Voces del Periodista Diario
Abraham García Opinión

El rumbo de México, según se mueva la veleta

Sinfonía Telúrica

Por Abraham García Ibarra

(Por causas de la contingencia sanitaria, hoy cubrimos nuestro espacio con apuntes publicados en la edición 408 de Voces del Periodista impreso. Esperamos volver “a la normalidad” la próxima semana.)

Como suele ocurrir cada vez que queda vacante una plaza pública en la que su titular gana más que el Presidente, verdaderas jaurías van por el hueso. Para dos encargos de dirección del Movimiento Regeneración Nacional pujan 105 individuos. El descarte empieza dentro de unas horas. Pronto veremos la incesante repetición de la cena de morenos.   

Los renglones torcidos de la sedicente izquierda

Uno de los publicistas más sinceros de la 4-T -José Agustín Ortiz Pinchetti- presenta su opinión semanaria bajo el rubro Despertar de la cuarta República, que condensa la idea-fuerza de lo que pretendería ser el nuevo proyecto de Nación, como fase superior de las tres revoluciones mexicanas previas, con sus respectivos Congresos constituyentes y sus entramados doctrinarios y programáticos.

Salvo algunos enunciados dictados al socaire de la oportunidad mediática, todavía no encontramos una definición medianamente atrapable y comprensible de lo que es la Cuarta transformación, con un cuerpo doctrinario y un programa de largo aliento que no sea el Plan Nacional de Desarrollo (PND).

En el viejo régimen -trasvasado al neoliberalismo-, aunque existían partidos nominal y numéricamente menores, con postulados socialistas, comunistas o liberales, los politólogos mexicanos o extranjeros encontraban que era en el interior del Partido de la Revolución donde se confrontaban las corrientes de izquierda y de derecha, que se diluían en un híbrido y pragmático pero dominante centro, conducido, con suavidad y maña, por el presidente de la República como fiel de la balanza.

Hasta la Reforma Política 1977-1978, con el sistema de diputados de partido, la representación de las minorías se acreditó ante el Poder Legislativo con el denominado voto ideológico; después, denominado plurinominal. Fue con dicha reforma que se dio por institucionalizada a la izquierda, carril por el que se impuso nueva correlación de fuerzas partidarias en la LIV Legislatura federal instalada en septiembre de 1988, a la que fueron incorporados incluso algunos ex militantes de la opción armada. Del árbol de la Ciencia, la izquierda fue tentada con el fruto envenenado: Los subsidios públicos.

¿Cuándo olvidaron los políticos mexicanos la soberanía popular? Si vale la referencia, en América, la idea de izquierda se sedimentó de la experiencia precursora de la Asamblea Nacional Constituyente de la Revolución francesa, en la que, por su distribución en el pleno respecto de la mesa debates, los jacobinos ocuparon el espacio izquierdo en el salón de plenos.

En síntesis, esa vertiente, que litigó con éxito contra el clero y la nobleza, se pronunció por la soberanía popular y el sistema republicano. En México, esos conceptos seminales se empezaron a adaptar y adoptar en la Constitución de Apatzingán de 1824, la Liberal de 1857 y la Revolucionaria de 1917, primera con raíces y profundidad social en el mundo.

López Mateos: De extrema izquierda, dentro de la Constitución

El régimen del general Lázaro Cárdenas del Río, fue definitivamente de izquierda. Durante su mandato, emplazado por la fuerza de circunstancias políticas del momento, el presidente priista don Adolfo López Mateos definió su gobierno como de extrema izquierda, dentro de la Constitución, “porque responde a los intereses populares y a sus orígenes revolucionarios”.

Uno de los rasgos más acusados de la gestión del memorable mexiquense, fue el acto de mexicanización de la industria eléctrica (1960), complemento abarcador imprescindible de la Expropiación Petrolera cardenista de 1938.

Reivindicaciones para el desarrollo soberano y la Justicia Social

Sin mediar declaración expresa desde la geometría política, Luis Echeverría le dio sentido a su política agrarista con la expropiación de los latifundios de los valles de El Yaqui y de El Mayo, Sonora (1975), para repartir la tierra a campesinos con derechos a salvo. José López Portillo acometió la Nacionalización del sistema de banca y crédito (1982) conforme lo mandataba el nacionalismo revolucionario.

