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En busca de Los Sentimientos de la Nación

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

Nos ha quedado claro que, cuando en octubre de 1981 Miguel de la Madrid arrancó su campaña presidencial, lo hizo inspirado en el espíritu de Morelos, aquel cura libertador que propuso atemperar la opulencia y la miseria.

El candidato del PRI tomó como primera plaza de su contienda Apatzingán, Michoacán, cuna de la Constitución mexicana de 1814.

De la Madrid condensó su iniciativa en una de sus siete tesis: La sociedad igualitaria, a lomo del nacionalismo revolucionario. Durante su gestión presidencial, De la Madrid se desplazaba por tierra a bordo del autobús Morelos.

Los buitres del Consenso de Washington

Sin embargo, la gran obra socialmente  reivindicatoria se quedaría en el tintero: La garra del Fondo Monetario Internacional (FMI) ya estrangulaba a México, expuesto en la fatalidad geográfica al embate de la revolución conservadora de Ronald Reagan y Margaret Thatcher.

En estricto rigor, De la Madrid llegó a Palacio a administrar la crisis económica. Ya revoloteaban sobre cielos mexicanos los buitres del Consenso de Washington.

Finalizado el sexenio, en la Villa de Coyoacán nos acercábamos a la residencia del León rojo. Salvo la presencia de activos del Estado Mayor Presidencial, en tareas de seguridad, en el domicilio de De la Madrid no se percibían cambios sustanciales. Lo visitamos en el Fondo de Cultura Económica. Conservaba su auténtica modestia.

Podríamos decir que las ideas-fuerza que postulaba el ex Presidente sustanciaban el modelo de Estado Social de Derecho, explicado magistralmente por don Jesús Reyes Heroles.

Implantación de las supersticiones neoliberales

En los dos sexenios posteriores, el giro fue de 180 grados bajo los mandatos de Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo Ponce de León.

Salinas y Zedillo se habían  desembarazado de los sedimentos doctrinarios de la educación pública superior  que recibieron en México (UNAM/ IPN) y adoptaron y aplicaron las supersticiones del neoliberalismo.

Cómo sea, en lo esencial, aquellos ex presidentes llegaron a Los Pinos conscientes y voluntariamente comprometidos con un proyecto económico-ideológico.

Con independencia de las depredadoras consecuencias -que aquí hemos denunciado-, la línea de pensamiento de Salinas y Zedillo se concretó en el Estado neoliberal.

Los publicistas del salinato anunciaron triunfalmente que su influencia se prolongaría durante 25 años, de ahí que se definiera el mandato del ex presidente como transexenal.

“Apropiación patrimonial” a pleno galope

El camino correcto fue fracturado por un gran socavón: Los sucesivos presidentes no llegaron ni siquiera a administrar la crisis económica.

Al grito de ¡Atáscate Matías, de esto no hay todos los días! se dedicaron, según lo expresa elegantemente un investigador y crítico de la política social, a la apropiación patrimonial.

Cuando el vendedor de cocacolas, Vicente Fox cayó en cesantía laboral, solidarios amigos trataron de rehabilitarlo económicamente. Le propusieron regentear una franquicia de pizzas en El Bajío.

Antes de llegar en 1988 a la diputación federal, Fox era perseguido por sus acreedores: Se dio de alta en el movimiento de deudores El Barzón.

Con Fox se emprendió con extranjera alegría el descomunal saqueo de la renta petrolera.

Los presidentes de la Reforma Energética

Previo a su llegada a la Secretaría de Energía, Felipe Calderón ocupó la titularidad de Banco Nacional de Obras Públicas y Servicios: La primera operación que se autorizó fue un préstamo personal millonario para adquirir residencia en Las Águilas.

Calderón fue gestor de la primera Reforma Energética. No obstante que la Auditoría Superior de la Federación de la Cámara Diputados tenía ya documentadas las trapacerías en Petróleos Mexicanos, el michoacano fue omiso en el saneamiento de la paraestatal.

Enrique Peña Nieto llegó fondeado económicamente a Los Pinos desde el Palacio de Toluca, donde despachó como gobernador del estado de México. El mexiquense acometió la segunda Reforma Energética.

La apropiación patrimonial entró en pleno desenfreno en este sexenio: Al abrirse la subasta de contratos petroleros, se ha visto en el piso de remates a                  corporativos privados, en cuyos directorios de ejecutivos y accionistas aparecen apellidos de funcionarios que estuvieron en áreas del gabinete económico desde el sexenio de Salinas de Gortari.

En ese tortuoso recorrido, Los sentimientos de la Nación, del generalísimo Morelos, quedaron como literatura de museo. Ahora se anuncia una nueva era. Dejamos entre corchetes su futura lectura. ES cuanto.   

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