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La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

Para estas horas -de hace 24 años-, levantamiento zapatista en Chiapas y asesinato de Luis Donaldo Colosio de por medio, las juntas de escrutinio distritales confirmaban el triunfo del candidato suplente a la presidencia, Ernesto Zedillo Ponce de León.

De hecho, la victoria del PRI fue cantada la noche misma del 21 de agosto de 1994.

El tecnócrata habilitado candidato priista recibió 17 millones 181 mil 641 votos. Su más cercano adversario, Diego Fernández de Cevallos, más de nueve millones de sufragios. Casi la misma suma que se reconocieron el pasado 1 de julio al tecnócrata apadrinado por el PRI, José Antonio Meade.

En estricto rigor ético, Zedillo confesaría después que la campaña presidencial del PRI fue inequitativa. Declararía ya en Los Pinos su sana distancia del partido que lo llevó al poder.

En 2000, Zedillo entregó la banda presidencial a Vicente Fox. El 1 de diciembre que viene, Enrique Peña Nieto la cederá al opositor Andrés Manuel López Obrador.

Cinco lustros sirven a una generación estudiosa para acreditar incluso títulos de posgrado como recompensa a su aprendizaje. En el  mismo periodo, el PRI no ha aprendido absolutamente nada.

Cuando en 2012 retornó a Los Pinos, diagnosticamos que el PRI fue resucitado sin habérsele tratado el Síndrome de Lázaro. Fue puesto de pie con todo y lepra.

La última carcajada de la cumbancha

En 1994, Carlos Salinas de Gortari, entregó el poder a Zedillo. El Presidente puso en manos de Santiago Oñate Laborde la conducción del PRI. Éste, con el cetemista Juan Millán Lizárraga, acometieron el último esfuerzo serio por oxigenar el partido con una verdadera reforma orgánica y doctrinaria.

En su asamblea nacional de 1996, al revisar estatutos, el PRI confirmó el condicionamiento excluyente de la candidatura presidencial a quien no hubiera pasado por un puesto de elección popular. Dedicatoria a los tecnócratas, según se interpretó.

Ese condicionamiento fue derogado por Enrique Peña Nieto en agosto de 2017, para investir candidato presidencial a su secretario de Hacienda, el nombrado Meade.

Está abierto el baldío del basurero de la historia

El 2 de julio pasado, el PRI amaneció en estado de cadaverina. Sus verdaderos militantes cayeron en duelo, clamando por un Jesús milagroso que lo volviera a la vida.

Esta semana, lo que queda de la desgarrada franquicia del PRI fue endosada a la sobrina de Salinas de Gortari, Claudia Ruiz Massieu, en una meteórica jornada alejada del priismo. Jornada casi clandestina.

Un legendario Claudio, emperador romano, dejó el mando a su mujer Agripina. El Babalucas terminó en el basurero de la historia. “No llores por mi, Agripina”, cantan los ángeles. Es cuanto.

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