Voces del Periodista Diario
Abraham García Opinión

La Gran Feria Electoral de 2021 ya está aquí

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

En una fase previa, la cuenta regresiva ya se inició. Dentro de 110 días, el Instituto Nacional Electoral (INE) levantará el primer telón: Dará a conocer a los actores que se incorporan a la escena política. No se puede decir que nuevos, porque algun@s tienen años en las carteleras y, a decir verdad, como protagonistas; no de reparto. Van por su segunda o tercera vuelta: Más de lo mismo.

En esa misma fase, la Cámara de Diputados lanzó la convocatoria para seleccionar candidatos a cuatro sillones en el Consejo General del INE. Hicieron cola legiones de desempleados. Ayer, al menos 20 postulantes ya fueron descartados por el Comité Técnico de Evaluación: Pretendieron hacer topillo.

En las semanas que corren, asimismo, en Coahuila e Hidalgo se emprendieron ejercicios de escoleta para elegir diputados y alcaldes.

En 2021 el potencial electoral será de 95 millones de ciudadanos

El gran paquete de 2021 involucra propiamente al espectro total nacional: Eventualmente, podrían aparecer en el listado nominal del Registro Federal de Electores unos 95 millones de mexicanos con derecho a votar. Apenas unos 40 mil, con derecho a ser votados, incluyendo los independientes.

La carpa central se extiende sobre las 32 entidades federativas en variadas dimensiones: La principal, el cambio de gobernadores, con uno en la cuerda floja en espera de sentencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación: El de Baja California, Jaime Bonilla Valdez (Morena). Una consulta informativa al Tribunal Federal del Poder Judicial de la Federación lo puso ya en remojo, determinando que su periodo es de dos y no cinco años como lo pretende el empresario bajacaliforniano.

La segunda dimensión abarca, con las gubernaturas como platillo fuerte, Congresos estatales y gobiernos municipales, en cuyo caso el escenario se extiende a Baja California Sur, Campeche, Chihuahua, Colima, Guerrero, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, Querétaro, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas.

Los signos vitales de los partidos actualmente en el poder

En ocho estados, el PRI se juega, literalmente, su supervivencia. El PRD sólo espera su acta de defunción en Michoacán, irónicamente el estado que gobernó, abanderado por el PRI, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, fundador del Sol Azteca.

El PAN peleará por conservar su supremacía en cuatro entidades y en Nuevo León todos le tiran a ocupar el lugar del ex priista independiente, Jaime El Bronco Rodríguez.

La tercera dimensión, sólo con congresos y alcaldías comprende la Ciudad de México, Chiapas, estado de México, Guanajuato, Jalisco, Morelos, Oaxaca, Puebla, Tabasco, Veracruz y Yucatán.

Fenómeno bicéfalo en el PRI: Un dirigente real y uno de facto

A propósito del PRI el proceso, ya sobre rieles, tiene dos apostadores para 2024, año de sucesión presidencial: El ex gobernador de Campeche -con licencia- y dirigente nacional, Alejandro Moreno Cárdenas, y el gobernador del estado de México, Alfredo del Mazo Maza.

El campechano tiene en el 21 un reto descomunal: De los resultados depende el oxígeno requerido para validar sus aspiraciones presidenciales. El mexiquense, sería el segundo Del Mazo buscando la conducción constitucional de la República, después de que Alfredo del Mazo González se quedó a la vera del camino en 1987.

Del Mazo Maza tiene como hándicap en su galope dos señales: 1) Está ejerciendo virtualmente la dirección alterna de su partido, al menos en el ánimo de algunos gobernadores correligionarios, y 2) Está a partir de un piñón con el líder de la cuarta transformación.

La piedra de toque de 2021: Revocación del mandato presidencial

La cuarta dimensión -que, en estricto rigor debiera ser la primera- implica la elección de la LXV Legislatura federal en la morada de San Lázaro.

El elemento indicativo es que, de los 500 componentes de la LXIV legislatura, la mayoría pretende su reelección para un periodo inmediato. El de 2021-2024.

Proceso electivo el anterior, no es de poca monta: El primer domingo de junio del año próximo, el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) está exigido de renovar su mayoría en San Lázaro, para darle soporte legislativo a la agenda de la cuarta transformación.

La cuestión es saber si, de aquí a septiembre-octubre, Morena salió del hoyo negro en que cayó a causa de la pugna por la dirigencia nacional, obligada la segunda interina, por mandato del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, a convocar al Congreso Nacional para salir del subversivo in pase desde hace más de un año.

La expectación pública, sin embargo, no la provoca la futura legislatura federal: La concentra la consulta popular concurrente en la que el inquilino de Palacio Nacional se juega la permanencia en su recinto.

Los partidos actuales: O cabrestean o se ahorcan

El grueso del contenido recapitulado responde a las exigencias de orden constitucional, por cuyos resultados velan los árbitros electorales federales y los organismos electorales estatales de las 32 entidades federativas.

El otro aspecto toca el régimen interno de los partidos actualmente en la lid y los que se incorporarán el 30 de junio próximo.

Desde esa atalaya, la percepción es la siguiente: El PAN difunde la impresión de que tiene una jefatura nacional hasta ahora estable. El PRD se debate entre la vida y la muerte. El Movimiento Regeneración Nacional requiere una vacuna contra la anarquía interna. La profilaxis es imperativa. El PRI, como Lázaro, espera un Jesús que lo resucite.

Los partidos satélites, el Verde Ecologista, del Trabajo, el saltarín Movimiento Naranja y Encuentro Social están a la caza del pato para incorporarse a la alianza que mejor les convenga. Se cita al partido Encuentro Social porque conserva una razonable cuota de representación en las cámaras del Congreso y sus propietarios esperan recuperar su franquicia en la paleta que se está horneando en los fogones del INE.

Se estima que en 2021 habrá unos seis millones de nuevos votantes, lo que elevaría el padrón y el listado nacional a más de 95 millones de electores. Si bien les va en la compulsa de sus padrones de miembros efectivos, la suma total actual de afiliados reales de los partidos con registro, apenas da al conjunto para unos cinco millones de votos duros.

Sólo un voto hará la diferencia: Se va o se queda

En 2018, la participación electoral alcanzó una curva superior a los 53 millones de votantes. De esa suma, la alianza Juntos Haremos Historia, aportó a la candidatura de Andrés Manuel López Obrador más de 30 millones de sufragios: Poco más de 53 por ciento.

Dadas las dimensiones del proceso de 2021, en cuanto toca a la elección intermedia de diputados federales, con la que concurre la consulta sobre la permanencia de López Obrador en Palacio, el desafío es sumar al menos la mitad de la votación más uno para evitar la revocación de mandato.

En vías de mientras, los maliciosos compradores de encuestas electorales hacen su optimista conteo conforme otras que miden el grado de aprobación del Presidente. Dado los registros a partir de 2006, pocos son los que meten las manos al fuego por los resultados de esos ejercicios demoscópicos. Son el INE y el TEPJF los que tienen la última palabra. El segundo, con sentencias definitivas e inatacables.

Si a las encuestas vamos, algunas recientes revelan que los partidos políticos, con los sindicatos, están por debajo del 4 por ciento en materia de confianza pública. Es cuanto.

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