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INE: En busca del oscuro objeto del deseo

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

Es una ley de la naturaleza: A la peste de la sanguaza y la cadaverina, los chacales, las hienas, los zopilotes y otras aves de rapiña pugnan a muerte por los restos del fiambre. El instinto es el mismo en el animal en dos patas.

¿Cómo explicar el rapaz acecho a la vista de la oferta de franquicias partidistas nacionales puesta en el tianguis por el Instituto Nacional Electoral (INE) hace apenas tres semanas?

Todos quieren con el INE: Una ex candidata presidencial independiente que desertó de su partido para terminar tirando toalla antes de llegar a la meta del 1 de julio de 2018.

Ahí están, frente al escaparate, los residuos de los partidos derrotados en las elecciones generales del año pasado que ni siquiera alcanzaron una representación proporcional para llenar tripa de mal año.

En busca del oscuro objeto del deseo

Dos de esas facciones promotoras tienen el tufo de formaciones de origen corporativo que en el 18 perdieron el registro por no lograr el mínimo del 3 por ciento de la votación total para seguir usufructuando los subsidios públicos y las dietas legislativas.

Vemos a los reincidentes también: Lograron para procesos electorales pasados el registro de precarias agrupaciones políticas con la mira puesta en la patente partidista que, por segunda o tercera vez, con cambios de membrete, andan en busca del oscuro objeto del deseo.

No faltan los integrantes de corrientes internas o tribus que, en guerras intestinas, dejaron para el arrastre toros que parecían colosales miuras. Agotaron las tesorerías y hasta cargaron con las computadoras y los celulares.

Todos revolotean sobre los restos de tres partidos nacionales históricos con existencia mínima de un cuarto de siglo y hasta de casi un siglo.

Al olfato de esos cazadores de presas heridas, está la posibilidad de arrancar una chuleta o los huesos que aún quedan por roer.

PRI, PAN y PRD, de sus orígenes, ni la ruinas

Hablamos de tres: El Partido Revolucionario Institucional y el Partido Acción Nacional, que ya compartieron el poder presidencial, y el Partido de la Revolución Democrática, que en el sexenio pasado cohabitó con los dos primeros en el fáctico Pacto por México.

En el diagnóstico de quienes buscan que el INE les otorgue el registro para las elecciones federales intermedias de 2021, al que concurren algunos comicios estatales, aparece un síntoma que indica tumores y hemorragias internas en estado terminal.

No hacen falta el microscopio o el estetoscopio para confirmar resultados clínicos.

El síntoma se denomina: Unanimidad. La lectura de las placas radiológicas nos da las siguientes imágenes en orden invertido.

El PRD, que busca dónde instalar su nuevo domicilio en la Ciudad de México porque tiene hipotecados los propios, está en manos de una dirigencia provisional a cargo de Ángel Ávila, con la etiqueta de Los Chuchos: Nueva Izquierda, autodenominada la izquierda moderna.

Ese acuerdo, asumido en el pasado y violento Congreso Nacional extraordinario, sigue impugnado por el llamado Bloque Alternativo. El diferendo interno del Sol Azteca se remite a Congreso Nacional, agendado para el 28 de abril. Dejamos la fecha entre corchetes.

Muertos, defenestrados o vivales sobre el PAN

El michoacano Marko Cortés no logra suturar las desgarraduras del abrupto relevo del derrotado ex candidato presidencial Ricardo Anaya Cortés. Una fecha tentativa para lograr la reconciliación está fijada para mediados de septiembre.

Cortés Anaya y Felipe Calderón -aunque la mujer de éste, Margarita, busca patente para su propio partido-, cada uno por su carril buscan incidir en el cambio de la incipiente jefatura nacional.

Los priistas sospechan hasta de su propia sombra

En el PRI, es tanta la desconfianza generalizada en su comité ejecutivo nacional, que Claudia Ruiz Massieu Salinas ha solicitado que sea el INE el que se encargue de organizar, vigilar y calificar el proceso interno de renovación directiva.

Ahora bien: En menor grado el perredista Ávila, Marko Cortés y Ruiz Massieu Salinas, sin pacto explícito, han asumido personalmente la resistencia azul y tricolor contra el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

La evidencia de la ruptura de la disciplina y de la unidad de mando en los tres partidos se ha manifestado especialmente en el Senado.

Todavía, en el primer periodo de sesiones del Congreso de la Unión, las jefaturas de las bancadas del PRD, a cargo de Miguel Ángel Mancera; del PAN, Damián Zepeda, y del PRI, Miguel Ángel Osorio Chong, respectivamente, parecieron tocar la misma partitura de Ávila, Cortés y Ruiz Massieu contra las iniciativas del jefe del Ejecutivo federal.

Zepeda fue defenestrado en la coordinación senatorial del PAN. Lo relevó Rafael Moreno Valle. Al morir éste en diciembre, el pastoreo fue confiado en Mauricio Kuri González. Permanecieron Mancera y Osorio Chong.

Cambio de rieles rumbo a la unanimidad calificada

Todo ha cambiado en el segundo periodo ordinario de sesiones del primer año legislativo: En el Senado, las reformas constitucionales que normarán la Guardia Nacional, que requirieron de mayoría calificada, fueron votadas por unanimidad, obviamente, de todas las bancadas. Es un caso representativo.

Contra la posición original de la senadora y dirigente formal del PRI Ruiz Massieu sobre ese asunto, todos los gobernadores priistas dieron su aval a la iniciativa.

Por mera ley de gravedad, las legislaturas de los estados, por el mismo procedimiento, le dieron el grado de constitucionalidad a la Guardia Nacional. Nuevamente, las líneas originales de las dirigencias nacionales fueron anuladas. Es, en esos dos carriles, donde se percibe que la unidad de mando partidista ha sido dinamitada.

Nadie quiere pelearse con la cocinera

El dato que se subraya, es que los gobernadores priistas, panistas, el único perredista, el de Michoacán, y el independiente de Nuevo León, están comiendo de la mano de López Obrador. La regla doméstica es que no hay que pelearse con la cocinera.

En la lógica de gobernar por consensos, la operación que llega a la unanimidad, aunque sospechosa, es legítima. La cuestión es que las bases sociales que le dan soporte a esos partidos ni reciben ni aceptan explicación sobre el cambio de rieles de la noche a la mañana.

La percepción de descarrilamiento de los tres partidos nacionales nombrados, es lo que da aliento a los demandantes de nuevos registros partidistas.

La fórmula no cambia de ingredientes: Más de lo mismo

El INE, en la revisión de las solicitudes de nuevos registros, más temprano que tarde entrará en la fase de cotejar las listas de presuntos afiliados a las formaciones solicitadas contra el padrón del Registro Federal de Electores.

Pronto se confirmará que dichas listas tienen nombres duplicados o triplicados vis a vis con los padrones de los miembros efectivos de los partidos sobrevivientes; captura inconsulta de credenciales de elector, que implica robo de identidad, y la inclusión de ciudadanos muertos.

Al final de la jornada rumbo a 2021, el diagnóstico será conclusivo: Por usos y costumbres, más de lo mismo. Todo diferente para que termine todo igual. Es cuanto. 

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