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El sexto candidato y sus pilotos de noche

El lecho de Procusto

Por Abraham García Ibarra

Al sexto candidato no le preocupa aparecer en la boleta de la elección presidencial. El sexto candidato, en estricto rigor, goza de inmunidad porque sólo puede ser acusado de traición  a la patria, causa que carece de penalización en las leyes electorales.

El sexto candidato no depende del subsidio público que administra el Instituto Nacional Electoral. Tiene a su disposición los recursos que le etiqueta cada año la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados.

Dado el origen partidario de los consejeros y magistrados electorales federales, las instancias administrativa y jurisdiccional, cuyas sentencias en el segundo caso son definitivas e inatacables, no alcanzan al sexto candidato.

Desde esa perspectiva, no obliga al sexto candidato el principio de equidad democrática en la pugna por la presidencia de la República.

Dada la extracción del tercer candidato presidencial -posición que le asignan las encuestas sobre intención del voto-, escogido entre los miembros del gabinete presidencial, para términos prácticos se puede decir el partido en el poder juega con dos candidaturas a la sucesión.

Ambos candidatos, uno con registro legal y otro de facto, hacen el uno-dos en la pugna por el poder y, no por casualidad, comparten el compromiso del continuismo o más de lo mismo.

Todo gira sobre las “irreversibles” reformas transformadoras

El punto de convergencia de esos dos protagonistas, es la terca y acerada defensa de las llamadas en este sexenio reformas transformadoras.

No es casual, ni gratuito, que el tercer candidato defina al candidato puntero como peligro para la seguridad y el empleo. (No precisa, si ese peligro es para la Seguridad Pública, la Seguridad Social  o para la Seguridad Nacional).

El punto pues, es la continuidad transexenal de las reformas transformadoras. Estos proyectos son producto legislativo del fáctico Pacto por México.

Las instancias originales de esas iniciativas y los operadores legislativos, a tenor con su discurso público, quieren hacer creer que prepararon un omelet con una técnica tal, que impedirá que los huevos puedan volver al cascarón.

Ese discurso pretende, y lo afirma, que las reformas transformadoras y los contratos y concesiones de éstas derivadas, están sólidamente blindados. Son irreversibles, aseguran con acento, más que firme, arrogante.

Peligro para el desarrollo económico, dice Ruiz Esparza

El tema puesto en agenda electoral por el candidato puntero, es el del afamado Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM). Nos ahorraremos, por salud mental, argumentos y epítetos que le asestan sus detractores al candidato puntero.

Aunque en el espeluznante “debate” queda para los hermeneutas descifrar si se trata de la cancelación del proyecto o de la auditoría de los métodos por los que se ha contratado el megaproyecto, para determinar si hay corrupción o no, lo que en el llano se discute es si la obra faraónica se inserta en los términos constitucionales de utilidad pública.

Desde que arrancó la obra -muy cercana al territorio donde se canceló el proyecto de una nueva refinería petrolera– y todavía hasta finales de la semana pasada, el cruzado por el NAICM es el secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, cuyas cartas de presentación  no son, ciertamente, las más defendibles.

Lo dijo Ruiz Esparza en 2015 y lo repitió hace unos días, como resultado de la evolución de la discusión pública: “Cancelar” el proyecto privará a México de una opción fundamental de desarrollo económico y turístico.

No nos queda claro si el ingeniero Ruiz tiene idea de lo que significa técnica y socialmente el concepto desarrollo. Por lo demás, si el riesgo fuera para el crecimiento económico, a la luz del cuadro estadístico su precariedad histórica en México deja mucho a deber: Ahí están los millones de compatriotas confinados en la pobreza y la miseria.

Expropiación, sí, “por cauda de utilidad pública”

Entremos a otro capítulo de esta entrega: El espantajo que se sacude en el marco de la pugna por la Nación, es “el peligro” de que un gobierno populista restaure la intervención del Estado en la economía y vuelva al periodo de las expropiaciones en sectores prioritarios o estratégicos.

No es otra la causa por la que, de manera recurrente, desde la campaña presidencial de 2006, se invoque el espectro de Venezuela. Es una visión miope y selectiva: Si se trata de la intervención del Estado en la economía, la pregunta es: ¿Se puede llamar de otra manera la gestión de Donald Trump, el presidente del país pionero y sedicente depositario del modelo capitalista mercantilista, para decirlo con más propiedad?

A los tecnócratas y aprendices de lo mismo de esta hora, se les llena de urticaria la piel cuando tratan el tema de las expropiaciones. Esta figura (asociada a la de utilidad pública) no ha sido borrada de la Constitución General de la República, específicamente en su artículo 27.

Trata ese artículo, por si a alguien se le olvida, de la propiedad de la Nación. No sólo de la tierra, el agua, del petróleo y la electricidad. A propósito del nuevo aeropuerto, también del espacio aéreo.

Dos hazañas históricas de “los populistas”

Vamos a actuar como emisarios del pasado: Existió otro Presidente mexiquense, llamado Adolfo López Mateos y existió un chihuahuense, llamado Antonio Ortiz Mena. Fungió éste como Secretario de Hacienda.

