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El edificio republicano requiere sólida base municipal

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

Uno de los mitos geniales de la pretendida cultura municipalista en México, es que los ayuntamientos son la célula básica de la democracia en un sistema republicano.

Hace unas semanas, en la LXIV Legislatura federal, particularmente en San Lázaro, se anunció una gran reforma constitucional para hacer efectiva la autonomía municipal, dotando a esta estructura de herramientas fiscales propias para su supervivencia.

Sin compadecerse de la penuria económica en que subsiste la mayoría de los gobiernos municipales, sin embargo los gobernadores y los Congresos estatales han respondido a presiones caciquiles creando en el reciente cuarto de siglo nuevos membretes de esa división territorial y política.

De por sí, es endémica la pobreza presupuestal de los municipios, sobre todo en regiones de alta densidad poblacional indígena, en donde más de 700 -casi 30 por ciento- carecen de recursos siquiera para pagar a los alcaldes y regidores.

No es casual que, en no pocos estados, la autoridad pública en esas demarcaciones haya sido usurpada por agentes del crimen organizado.

El colapso, inminente amenaza al régimen municipal

Con las nuevas orientaciones fiscales del Presupuesto de Egresos de la Federación, marcadas por la eliminación del Ramo 23, ¿cuántos de los dos mil 440 municipios podrían sobrevivir por sus propios medios, sobre todo en el sur-sureste mexicano donde el aluvión de inmigrantes está haciendo imposible la convivencia comunal?

El diagnóstico confirma que el colapso, ya visible en algunas zonas, incluso las metropolitanas, es inminente en el corto plazo.

Algunas representaciones municipales, de diversa factura partidista, entregaron recientemente al presidente Andrés Manuel López Obrador un memorial en el que le hacen una radiografía de la situación, un ejercicio meramente formal cuando se sabe que el tabasqueño es de los pocos políticos mexicanos que, durante más de medio siglo de brega social y electoral, ha puesto pie en la totalidad esas jurisdicciones territoriales.

Se demanda obra de titanes, cuando ya no hay titanes

Esta semana, en Parlamento Abierto auspiciado por la Cámara de Diputados federal aquellas representaciones volvieron a la carga en demanda de un nuevo Fondo fiscal que reserve al menos el 1 por ciento de las erogaciones participables de la Federación para mantenimiento al menos de la infraestructura física necesaria para los servicios básicos a la población.

Las demandas, obviamente, están en la cancha de la Comisión de Presupuesto de San Lázaro. Reconstruir la ingeniería del sistema municipal se antoja, no obstante, obra de titanes, especie ya extinguida por el neoliberalismo.

No estamos en aptitud de encontrarle la cuadratura al círculo. Es función y misión de los tecnócratas fiscalistas, que, a propósito, requieren, en principio, un mínimo presupuesto de sensibilidad social. Es cuanto.

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