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Estado neoliberal, con sello de itamita

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

En los hallazgos de las ruinas prehispánicas en nuestro territorio, es posible encontrar la marca extremeña de los conquistadores comandados por Hernán Cortés.

Del mismo modo, es posible que, en 2300, los arqueólogos hallen en los escombros del México del siglo XXI la firma de Los itamitas.

Por “itamitas” se conoce coloquialmente a los mandarines formados en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).

Esa secta -económicamente fundamentalista– tomó formalmente por asalto el poder público a partir de los años ochenta del siglo pasado, si bien la cabeza de playa se fincó durante las dos décadas anteriores.

Donde se queja el muerto, está el oro

Ahora que se documenta que la administración de la Federación ha sido terreno fértil para el ejercicio del poder público para fines privados, ahí donde se produce la simbiosis político empresario-empresario político, vale el ejercicio memorioso.

En la nómina hecha del dominio público de los funcionarios que utilizaron sus encargos gubernamentales para pasar luego a medrar en la empresa privada sobresalen nombres de egresados del ITAM y obtuvieron posgrados en universidades extranjeras.

Las ciudadelas escogidas por esos guerreros neoliberales fueron desde un principio el Banco de México, la Secretaría de Hacienda y su red de órganos financieros, y en un periodo de dos sexenios, la Secretaría de Programación y Presupuesto.

Para decirlo pronto, dependencias cabeza del gabinete económico de los sucesivos presidentes de la República.

Salinas de Gortari, Córdoba, Aspe Armella…

Tomemos para efectos de ilustración el mandato de Carlos Salinas de Gortari (Universidad de Harvard/ USA).

Salinas de Gortari confió la Oficina de la Presidencia de la República en José Córdoba Montoya (nombre mexicanizado), La Ciotat, Francia. Egresado de la École Polytechnique, la Sorbonne, y Stanford, California.

En Hacienda, Salinas de Gortari colocó a Pedro Aspe Armella, producto del ITAM, con doctorado por el Massachusetts Institute of Technology.

Para efecto de este tema, recordar que Aspe Armella fue, desde 1990, el operador del proceso de reprivatización del sistema de banca y crédito.

Pieza clave en esa operación -que culminó con la desnacionalización del sistema bancario y financiero- fue el coordinador general de la Unidad de Desincorporación de la SHCP, el parisino Jacques Rogozinski Schtulman, pasado por el ITAM y maestro en Economía por la University of Colorado (USA).

En la hoja académica de dicho ex funcionario aparecen al menos tres publicaciones, todas originalmente en inglés, como coautor o autor.

Los primeros regimientos al ataque

Si se jala el hilo de la madeja desde aquel sexenio, encontramos que en el sector público federal ya están enquistados 210 economistas y 11 licenciados en relaciones industriales.

En la relación de economistas aparecen 65 licenciados y 4 maestros por el ITAM.

Abriendo el arco académico, tenemos acreditadas por universidades extranjeras 39 licenciaturas, 259 maestrías y 127 doctorados.

Por la Universidad de Chicago (la del afamado Milton Friedman) contamos con 23 maestros y doctores. Por Yale, 13 entre licenciatura, maestrías y doctorados. Harvard se lleva el torneo: Dos licenciaturas, 30 maestrías y 7 doctorados. Total, de sólo esos tres establecimientos, 75.

De esa lista han surgido, a partir de 1982 y hasta 2017 (salvo uno) los sucesivos directores y gobernadores del Banco de México, secretarios de Hacienda, Economía, Energía, Comunicaciones y Transportes, y Relaciones Exteriores.

Además, titulares de las instituciones de la banca de desarrollo y más tarde consejeros y comisionados de las empresas estatales e incluso de los órganos autónomos del Estado.

Todo ese espectro público, es dominado por los itamitas.

Y se autodenominaron “cuadros de excelencia”

Cuando en los ochenta los tecnócratas -autodenominados cuadros de excelencia– empezaron a infiltrar el aparato público, de una publicación auspiciada por la Secretaría de Programación y Presupuesto, y de un texto de un filósofo estadunidense subrayamos esta afirmación: Conocimiento no es sabiduría. (El especialismo es una rémora social.)

Al final de la jornada, ahora sabemos que conocimiento tampoco es moral pública ni ética republicana: Conocimiento es rapiña y devastación social. Es cuanto.

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