Los méritos de Ortiz Mena como administrador público fueron reconocidos cuando se le invitó a ocupar la dirección-gerencia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), ya en la temporada neoliberal. ¿Era don Antonio un populista?

Pongamos la respuesta en este cuadrante: Ortiz Mena fue actor en un proceso histórico: La mexicanización de la industria eléctrica. Se tejió fino, política y financieramente en dicho suceso: No se escamó el mundo financiero, porque, sencillamente, no se mentó la temida expropiación. No importa la semántica, sino sus resultados.

La operación consistió en usar las mismas armas que emplean los agentes del poder económico y financiero en sus procedimientos especulativos: Machetazo a caballo de espada.

The Mexican Ligth and Power tenía atomizado su capital en los cinco continentes. El Estado mexicano, conducido por López Mateos y para el efecto su brazo derecho Ortiz Mena, no hicieron más que contratar a un banco de los Estados Unidos, que concilió con otros 15 bancos internacionales.

Esos bancos ocultaron la identidad de su cliente: De esa suerte, México se hizo del 90 por ciento de las acciones de la compañía canadiense. Cuando los del poder económico interno le preguntaron a López Mateos, ¿Hacia dónde vamos, señor Presidente? la presa ya había caído.

Así se dio el paso a la integración de una industria eléctrica mexicana: No más nichos “solventes y rentables” a costa del universo de consumidores del llano. ¿Era o no reversible el dominio del interés extranjero sobre el de los mexicanos?

Un genio al que se le llamó el Rey Midas

Para que la cuña apriete, ha de ser del mismo palo: Hubo un personaje que ganó a pulso el título de Rey Midas: Se llamó Carlos Trouyet. Un genio para eso de multiplicar los panes y los peces.

Hombre de virtudes y defectos empresariales, aprovechó las primeras para hacerse de un aliado: Gunna Beckman. Conectaron en Suecia con el directorio de Ericsson. Usando el convencimiento y como correa de trasmisión el mercado bursátil, se hicieron de las acciones de la empresa telefónica sueca.

No se habló de expropiación. Todo se dejó a la mano invisible del mercado: “Mexicanización”, fue la partera de Teléfonos de México. Esa operación también se dio durante el mandato de López Mateos.

Suavidad y maña, decían en aquel tiempo los políticos mexicanos. Lo de Trouyet fue una maniobra legitimada por las formas capitalistas. El tocayo de Trouyet, Carlos Slim Helú, heredero del imperio telefónico, lo recibió peladitas y en la boca de manos de Carlos Salinas de Gortari.

Slim Helú, uno de los iconos de Forbes, que lo nomina entre los más ricos del mundo, aparece metido ahora en la cruzada por el nuevo aeropuerto internacional.

Los dos casos citados a manera de ilustración  tienen esta constante: Los corredores financieros que asistieron al gobierno mexicano jugaron sus reglas a espalda de los tenedores de las acciones de las empresas eléctrica y telefónica.

Los inversionistas en el capital de ambos actividades, seguramente se dieron por satisfechos con la liquidación por la transferencia de sus acciones. No hay registro de resistencia particular frente a esos procesos.

No es expropiación: es apropiación privada

Ahora se sabe que para el financiamiento del Nuevo Aeropuerto Internacional los sedicentes inversionistas no están arriesgando sus propios capitales. Al menos buena parte de los recursos proceden del capital acumulado por los trabajadores que han estado ahorrando para un retiro digno.

Ese ahorro para el retiro de los trabajadores, convertido en acciones o bonos, trasegados algunos internacionalmente, financia la obra faraónica. ¿En qué momento o con qué argumentos se logró el consentimiento de los titulares de las cuentas individuales que regentean las Afore? Nadie dice esta boca es mía, ni explica convincentemente cuál es el monto cierto del despojo.

Lo cierto es que la Auditoría Superior de la Federación de la Cámara de Diputados, sólo con la revisión de la Cuenta Pública 2016 ha detectado ya diversas irregularidades en lo que tiene de avance la construcción el proyecto, desde la misma edificación de la barda perimetral. Sólo en esto: 380 millones de pesos.

En reporte anterior, la propia Auditoría dio cuenta de pagos ilegales por unos 365 millones de pesos.

¿No son, al menos esas dos señales, signo de que algo irrespirable vuela ya sobre el nuevo  aeropuerto internacional?

Debate presidencial: Los infalibles al ataque

Uno de los argumentos para la defensa del proyecto es que generará 800 mil empleos. Otra maravilla anexa a la monumental obra. Ayer dimos el dato, acreditado al Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP), en el sentido de que la corrupción cuesta a México la pérdida más de 400 mil empleos. Estamos a la vista del diseño de un nuevo círculo virtuoso. Crear para destruir.

Dentro de unas horas, se ofrecerá a los mexicanos el circo del debate entre los candidatos presidenciales. Los defensores del NAICD lo colocarán a cuadro televisivo. El problema de los mexicanos es que los tecnócratas exhiben títulos de infalibles: Ese motor no tiene en sus cambios la reversa. Que no, que no, ¿que no? Es cuanto.

VP/Opinión/EZ

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