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Opinión

El potrero reverdeció; el caballo sigue famélico

Ruta México

Por Álvaro Aragón Ayala

El acrónimo CONOCER corresponde al del Consejo Nacional de Normalización y Certificación de Competencias Laborales. Sin embargo, entre el ruido y la furia que caracterizan los pleitos políticos y las relaciones de producción, Conocer es una institución poco conocida.

Los fines del sistema son mejorar la productividad de la mano de obra para la competitividad. Cuenta con entidades de evaluación y certificación, particularmente en las universidades públicas, que expiden constancias con vigencia de cuatro años. 

Al cumplirse este mes 25 años de funcionamiento de la institución, se reporta que ha calificado a casi dos millones 500 mil obreros y empleados.

Es de deducirse que, a mayor competencia laboral, mejores remuneraciones. ¿Es así? La realidad del mercado laboral en México nos demuestra que no es así. Todos los estudios al respecto convergen en una conclusión: Los empleos y los salarios están precarizados.

El reverberante espejismo de la Nueva Cultura Laboral

Por supuesto, ese tipo de instituciones es producto del modelo neoliberal, puesto a galope en la décadas de los ochenta. Según las “buenas intenciones”, los salarios serían indexados a la medición de la productividad y no a las condiciones negociadas en los contratos Ley y colectivos de trabajo conforme la normatividad respectiva derivada del artículo 123 constitucional.

Los mandatos originales del 123 fueron trastocados cuando, a mitad de la década de los noventa, la principal central obrera, la Confederación de Trabajadores de México (CTM) pactó con la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) la implantación de una Nueva Cultura Laboral (NCL).

La iniciativa corrió a cargo del entonces presidente del sindicato patronal, Carlos María Abascal y Carranza, quien cinco años después pasó a ocupar la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, de la que fue transferido a la Secretaría de Gobernación. Para entonces se había olvidado de las bellas promesas de la NCL.

En términos campiranos, en ese periodo el potrero reverdeció, pero el caballo siguió famélico. Los reportes del incremento de la productividad no han sido acompañados del mejoramiento en las retribuciones a la clase trabajadora.

T-MEC y Covid-19 imponen revisión de las relaciones de producción

Ya tenemos T-MEC. En el capítulo respectivo, los socios comerciales norteños de México forzaron a nuestros negociadores a aceptar un clausulado para homologar salarios de los obreros nacionales con los de sus pares estadunidenses y canadienses, sin bien de manera selectiva para determinados sectores industriales compartidos.

El Covid-19 ha dislocado el mercado laboral interno con grandes pérdidas de empleo, imposibles aún de cuantificar. En el discurso público tenemos ya una Nueva normalidad. ¿Alguien piensa, por ventura, en una revisión de raíz del sistema de relaciones de producción? No lo vemos en cartelera: Ausencia quiere decir olvido. ¿Es justo?  

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