Voces del Periodista Diario
Mouris Salloum Opinión

Heredamos el síndrome del elefante

Por Mouris Salloum George (*)

Se puede decir que desde que, en la gran biblioteca de San Ángel, Alfonso Reyes presentó a los jefes del Clan con don Daniel Cosío Villegas, las tareas académicas y los nexos del Colegio y de los más conspicuos representantes de la inmigración española fueron inseparables.

Las habilidades diplomáticas de don Daniel eran letales y para suerte de su empresa cultural, se llevó el gato al agua. Los fondos Rockefeller estuvieron al servicio de todas las iniciativas de El Colegio de México, institución que durante años formó a los principales operadores de la economía de aquí del rancho grande.

?El furioso anticomunismo del Imperio tuvo como coraza de proa la supuesta filantropía de esa dinastía estadounidense. Después de la conferencia de Punta del Este, Uruguay, donde la mayoría de los países del Continente aprobaron el bloqueo económico a la Revolución cubana, se supo de qué lado mascaba la iguana.

Las distorsiones del funcionalismo económico se consolidaron desde los planteamientos de los programas de las “décadas para el desarrollo “, cuando desde el Comité de las Naciones Unidas para la Planeación se centraba todo interés en enfoques a modo. Atrás de todo, los Rockefeller.

Se recomendaba a los países latinoamericanos centrar sus objetivos en los enfoques cuantitativos para medir los grados de crecimiento y en pretender niveles de desarrollo a partir de cifras macroeconómicas. En base a éstas, recomendaban políticas conservadoras que en los centros hegemónicos se abandonaban ?con celeridad para transitar todas las etapas ortodoxas que se habían seguido para la acumulación del capital.

Cuando el Imperio Rockefeller reventó, ya era demasiado tarde. El conglomerado estadounidense abandonó sus principales inversiones en los sectores estratégicos, petroleros, agropecuarios y manufactureros de exportación y dominación, para ser sustituido por la evolución de los acontecimientos.

El holding BlackRock desplazó a los Rockefeller y por arte de magia se acabaron los abusos diplomáticos y guerreros en América Latina. ?Las mayores empresas petroleras del mundo facturan a sus cuentas. Maneja una cantidad de fondos que jamás sonó el Clan original. El nuevo conglomerado hizo los tratos convenientes con las potencias emergentes, para salvarse de la quema. Todo cambió, pero nosotros seguimos siendo los mismos.

Tal parece que heredamos el síndrome del elefante, acostumbrado desde cría a permanecer atado a una estaquita que de grande podría remover sin esfuerzo, pero la memoria del elefante no pierde su proclividad a esa sujeción inexplicable.

?Tenemos tamaño de gigante en las cifras del intercambio comercial, turístico, demográfico, y lo que usted desee añadir, pero no lo usamos para defender las cuestiones esenciales de la sobrevivencia. México es el fundamento básico de la locomotora del Imperio, pero queremos seguir atados a ella.

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