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Feroz ofensiva contra autonomía universitaria

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

A lomo de la Guerra fría, a mediados del siglo pasado primó una grave amenaza sobre la juventud latinoamericana: Washington urdió una operación para instrumentalizar el mundo académico a fin de ponerlo al servicio de los intereses imperiales de los Estados Unidos.

Corporaciones gubernamentales, a remolque de El Pentágono y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) contrataron 140 profesionales en diversas disciplinas para producir saber en los ramos de innovaciones tecnológicas en las áreas de armas estratégicas, desarrollo de técnicas espaciales y procesamiento de la información.

El laboratorio de ese proyecto -se conoció como El Plan Camelot– fue la Universidad de las Américas, a la que se le encomendó modernizar los programas de Ciencias Sociales, con los siguientes objetivos: 1) Identificar y medir indicadores, y estimar las causas de potenciales conflictos políticos internos en los países latinoamericanos.

2.- Ponderar los efectos de acciones gubernamentales para sofocar esos conflictos y, 3) Obtener, recoger y conservar la información requerida conforme el Plan Camelot.

Para esos objetivos, se hizo el análisis de las universidades latinoamericanas dispuestas a brindar su colaboración en un esquema de transculturización, diseñado por la Universidad de las Américas, que a su vez había firmado convenios con las principales universidades estadunidenses.

Fue la comunidad universitaria de Chile la que operó para abortar aquella iniciativa, que en México fue denunciada por intelectuales de izquierda. El Plan, sin embargo, se mantuvo latente, aunque las presidencias del Partido Demócrata de los Estados Unidos lo mantuvieron a raya.

Todo indica que el Proyecto se reorientó conforme la convicción del ex secretario de Estado Robert Lansing expresada en los años veinte, a saber:

México es un país extraordinariamente fácil de dominar, porque basta con controlar a un solo hombre: El Presidente de la República. Tenemos que abandonar la idea de poner en la Presidencia mexicana a un ciudadano americano, ya que eso llevaría otra vez a la guerra. La solución necesita más tiempo

Debemos abrir a los jóvenes ambiciosos las puertas de nuestras universidades y hacer el esfuerzo por educarlos en el modo de ida americano, según nuestros valores, y en el respeto al liderazgo de los Estados Unidos.

México necesitará administradores competentes. Con el tiempo, esos jóvenes llegarán a ocupar cargos importantes y eventualmente se adueñarán de la Presidencia. Sin necesidad de que los Estados Unidos gasten un centavo o disparen un tiro, harán lo que nosotros queramos, y lo harán mejor que nosotros. (RL).

En un corto tiempo de tres décadas, el sector público mexicano fue tomado por los jóvenes ambiciosos que fueron por sus posgrados a las universidades más prestigiadas de la Unión Americana. Se autodenominaron cuadros de excelencia y, en efecto, como lo auguró Lansing, de apoderaron de la presidencia… y lo hicieron mejor que nosotros.

No conforme con los servicios de los tecnócratas neoliberales nacidos en México, pero hechos en los Estados Unidos, la Agencia Central de Inteligencia porfió en sus estrategias.

Durante el doble mandato de George W. Bush, el Carlyle Group -que invierte en los sectores energético y de telecomunicaciones, entre los más codiciados, y gestiona fondos en la industria inmobiliaria, emprendió en México la adquisición de algunos centros de estudios superiores administrados por patronatos privados; algunos confesionales.

Durante el sexenio de Vicente Fox, legisladores de la bancada del PAN propusieron en San Lázaro recortar o suprimir los subsidios a la Universidad Nacional Autónoma de México.

Con Felipe Calderón, se orientaron recursos del Estado para privilegiar a las universidades privadas con programas extraordinarios de becas administradas por la banca de desarrollo.

En esa línea, Enrique Peña Nieto reafirmó su preferencia por la universidad privada, aplicando una estrategia de reducción al presupuesto para las Universidades Públicas.

No podía ser de otra manera. Fox, aunque destripado, fue pupilo de la Universidad Iberoamericana; Calderón, egresado de la Escuela Libre de Derecho y Peña Nieto de la Universidad Panamericana. Los tres neoliberales en la órbita de Wall Street y adelantados operadores en México del Fondo Monetario Internacional (FMI).

¿A qué viene la anterior recapitulación? En junio pasado, el rector de la UNAM, Enrique Graue, en la conmemoración del 90 aniversario de la conquista de la autonomía por la Universidad de la Nación, alertó sobre ataques a la libre autodeterminación de las universidades públicas, siempre desde el enfoque de la libertad académica.

Esta semana, el rector Graue volvió a activar las sirenas de alarma, denunciado lo que configura una amenaza a la autonomía. universitaria, esta vez por la vía legislativo-administrativa.

Denunció el fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación por el que se valida la facultad de los Congresos estatales para designar contralores en las universidades públicas, según presente establecido por la Legislatura del estado de México contra la Universidad Autónoma del mismo estado. Sobre aviso, no hay engaño. Es cuanto.

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