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Juárez, Reyes Heroles, Colosio…

El lecho de Procusto

Por Abraham García Ibarra

Lejos del mundanal parloteo electorero que obstruye cualquier posibilidad de entendimiento entre mexicanos, nos reservamos un primaveral minuto de intimidad para hacernos acompañar por don Justo Sierra y escucharlo:

¡Gran padre de la Patria, viste el triunfo de tu perseverancia, de tu obra, de tu fe; en ese triunfo te dejamos; en esa luz de apoteosis perdurará tu memoria!…

Todos estamos contigo; el día que el Pacificador, el gran adversario de tus postreros días de lucha, llevó reverente a tu mausoleo la corona del recuerdo nacional, todo lo pasado quedó en la sombra y surgió definitivamente al sol tu ideal y tu gloria.

Sea el símbolo de unión y concordia; sea un ara en que fraternicemos los mexicanos. Todavía será perturbada la paz del reposo augusto, que ganaste bien, perenne batallador; pero no podrá arrancar nadie tu nombre del alma del pueblo, ni remover tus huesos en tu sepulcro. Para llegar a ellos será necesario antes hacer pedazos la sagrada bandera de la República, que te envuelve y te guarda.

Sólo añadiremos dos signos de identidad y comunión: Indio de Guelatao y Restaurador de la República. ¿Se puede ser más? Más que le pese al grupo dominante de la hora, Benito Juárez García ¡Vive!

El que postuló el Estado Social de Derecho

El 21 de marzo, es de renacimiento. El 19 de marzo, de reflexión patriótica:

“Una sociedad sólo se conserva en la medida en que puede cambiar, pero, a la vez, sólo cambia en la medida en que puede conservar: Quienes no conservan algo del pasado, difícilmente conservan algo para el futuro”.

Postuló y fue congruente con su postulado El Estado social de derecho. El lunes acudimos al Panteón Francés de la Ciudad de México. Nos hubiera parecido un despropósito ver ahí a algún dirigente del PRI renacido, el que ha sepultado su pasado.

Probablemente, escribió el grande don Jesús Reyes Heroles, el medio en que vivo y actúo me induzca a creer que México no tiene en su historia un lastre por abuso, ni le aqueja la amnesia por desuso.

Murió el ilustre pensador tuxpeño en 1985. Carlos Monsiváis dijo de él: “Hombre profundamente inteligente, obsesionado con la importancia de las ideas en la vida de la Republica, que de hecho careció de interlocutores políticos y que fue muy oído y escasamente escuchado, que fue muy admirado y escasamente analizado. “Extraño destino”.

No se demande a los actuales hombres del PRI recordar a uno de los más insignes abogados de la política de altura. Ellos, a falta de pensamiento, tienen el spot. Este recurso no alcanza ni para mantenerse a flote en la política de cabotaje. Esta navegación teme perder de vista la costa.

El del Cambio con Responsabilidad

Hace 24 años se puso a prueba la racionalidad política en México. Al vivo bramido del oleaje oceánico, llegamos al puerto de Mazatlán, Sinaloa. Acompañábamos entonces al candidato presidencial del PRI, Luis Donaldo Colosio.

Viejo conocido de la familia porteña, el sonorense llegó jubiloso a las bases que tenían tibia en sus cabezas aquella expresión de dos semanas antes: ¡Veo un México con hambre y sed de justicia!

La raza le hacía escolta y coro cuando, fuera de itinerario, se propuso recorrer las colonias precaristas de las familias mazatlecas que le anunciaban el voto para agosto. No asistiría el candidato a la cita en las urnas. Fue eliminado a plomo el 23 de marzo de 1994.

El discurso de Colosio en ceremonia diferida del aniversario del PRI (6 de marzo), es una de las piezas oratorias fundamentales para diseccionar el México que estaba siendo puesto tras las rejas por la primera generación neoliberal.

Cambio con responsabilidad”, había anunciado el Hombre de Magdalena de Kino. El que había sido líder del PRI y secretario de Desarrollo Social. Por eso pudo pulsar el hambre y la sed de justicia, de cerca y con el infelizaje.

Los que pavimentan el retorno a la era del orangután

Ahora, todo se reduce a dictar epitafios tricolores a los mitos y dogmas que los mexicanos profesaron desde la primera Insurgencia, en la Reforma y en toma de armas en 1910. Las tres revoluciones de las que el PRI se dijo alguna vez depositario.  

No más “mitos” ni “dogmas”. Ahora, la oferta priista es la del fundamentalismo: Las supersticiones neoliberales.

Los que cambian “sin conservar algo del pasado”, ni se compadecen del presente ni tienen noción de lo que debe ser el futuro. El cambio inmediatista e irreflexivo, lo dijo don José Ortega y Gasset, pavimenta el retorno a la era del orangután.

No es, lo anterior, una regresión a la filosofía humanista que, por lo demás, sigue en la orden del día de todo un Estado soberano y socialmente responsable: Es un diagnóstico de la Sociología Política que describe aquí el estado que guarda la República. La que restauró Juárez.

Notas, pues, para meditar sobre los idus de marzo. Es cuanto.

VP/Opinión/EZ

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