Voces del Periodista Diario
Abraham García Opinión

La generación del ni los veo ni los oigo

Sinfonía Telúrica

Por Abraham García Ibarra

Obligatorio o voluntario, el confinamiento nos permite explorar algunos tópicos que -en la normalidad- no ocupan nuestra mente. Verbigracia, como es absolutamente probable que se trastorne la agenda de conmoración en 2021 del quinto centenario de la caída de La Gran Tenochtitlan, podemos dedicar unas líneas al Siglo de oro español. De mucho oro americano. Hasta la fecha.

Proponemos como referencia sobre aquella época, Ladrones de tinta, sabrosa obra que hace dos décadas conocimos en México con crédito a Alfonso Mateo-Sagasta. Parte la narrativa del supuesto plagio de una segunda parte de El Quijote de la Mancha, de Cervantes. Puede el lector identificar, en la lectura del libro, a los presuntos implicados.

De aquellos tiempos, por nuestra parte, recuperamos la memoria de Juan Ruiz de Alarcón y su libreto La verdad sospechosa. Pero, para efecto de esta entrega, acomoda mejor Lope de Vega, en cuya técnica literaria el parlamento de los actores está dispuesto para engañar con la verdad.

El anterior párrafo merece una acotación: Alguien puede sostener cosas totalmente falsas y no pasa nada. Cuando el emisor apela al dolo, lo que se propone perversamente es engañar a sus interlocutores.

La gramática política partiendo de La Cantante Calva

Damos el salto y nos encontramos con La cantante calva, de Eugene Ionesco, ingenioso manipulador de los disparates. Entramos entonces al teatro del absurdo.

Hoy estamos sumergido en el teatro del absurdo mexicano por obra y gracia de las redes sociales, que propagan toda suerte de “verdades sospechosas”. Y algunos se tragan las indigestas ruedas de molino.

La brillante e irreverente generación del Ateneo de Angangueo

Cambio de página: Hubo una vez en México, con un sangriento corte en mayo de 1984, el memorable Ateneo de Angangueo, cuyos “miembros de número” eran preferentemente comentaristas políticos en medios impresos: Los más temibles y temidos en la escena pública. Agresivos, pero ilustrados.

Las figuras señeras de tal institución -campeona en lides de la sátira- fueron don Manuel Buendía y Carlos Monsiváis. Su “jurado de premiación” otorgaba periódicamente galardones a los personajes públicos más Babalucas.

Colocados en el umbral del neoliberalismo, contra aquellas voces no alineadas en Los Pinos se creó la figura de un gatillero encubierto en el seudónimo  Pedro Baroja. Tiro por viaje, las críticas de aquellos verdaderos líderes de opinión eran atacadas desde las cumbres pinoleras.

En el primer sexenio confesamente neoliberal, contra la resonante oposición parlamentaria el oráculo exclamó: Ni los veo ni los oigo. El depositario de estas cómodas ceguera y sordera tuvo un cronista exclusivo con pretensiones de biógrafo que lo presentó a sus lectores: El político que engaña con la verdad. (Je je je).

Falló la tentativa de civilizar la lucha de los contrarios

Desde entonces, la iniciativa de civilizar la lucha de los contrarios legislando la Gran Reforma Política fue desnaturalizada para inaugurar el herradero. Los fierros ardientes se disparan a mansalva sin derecho a réplica.

En el periodo de imposible transición democrática, la práctica ordinaria de los herederos de la generación del Ni los veo ni los oigo, fue el linchamiento mediático de los críticos del sistema y del grupo dominante.

De súbito, a partir de 2018 -y desdenantesaquellos linchadores de terceros han recargado su valor y consumen sus energías como combatientes por la libertad contra el poder surgido de la revolución electoral pacifica de hace dos años: Cuides sus frases, Presidente.

En las recientes tres semanas, se han dado las manifestaciones populares en Jalisco contra el represor gobernador Enrique Alfaro Ramírez -para más señas, voluntarioso precandidato presidencial para 2024- y los motines de sedicentes anarquistas en la Ciudad de México. Aquellos agudos “comunicadores” han encontrado en Palacio Nacional las fuentes de incitación.

Un llamado a los fanáticos “a que nos  rompan la madre”

En estos días, ha circulado por las redes sociales un manifiesto anónimo convocado a un frente amplio para echar de Palacio a su inquilino.

Sobreviviente de la generación del Ni los veo ni los oigo, un nervioso aludido como presunto firmante de aquella arenga asegura que ésta fue redactada por el equipo presidencial y encuentra el móvil: Es un llamado a sus fanáticos a que nos rompan la madre.

Existe un alto grado de frustración e impotencia en esas actitudes y lo motiva el hecho de que los francotiradores no han podido catalizar las aisladas resistencias en una unidad orgánica. La impaciencia se exacerbó después de la marcha automotriz de hace dos semanas, en que la escasez de concurrentes exhibió la multitudinaria ausencia de los propietarios de automóviles.

Quieren tomar el poder viendo al pueblo como manada acéfala

Preciso es aclarar que, en la categoría de francotiradores, no incluimos a partidos como el de Acción Nacional -entidad de interés público, según su naturaleza constitucional- ni a los activistas de la Confederación Patronal de la República Mexicana, cuyo estatuto legal se funda en el artículo 123 de la Carta fundamental, ni a los voceros de las minoritarias bancadas en el Congreso de la Unión y otras voces institucionales.

Como sea, la sucesión presidencial adelantada de 2024 ya está a caballo (más propiamente dicho, en automóvil), pero algunos madrugadores la acometen desde la perspectiva de una manada acéfala, a la que sus arreadores no pueden meter en su corral.

Como carecemos de aptitudes para redactar un manual electoral de Política para principiantes, seguimos dándole una segunda lectura al ameno Ladrones de tinta, del maese Alfonso Mateo-Sagasta. Es cuanto.

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