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Opinión Salvador González Briceño

Evo y el MAS, tras la recuperación

Geopolítica.com

Por Salvador González Briceño

El escenario preelectoral no pinta nada bien. Y por lo mismo plantea grandes retos. La derecha boliviana sigue amenazante, antes que gobernar para todos. Para muestra, se ha “reelecto” como “presidente” a Jeanine Áñez Chávez, para evitar el “vacío de poder” en lo que se realizan las elecciones presidenciales y legislativas de mayo.

Es claro que la derecha es minoría, se sostiene por lo militares y la ayuda exterior procedente de Washington. Es la ocupación ilegal de la presidencia del Estado Plurinacional de Bolivia, tras el golpe cívico y militar contra la presidencia en funciones de Evo Morales Ayma, so pretexto de fraude electoral de octubre pasado.

Fraude nunca probado, por los golpistas, por la propia OEA que preside Luis Almagro, el detonante del golpe. Todo lo contrario, entre quienes revisaron el tema, ninguno probó el fraude. Se sustenta que contra Morales se orquestó golpe de Estado al estilo tradicional del siglo XX.

Los militares se prestaron apoyando dicho acto de traición a la patria, para servir a intereses estadounidenses. Con ello traicionaron a los bolivianos, al presidente en turno y los éxitos alcanzados durante su mandato en materia económica y de política social, entre otros.

Ciertamente Evo se engolosinó en el poder, recién reconoció que su peor error fue haberse postulado para un cuarto mandato. “Pero la gente lo pidió”. Hay responsabilidades, desde luego, pero mayormente de los líderes que encabezaron la rebelión golpista, y el saldo de los 35 asesinatos registrados, los detenidos, golpeados, etcétera.

¿Golpe financiado por la USAID? Secreto a voces, desde siempre, cuando fue creada dicha Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo en 1961. Evo la habría expulsado en 2013, por intromisión en asuntos internos de Bolivia —como en otros países de la región latinoamericana—, financiando a los opositores golpistas.

Solo entre 2013 y 2018, la USAID gastó más de 70 millones de dólares en asesoramiento, entrenamiento y preparación de grupos para derrocar al gobierno de Evo Morales. Porque a eso se destinan sus aportes “por la democracia” de los pueblos, al derrocamiento de gobiernos legítimos cuando no responden a los intereses de Washington. Lo mismo con la Fundación Nacional para la Democracia, otro instrumento para la política exterior estadounidense.

Golpe de Estado prolongado, el uso de la fuerza para el control del 62 por ciento de la población indígena que tiene el poder para inclinar la balanza. Terror y violencia contra la mayoría que está con Evo Morales y los candidatos del Movimiento Al Socialismo (MAS).

Es claro que la derecha golpista apuesta por las multinacionales estadounidenses. Y a favor del retorno de la USAID. Quieren el control del gas y de litio, de los 21 millones de toneladas, primera reserva del mundo.

En términos geopolíticos las disputas son entre el poder del terror, golpista, y el poder real, el popular. De ahí el reto, la batalla electoral entre tantos candidatos como los suficientes para la dispersión del voto.

Como para tratar de impedir el triunfo del MAS. Evo propuso a Luis Arce Catacora para la presidencia y a David Choquehuanca para la vicepresidencia. Disputarán también el candidato Carlos Meza (el principal instigador golpista y los comités cívicos), Jorge Quiroga, Félix Patzi, Chi Hyun Chung y Luis Fernando Camacho. Seis candidaturas.

Al parecer la estrategia de la derecha radica en apostar al voto fraccionado, como para generar confusión entre los electores. Para evitar el regreso del MAS, el partido que sacó de la miseria a las grandes mayorías, a los indígenas pobres del neoliberalismo del pasado.

Es por lo dicho que el MAS no la tiene fácil, con todo en contra. La voluntad de las mayorías será, finalmente, quien decida su futuro, el de su país y con ello también de los proyectos alternativos sumados en América Latina. La apuesta es, entonces, por la recuperación del poder desde abajo.

Por el futuro del proyecto antiimperialista, antiFMI, anticapitalista. Un proyecto por la soberanía y el rescate de los recursos naturales. (23 de enero de 2020).

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