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Juntos, mujeres y hombres, damos vida a la vida

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

La Escuela de las Américas de El Pentágono (EU) ganó reputación como alma mater de no pocos militares golpistas latinoamericanos. En se plantel fue entrenado por marines estadunidenses el teniente guatemalteco Marco Antonio El Chino Yon Sosa, para operaciones de contrainsurgencia.

Por su origen chino se le identificó como militante maoísta. Mantuvo cercanía con Jacobo Árbenz Guzmán, general secretario de la Defensa de Guatemala y actor en la Revolución de 1944

Conocido como soldado del pueblo, Árbenz Guzmán alcanzó el poder presidencial. Entre otras reformas, impulsó la agraria, en un país anclado en una economía feudal.

En 1954 fue derrocado por un golpe de Estado maquinado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en defensa los intereses colonialistas de la bananera United Fruit Company, mejor conocida como Mamita Yunait.

Yon Sosa siguió la línea libertaria: Comandó el Movimiento Revolucionario 13 de Noviembre (1960), que catalizó la unidad de las Fuerzas Armadas Rebeldes. En mayo de 1970 sucumbió en Chiapas, México.

Lo que nos mueve a ese ejercicio memorioso es que, entre los simpatizantes del movimiento guerrillero guatemalteco apareció una joven burguesa mexicana residente en los pedregales del sur de la Ciudad de México. En estricto rigor, ni siquiera se preocupó de ocultar en la clandestinidad su activa solidaridad.

La sinaloense Silvia Millán Etcheagaray, mujer sin par

El 2 de diciembre de 1974 fue ejecutado el legendario guerrillero mexicano Lucio Cabañas. En su mochila de combate se hallaron escritos del académico y militante de izquierda sinaloense, Fausto Burgueño; obviamente, cuestionador del sistema político mexicano.

Del acopio de proclamas del guerrerense aparece una casi inadvertida: La protección de los bosques mexicanos y el derecho de las comunidades indígenas al usufructo de sus recursos naturales.

En las montañas de Guerrero vimos a otra paisana de la que nos sentimos autorizados a consignar su nombre: Silvia Millán Etcheagaray.

La economista dedicó sus empeños a la defensa de Los de Abajo. Abogó por los derechos históricos de la comunidad Triqui, de Oaxaca como lo hizo con los indígenas sinaloenses.

En los bosques de Guerrero denunció y combatió a caciques de cuello blanco priistas que, por influencias políticas en el centro, se aplicaron a la depredación de las riquezas forestales en aquel estado.

Fue delatada a cuerpos de seguridad federales por “compañeros” de partido, sedicentes militantes de izquierda. Las amenazas a su vida no la arredraron; siguió hasta el fin de sus fecundos días.

Las Margaridas y las mapuche en Brasil y Argentina

Las luchadoras sociales descritas no emplearon el antifaz de feministas. Recordamos a esos personajes cuando, en 2019, vemos en Brasil la valiente lucha de las mujeres indígenas, cuya identidad de combate es Las margaridas, en homenaje a una de las lideresas precursoras de la defensa de La Amazonia.

Han bajado esas mujeres de las selvas y los bosques brasileños, desafiando ahora a la dictadura del militarote Jair Bolsonaro.

En Argentina, como en Chile, seguimos las movilizaciones reivindicatorias de las mujeres mapuche en combate contra las trasnacionales de la energía y de los minerales preciosos, aupadas ahora por el presidente neoliberal Mauricio Macri, dispuestas -las trasnacionales- a apropiarse de los recursos naturales y devastarlos hasta alzarse con el último dólar de ganancias.

Una voz femenina de Las pampas nos gratifica: Ahora entendemos la lucha de nuestros hombres, perseguidos, desaparecidos o muertos en defensa de una economía argentina soberana y social.

Posiblemente no alcanzamos a escucharla, pero no conocemos una expresión de solidaridad del feminismo mexicano con aquellas heroicas mujeres; insumisas, si las hay, en la Gran Lucha social.

Puesto pie en Argentina, leemos un ensayo de la doctora Yohana Castro Bibiano: Académicas politécnicas en las ingenierías y ciencias físico-matemáticas: Encrucijada científica y configuración genérica.

El texto es editado por la revista Universidades, órgano de la Unión de Universidades de América Latina y el Caribe (UDUAL). Bellos cuadros de mujeres ilustran el número 77 correspondiente a julio-septiembre de 2918.

Adela Formoso de Obregón Santacilia

Cambio de página: En la 63 nos guía este título: Adela Formoso de Obregón Santacilia/ Un antecedente feminista en la fundación de la UDUAL.

“Hace 70 años, en 1949, una mujer se paró frente a una sala llena de hombres a compartir sus palabras para presentar su universidad y, sobre todo, el porqué de la creación de la misma”.

La precursora y fundadora de la primera Universidad Femenina de México, lanza su suave espada oratoria: Nosotras las mujeres decimos que, juntos hombres y mujeres damos vida a la vida. Es por eso que las mujeres estamos deseando colaborar en todos los problemas humanos. Adela Formoso aclara que su universidad no forma competidoras sino colaboradoras.

Cita a Aristóteles: El único Estado estable, es aquél en que todos los ciudadanos son iguales ante la ley.

Pues sí, hay de mujeres a mujeres. Es cuanto.

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