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La falacia, motor de espejismos económicos

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

En el ejercicio del poder público –entre más alto, más peligroso-, no es recomendable que los jefes ejecutivos de la administración suelten a la ligera determinadas expresiones, pues los subordinados del oráculo en turno las toman a título de fe.

No te preocupes, Rosario, hay que aguantar, es un consejo de Enrique Peña Nieto que se volvió viral hace unos cuatro años.

Entonces la destinataria de esa conminación fue Rosario Robles Berlanga, titular de la Secretaría de Desarrollo Social; todavía lo es, ahora, de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano.

En la segunda quincena de octubre, la funcionaria ex presidenta nacional del PRD compareció ante las cámaras de diputados y de senadores. Aunque relativamente despreocupada, sin embargo respondió a sus interlocutores, ora agresiva; ora autocomplaciente.

El principal cuestionamiento a Robles Berlanga fue sobre La Estafa maestra, según fue llamado coloquialmente el reporte de resultados de indagatorias contables practicadas sobre el gasto público por la Auditoría Superior de la Federación (ASF); para el caso, de la Sedesol.

En otros graves peritajes de la ASF que involucran a otras secretarías del gabinete presidencial, incluso con vistas a la Procuraduría General de la República, los funcionarios imputados -salvo excepciones en que se ha procurado reparar los entuertos- han respondido con desenfado o no han respondido a los requerimientos de aclaración, confiados en la impunidad.

Lo del 17 por ciento recuperado en poder adquisitivo por el salario

Quedamos en que lo que dice la mano, dice la tras. Verbigracia: La presidencia de la República blasona de los “máximos históricos” en materia de creación de empleos y asegura que van acompañados de Seguridad Social y otras prestaciones sociales y económicos.

El dato más recurrente en esos alardes es que, durante el actual sexenio el poder adquisitivo del salario ha recuperado un 17 por ciento. Resulta claro que ese porcentaje equivale a la suma de los irrisorios incrementos anuales autorizados por la Comisión Nacional de Salarios Mínimos.

Titular y funcionarios de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social se hacen eco de esas falacias.

Esa secretaría es cabeza de sector de algunos entes auxiliares. El Comité Nacional de Protección al Salario, por ejemplo. Todavía en estos días, de madrugada como para que nadie la vea, se trasmite una barra presentada como Mundo laboral.

El poder adquisitivo no alcanza ni para un pasaje en micro

Bajo los auspicios de ese comité, en esa emisión se difunde un spot en que se ve a un trabajador intentando abordar un microbús. No lo hace, porque sólo dispone de dos monedas de dos pesos cada una. No alcanza a pagar el importe del pasaje.

Cambia la locación y el mismo trabajador está frente a un puesto de verduras: Solicita por kilos tomate, cebolla, frijol. Abre la billetera y solo exhibe un billete de veintes pesos. Obviamente deja la mercancía.

Los de Protección al Salario le ofrecen la solución: Una tarjeta de descuento, cuyo uso no es gratuito ni la amortización del débito, por supuesto.

Salario mínimo: 13.7 por ciento menos en poder de compra

Existe por ahí un estudio que da seguimiento a la relación poder adquisitivo del salario-costo de la canasta básica alimentaria desde 1946, año en que se fundó el PRI. La investigación tiene como fuentes varios entes estatales.

Saltamos hasta 1987, año del sexenio en que empezaron a gobernar los tecnócratas neoliberales.

Aun en ese año de referencia, el salario mínimo alcanzaba para adquirir 11 kilos de frijol o 54 kilos de tortilla o seis kilos de huevo o cinco pares de calzado etcétera. Un año antes, la inflación se había instalado en 159 por ciento.

Con inflación fluctuante entre cuatro y casi siete por ciento, datos actualizados nos indican que, en el sexenio, hasta finalizar 2016, el salario había perdido ya poder de compra por 13.7 por ciento respecto del costo de la canasta básica alimentaria. En 2017 continuó la congestión adquisitiva.

Energéticos, disparadores de la galopante inflación

A propósito de inflación, indicadores del Banco de México apuntan que un factor inflacionario son los aumentos a la tarifa de consumo de energía eléctrica.

En todo el país hay incesantes movilizaciones populares en protesta contra los cobros excesivos. En el área metropolitana se denuncian aumentos de entre 150 a 200 por ciento en los recibos bimestrales de consumo doméstico.

A medio sexenio se reconocían abultados déficits operativos de la Comisión Federal de Electricidad con Enrique Ochoa Reza, y Petróleos Mexicanos, con José Antonio González.

La Secretaría de Hacienda se lanzó al salvataje y convirtió en deuda pública el déficit pensionario de ambas empresas “productivas” del Estado.

Las calificadoras extranjeras no quitan la mira de esas dos empresas, preocupadas por su inestabilidad financiera a partir de que se implantó la Reforma Energética. O acaso desde antes.

CFE: “Fuerte y vigorosa; competitiva y capitalizada…”

No obstante, orondo, el director general de la CFE, Jaime Francisco Hernández Martínez hace sus propios montajes mediáticos. En el más reciente, declaró como timbre de orgullo un balance financiero sólido, representado por un superávit de 18 mil millones de pesos… a lograr en el mes que restan a la actual administración.

Entregaremos a la próxima administración, anunció Hernández, una CFE fuerte y vigorosa; competitiva y capitalizada. Extrañas y poco pitagóricas las cuentas: Hasta septiembre, la CFE había acumulado pérdidas del orden de 37 mil millones de pesos. Sin embargo, el burócrata habló y se quedó tan campante.

No debió quedarse así: La incómoda aguafiestas Auditoría Superior de la Federación, apenas arrancando noviembre reveló que, según sus compulsas contables, entre otras cosas, la CFE incurrió, de acuerdo con la Cuenta Pública de 2017, en el desembolso de seis mil 900 millones de pesos en pagos a transportistas de gas natural -vía gasoductos-para entregarlo a 14 centrales eléctricas que no han sido licitadas o que, de plano, ¡no están en operación!

Y eso es que no se ha entrado al negocio del carbón para centrales eléctricas, que sigue siendo una mina de oro en la explotación de yacimientos en regiones del norte de México. El llamado cártel del carbón opera desde Coahuila.

En Pemex, huachicol de cuello blanco

(En la misma revisión de 2017, la ASF encontró que la filial de Pemex-Comercio Internacional se fue por la libre en el manejo de las fórmulas para colocar crudo mexicano en veinte países, registrando valores distintos al de facturación, violentando los objetivos de control interno establecidos por el Consejo de Administración. Pero esta es otra historia.)

No te preocupes, Hernández y ¡ay reata no te revientes, que es el último jalón! Es cuanto.

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