En esas cuatro acciones fundamentales, la exposición de motivos subrayó sus fines: Tomar la iniciativa para impulsar un desarrollo económico soberano y cumplir los imperativos de Justicia Social. López Mateos asumió motu propio la definición ideológica de los actos de su mandato. Por cuenta de terceros corrió la tipificación de la gestión de Echeverría y López Portillo con los siguientes adjetivos: Socializante, comunizante, totalitaria

Desde los batallones de la extinta Casa del Obrero Mundial

La izquierda histórica mexicana fue representada en el siglo XX, en el fragor de la Revolución, por los batallones de la Casa del Obrero Mundial, de corte anarco-sindicalista; a partir de 1920, por el Partido Comunista Mexicano (PCM); algunas corrientes concurrentes prefirieron proponer la vía mexicana al socialismo, que caracterizó la declaración de principios del Partido Popular, mudado a Partido Popular Socialista (PPS).

A título del proletariado, esas formaciones estuvieron estrechamente cercanas a los movimientos obrero, campesino y popular; explicaron sus causas y dirigieron sus luchas.

Desaparecidas las dos primeras generaciones del PCM, pulularon comunistas urbanos que no se movieron más allá del pavimento y se atrincheraron en los campus universitarios. El santoral republicano rinde memoria a los más auténticos combatientes por la opción de izquierda, muchos de los cuales murieron en el intento. En los lechos de sus recamaras algunos, enfermos y agotados, o víctimas de la represión del Estado priista en sus puestos de combate, los más.

Les pegó duro la pandemia: La enfermedad infantil del comunismo

Desde antes la década de los setenta, el PCM empezó a ser contaminado por la enfermedad infantil del comunismo. En ésa década, a tenor con los partidos comunistas o socialistas del viejo continente, en el Comité Central surgieron partidarios del eurocomunismo.

Se dio entonces la pugna entre dinos y renos; éstos, por supuesto, como lo indica la abreviatura, postulantes de la renovación. No hubo tal renovación: Lo que se produjo fue la extinción del partido en 1981, por decisión de una burocracia anquilosada, acompañada por los sedicentes renovadores sin vértebra ideológica, cuyo último santo y seña fue el de comunistas pronasol, en mérito a su reclutamiento por el gobierno priista de la usurpación de 1988.

En lo sucesivo, aparecieron nuevos membretes reducidos ya a meras menciones socialistas, gestionados para entonces por renegados del Marxismo y el Leninismo, ya considerados denominaciones inapropiadas a la cegadora transición democrática.

Esos apóstatas no tuvieron el menor rubor al promover en 2000 el voto útil para la candidatura presidencial clerical-empresarial.

Rojos de cuello blanco: Por el bien de todos, primero los pobres

Para 2006, año de sucesión presidencial, los líderes de opinión analizaron las candidaturas desde la perspectiva derecha-izquierda, dando por sentado que la segunda era representada por el Partido de la Revolución Democrática (PRD/ bastardo del Frente Democrático Nacional de 1988), en el que se atrincheraron desde 1989 los que dieron cristiana sepultura al PCM, PPS, Partido Socialista de los Trabadores-Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional, Partido Revolucionario de los Trabajadores, etcétera.

Los comunistas de cuello blanco, que ni siquiera alcanzaron la categoría de héroes fatigados, acudieron sin remordimientos aquel año a la cita con la coalición Por el bien de todos, primero los pobres. Seis años después, arrimaron su sardina al fogón del Movimiento Progresista, refugio de los residuos más podridos del priismo, encarnados por Convergencia Democrática, del veracruzano Dante Delgado Rannauro. Por supuesto, corrieron veloces a hacer juntos la historia

Judíos errantes de sus propias sombras, tránsfugas de todos los partidos volvieron a la carga en 2018, llamados por el Movimiento “Regeneración” Nacional (Morena) a juntos a hacer historia, y usurpan ahora la voluntad de más de 30 millones de mexicanos, con tantas esperanzas expresada en las urnas el 2 de julio del 18.

El resultado natural de ese proceso de decadencia y descomposición desencadenado por los falsos izquierdista, tiene su fiel retrato en Morena, en incesante litigo público y privado por su control. Reacio a cumplir mandatos del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), el Movimiento es obligado hoy por esa instancia jurisdiccional a renovar su dirigencia nacional bajo la organización y vigilancia del Instituto Nacional Electoral (INE).

Por supuesto, los dirigentes provisionales en funciones, se pronuncian en desacato. Sus adversarios van a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. A este grado.

Hoy día, la raíz de todo el mal, el PRD, va por coaliciones para 2021 con el PAN y el PRI. Hasta agosto, Morena se acaramelaba con el Verde Ecologista. De los fraudes electorales hemos pasado a los fraudes morales. Es cuanto.

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