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En comercio exterior, el signo es la miopía

Ruta México

Por Álvaro Aragón Ayala

Todavía es posible observar en rancherías y camino reales de la provincia mexicana, mulas para el transporte de carga. La bestia es habilitada por los arrieros con anteojeras a fin de que tengan una visión unidireccional, de suerte que no se distraigan en el trote hacia su destino.

La estampa se nos antoja descriptiva de los responsables de la Política de Comercio Exterior mexicana; tecnócratas que desde la década de los noventa postularon el crecimiento económico de México hacia afuera. Con medio centenar de tratados de intercambio comercial, sólo ven hacia el norte, a los Estados Unidos; hoy, con el T-MEC.

En recientes semanas se han dado anuncios, declaraciones y desmentidos entre miembros del gabinete presidencial respecto de proyectos de inversión productiva en los que ha manifestado interés el gobierno de China. Como todavía el T-MEC no puede darse por consumado, parece sentirse el temor: No le büigas, como dicen los rancheros.

¿Qué pasa con el memorándum de entendimiento México-China?

Entre la información que tratan las secciones especializadas en economía y finanzas en los medios mexicanos, ha aparecido la referencia de un memorándum de entendimiento con representaciones diplomáticas de la República Popular China. El prejuicio de la denominación como que pone nerviosos a ciertos funcionarios públicos.

Tope en ello, la balanza comercial entre México y China se da en los siguientes términos: China importa de nuestro país 65 mil millones de dólares al año; México importa de China sólo cinco mil millones anualmente.

Los productos dominantes en ese intercambio son minerales y derivado del petróleo.

China, a la vanguardia en ciencias de maricultura

Ahora que se ha celebrado aquí el Día de China, agentes económicos nacionales se han colocado en aquel cuadrante y subrayado promisorias expectativas en sectores como la agricultura y la pesca, para las que tienen vocación natural los estados mexicanos ribereños del Pacífico, particularmente los costeros del Alto California; Sinaloa, Sonora y los de la península de Baja California.

En cuanto al campo, el gigante asiático es ya importador de maíz blanco, aguacate, algodón, derivados de ganado bovino, cerveza etcétera.

Sobre segundo sector, la Pesca, vale hacer algunas consideraciones en función del inmenso mercado de consumo asiático. Desde hace al menos dos y medio milenios, China tiene una cultura pesquera. De allá viene el proverbio: Dale un pescado al hombre y lo alimentarás un día; enséñalo a pescar y comerá toda la vida.

China está a la vanguardia en lo que se denomina científicamente maricultura. En la especialidad, tiene un instituto de investigaciones en incesante desarrollo. No obstante, importa de México camarón, langosta, langostino, moluscos vivos, etcétera. El horizonte se abre a productos cultivados en el mar.

Como dato aleatorio, podríamos dar algo que no es mera curiosidad. China se interesó en la recolección de sargazo -un problema recurrente en las playas de Quintana Roo-, alga que empresas chinas utilizan para fines alimenticios e industriales.

2.7 millones de kilómetros cuadrados; más de 12 mil especies

Para decirlo pronto, México tiene un mar patrimonial que abarca 2 millones 700 mil kilómetros cuadrados, incluyendo la Zona Económica Exclusiva.

Sólo en el Pacífico, el inventario comprobado es de cuatro mil especies de moluscos, cinco mil de crustáceos, dos mil 500 de peces de escama y otras variedades, y 50 de mamíferos. Un potencial prácticamente virgen.

Se pueden ilustrar las expectativas de desarrollo pesquero de cara a China con el caso de Sinaloa, precursor de la industria: El 86 por ciento de su producción se exporta a los Estados Unidos, que, con no poca frecuencia, somete capturas mexicanas a embargo comercial según convenga a sus propios productores, alegando la mayoría de las veces un proteccionismo ambiental que no aplica a sus empresas, que incurren prácticas predatorias.

Dicho a manera de conclusión, la rosa de los vientos nos da cuatro puntos cardinales. Los que hacen comercio exterior tienen sus ojos fijos en el norte: Por eso estamos como estamos.

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