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Glifosato y paraquat, enemigos públicos 1 y 2

Ruta México

Por Álvaro Aragón Ayala

Con íntimo decoro neoliberal, los tecnócratas le han metido goles al pueblo mexicano, untando merengue a los eufemismos que inundan las exposiciones de motivos de cada nueva iniciativa de ley federal. Los eufemismos se usan para encubrir malas verdades.

Pongamos un ejemplo: En enero de 2012, Felipe Calderón publicó la Ley de Asociaciones Público-Privadas (APP), a las que les dio vuelo Enrique Peña Nieto con mexicana alegría. Rescatemos el objeto de las APP: Elevar los niveles de bienestar social.

Los campos de ensayo de aquellos pactos son, preferentemente, el sector rural y la agroindustria.

Antes, existía como tipo penal la asociación delictuosa. Los códigos de la  modernidad la tipificaron como delincuencia organizada. A esta codificación se aproximan las APP.

A lomo del neoliberalismo galopan los plaguicidas y agrotóxicos

Para aplanar el piso de este tema, mencionemos los convenios de Rotterdam y  de Estocolmo. Ya sabemos que México va a todas en eso de firmar instrumentos internacionales. Esos dos, proponen específicamente regular, no la fabricación, sino el empleo de plaguicidas y agrotóxicos.

La cuestión es que, no obstante que su toxicidad, científicamente comprobada, atenta contra la salud humana, ésta se sacrifica en aras de la productividad, que quiere decir, ganancias financieras, sobre todo para los laboratorios químico-farmacéuticos y sus distribuidores.

Esos químicos están estrechamente emparentados con la tecnología transgénica, por la que se producen semillas genéticamente modificadas. Aunque no lo parezca, fue el gran negocio del siglo XX. Lo sigue siendo en el XXI. Obviamente, el mercado mexicano globalizado no podía pasar ileso por esos mortales hallazgos científicos.

Mortales, si sólo se mencionan, para ilustrar el asunto, el glifosato y el paracuat. Éste, viejo conocido en el noroeste del país en la fumigación de plantíos de amapola y mariguana. Luego, productos comestibles en los grandes valles agrícolas.  Los dos, desencadenan varias manifestaciones de cáncer y padecimientos neurológicos.

Dos secretarías y la Cofepris, en Asociación Público-Privada

En la tolerancia al discrecional empleo de esos químicos, están implicadas al menos dos secretarías del gabinete presidencial, empezando por la de Salud y, como cabeza de sector, la de Agricultura y Desarrollo Rural. Le hace tercio la Comisión Federal Protección de Riesgos Sanitarios (Cofepris), responsable de sancionar y autorizar las patentes relacionadas.

Conforme investigaciones de centros de Educación Superior nacionales, en México son de uso corriente unos 140 ingredientes químicos activos, no pocos prohibidos ya una veintena de países, incluyendo los que son sede de las matrices de la industria del ramo.

De las enfermedades que generan esas fórmulas en la salud humana, hacen sesgada alusión los reportes del Consejo de Salubridad General, que las asocian a historias clínicas -cáncer, diabetes y males respiratorios, etcétera-, asociadas a los impactos de la pandemia Covid-19.

Nada en la agenda de la Emergencia Nacional y la Nueva normalidad

En el paisaje de la emergencia nacional y de la Nueva normalidad no vemos agenda alguna en la que se tome nota del monstruoso asunto y se diseñe una política pública para prevenir sus estragos, acaso porque el sector químico-farmacéutico está blindado en el clausulado del T-MEC.

Las cosas como son: Primero el mercado y después los convenios de Rotterdam y Estocolmo o el afamado, pero no cumplido, Acuerdo de París, que habla de la defensa de la Naturaleza contra el fatídico cambio climático. México lindo y querido…

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