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El inmoral comercio del morbo

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

Tenemos para nosotros que el insigne veracruzano don Sebastián Lerdo de Tejada fue uno de los mexicanos más cultos entre los que dejaron su impronta en el siglo XIX. Derrotó electoralmente a Porfirio Díaz.

Estudiante adelantado del Seminario Palafoxiano de Puebla, optó sin embargo por la Escuela de Jurisprudencia. Fue rector del Colegio de San Ildefonso. Fiscal primero de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, fue después ministro Presidente de la institución. Despachó como secretario de Relaciones Exteriores en dos periodos, a la muerte de don Benito Juárez ocupó el interinato y en proceso electoral constitucional ocupó la titularidad de la República restaurada.

Por uno de sus primeros actos de gobierno de don Sebastián, fue instituida la Rotonda de los Hombres Ilustres en el Panteón de Dolores en la Ciudad de México en 1872, con el propósito de rendir tributo a los patriotas cuya obra al servicio de México merece memoria perenne en el santoral republicano.

Pilotos de nuestra carta de navegación histórica

En aquel santuario fueron depositados los restos de doña Leona Vicario, heroína de la Insurgencia mexicana; la escritora y diplomática Rosario Castellanos, la actriz, Virginia Fábregas, la educadora Amalia González Caballero, la política doña María Lavalle Urbina, María Izquierdo, Lupe Vélez…

Esas notables mexicanas comparten homenaje, entre otros, con Francisco Javier Clavijero, jesuita devoto de la Historia Antigua de México; don Gabino Barreda, impulsor del nuevo modelo de Educación Pública en el siglo XIX; don Justo Sierra Méndez, promotor de la Universidad Nacional de México; Ignacio Manuel Altamirano, el indio ilustrado; Mariano Azuela, Eligio Ancona, don Jesús Silva Herzog, Alfonso y Antonio Caso, Manuel Gómez Morín, Vicente Lombardo Toledano, Julián y Nabor Carrillo, Carlos Chávez, David Alfaro Siqueiros, de invaluables aportaciones a la cultura y la política mexicanas.     

El legado “cultural y político” del zafio Vicente Fox

Movido por cierto complejo subconsciente de ambigüedad, el zafio Vicente Fox quiso girarla de filólogo y en 2003 le cambió la denominación original a la Rotonda, para dedicarla a las personas ilustres. En la categoría de personas están las físicas y las morales. Entre las segundas aparecen los grandes corporativos nacionales y trasnacionales; Coca Cola y Citibank, por ejemplo. Quién sabe si alguna ocasión veamos sus placas en reconocimiento a sus servicios de la Nación.

Otra contribución de Fox a la lingüística fue enjaretarnos las y los para aludir a nuestros compatriotas; término que carece de desambiguación en el buen decir. Lo siguen usando los declamadores políticos de nuestros días.

En la Rotonda se colocó desde su inauguración una llama votiva. Ésta lámpara fue apagada en junio de 2014 bajo un toldo de lona en un montaje para que la actriz de televisión, Claudia Cervantes, festejara su cumpleaños.

Las crónicas hablaron del desorden armado por los invitados de Cervantes entre los nichos reservados a perpetuar el recuerdo de los hombres ilustres. Y de las mujeres también.

¿Dónde colocaremos la porción de cenizas de José José?

Hace dos semanas murió el investigador, historiador y filósofo don Miguel León-Portilla, defensor de nuestras culturas originarias y de nuestra identidad nacional.

Los medios electrónicos privados, que usufructúan bienes públicos, apenas ocuparon tiempos de relleno para registrar esa pérdida irreparable de quien hizo de la Historia Nacional su leitmotiv. No conocemos aún la iniciativa para depositar sus restos en la Rotonda.

Hace unos días murió en Miami, Florida, el intérprete José Rómulo Sosa Ortiz, elevado al principado como José José. En tiempos continuos, las barras de la farándula casi lo consagran como patrimonio de la humanidad.

Hemos visto en tiempo corrido de las pantallas escarbar en los peores episodios de la sórdida vida privada y profesional del difunto, hasta el momento en que sus cenizas, retenidas en aquella ciudad, fueron distribuidas en condominio binacional por concesión de una cadena de televisión que compró la exclusiva del escándalo.

Una penosa vida y muerte mercantilizadas como pasto del más inmoral comercio del morbo.

Sólo nos atrapa una duda existencial: Cuándo y quién de los mercaderes de la tragedia humana propondrá que a la urna con el cuarto de kilo de cenizas que le tocaron a México se le abra espacio en la Rotonda de las Personas Ilustres, en la morgue del Monumento a la Independencia o en una nueva columna del Monumento a la Revolución. Es cuanto. 

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