de Tejada acompañó en su peregrinar a Juárez. No es de poca monta su papel en la Restauración de la República.

En un corto periodo de cuatro meses, don Isidro Fabela logró en 1914 la salida del invasor gringo del puerto de Veracruz.

Genaro Estrada (1927-1932) legó su crédito en la doctrina que lleva su nombre, por la que se cuestiona el reconocimiento de gobiernos nacionales por potencias extranjeras.

Antes de ser secretario de Relaciones Exteriores, don Alfonso García Robles actuó en la ONU como gestor de El Tratado de Tlatelolco de proscripción de armas nucleares y en las Conferencias para el desarme. Dio a México el Premio Nobel de la Paz.

Jorge Castañeda padre fue canciller en los momentos más críticos de las relaciones bilaterales durante el mandato de José López Portillo, y Bernardo Sepúlveda Amor en el sexenio de Miguel de la Madrid, defendiendo contra el imperio la iniciativa del Grupo Contadora para la pacificación de Centroamérica.

Son periodos, aquellos, en que la diplomacia soberana de México alumbró oscuros paisajes del escenario mundial.

En el reverso de la medalla, Castañeda Gutman y Videgaray

Acaso el reverso de la medalla lo representen, ya en este siglo, los cancilleres Jorge Castañeda Gutman y Luis Videgaray Caso, con Vicente Fox y Enrique Peña Nieto, respectivamente.

Castañeda Gutman, por algunas fuentes identificado como topo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos, violentó en grado de crisis las relaciones con Cuba, cuya hora más explosiva se dio en marzo 2002 en Monterrey -Cumbre de la ONU sobre Financiamiento del Desarrollo- donde, a regañadientes, se permitió la presencia de Fidel Castro, pues George W. Bush no se atrevía mirarlo a los ojos.

Después se revelaría que Fox condicionaría la participación del Comandante de la Revolución Cubana: Comes y te vas.

Sólo cuando el canciller expresara su pretensión de la candidatura presidencial para 2006, fue separado de su encargo. Los males ya estaban hechos.

Videgaray, quien también aspiró a la candidatura presidencial en 2018, concentró todos sus empeños en servir a Donald Trump desde que éste surgió como candidato del Partido Republicano a la Casa Blanca. Los trágicos saldos de esa servidumbre están ahora a la vista.

En el periodo comentado, sólo Lerdo de Tejada logró llegar a la Presidencia de México.

Hoy despacha en la cancillería Marcelo Ebrard Casaubon. Es cuanto.

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