Voces del Periodista Diario
Héctor Chavarria Opinión

La historia de la primavera ¡Oh la alegría!

Esquina escéptica

Por Héctor Chavarría

Es el tiempo de estar alegres, o por lo menos eso es lo que se supone debiera ser.

Tradicionalmente nacen las florecillas, reverdecen los campos, desaparece la nieve y se despiertan los deseos sexuales, alguien con elegancia dijo que se “anda como pollino en equinoccio” más a la mexicatl: “como burro en primavera”.

         Y, a todo esto ¿qué es la primavera?

         Una de las cuatro estaciones del año, será la respuesta inmediata, la cual astronómicamente se inicia entre el 20 y 22 de marzo, no el 21 como cree mucha gente (en realidad es una fecha más o menos variable), que corresponde a los meses de marzo, abril y mayo (en nuestro hemisferio norte), porque en el austral corresponde a los meses de octubre, noviembre y diciembre, los interesados en saber exactamente cuando comenzará la primavera este año, o el siguiente, con o sin benemérito, pueden consultar a cualquier departamento de astronomía, de paso se entera uno de cosas harto interesantes.

         El 21 de marzo lo que si se celebra es el natalicio del Benemérito Benito Juárez, quien no lo fue tanto pues quería vender el país para ser reconocido, solo que los gringos no quisieron… pero esa es otra historia, que algunas personas en este país pretenden ignorar en este sexenio, anteriores y con seguridad futuros; mismas que  preferirían festejar el natalicio del fundador del Opus Dei o algo así…

         ¡Qué bueno que ignoran que Mussolinni se llamaba Benito por el “benemérito”, no por uno de los mininos de Top Cat o Don Gato, al cual aún no creaban Hanna & Barbera!

         De cualquier manera, la primavera, o las primaveras porque hay dos —según el hemisferio—, son la época en la cual la vida reverdece después del arduo y matador    invierno: se inicia el deshielo, los brotes salen de su letargo y hay otra vez flores, el verde sustituye la monotonía de la nieve, el ciclo rejuvenecedor continuará durante el verano y comenzará a morir en el otoño.

Los ritos de fertilidad

Desde los tiempos más primitivos los seres humanos tuvieron que notar el cíclico cambio de climas y como era lógico, dado su poco conocimiento trataron de explicarlos mediante el pensamiento mágico. Así pues crearon mitos, dioses y diosas para tratar de explicarse lo que estaba ocurriendo, y de todas las estaciones (aunque no sean las de Vivaldi), la más notoria es la primavera pues representa el cambio de la dureza a algo más dulce y sus efectos son notorios.

De hecho durante mucho tiempo sólo se consideraron dos estaciones en el año, la cálida que se inicia con la primavera y la fría que da comienzo con el otoño, y en la realidad así es en bastantes sitios del planeta, excepto en Yucatán, donde hay calor siempre, pero claro allá todo es diferente.

         Así pues no debe extrañar a cualquiera que ese cambio de clima hacia temperaturas más amigables, fuera relacionado con la fertilidad. Y dado que son las hembras las que paren y las que en el pensamiento mágico tienen el poder de dar vida, fueron inventadas diosas de la fertilidad.

         Por supuesto, los homenajes a las diosas tenían que ver con el sexo, y por consiguiente con la alegría… también eran practicados por jóvenes.

         Y si las parejas jóvenes se ayuntaban… porque estaban dándole un impulso a la naturaleza: mágicamente estaban ayudando a la vida, no sólo en lo que tenía que ver con ellos sino con todo su entorno.

         De acuerdo con la magia homeopática lo que los humanos hagan incide sobre las fuerzas de la naturaleza y de ahí que los ritos de fertilidad se efectuaran en los tiempos en los que la naturaleza salía del letargo invernal. Por supuesto estas sanas costumbres paganas, no fueron muy bien vistas —obvio—, por los cristianos, cuya principal y única característica ha sido siempre la de padecer un aburrimiento severo y permanente.

         Del cual pretenden todos lo compartan.

         Los “universales” son peores, además de su tedio endémico: son represores y quieren obligar a todos a sufrir como ellos o sea: te vas al cielo buey, aunque no quieras. Claro en ese sentido de la represión, los musulmanes les ganan en todos los sentidos.

         Incidentalmente los paganos tienen su origen en la palabra latina pagus que significa campo. Cuando el cristianismo e inmediatamente el catolicismo que es otra cosa muy diferente y bastante más fea, se volvió la religión oficial de Roma, los creyentes en los antiguos dioses se refugiaron en los campos para continuar ahí sus cultos.

Al hacerlo así, recibieron de los nuevos dueños de la “verdad” y la deidad, el nombre de “paganos” y se les persiguió asiduamente.

En la actualidad muy pocos conocen el origen de la palabra y algunos excursionistas no dejan de preguntarse si ellos, por esto de ir al campo, no serán también “paganos”.

Quien esto escribe no tiene problema: soy dionisiaco, discípulo de Baco, aunque teniendo mucho cuidado con las discípulas pues estas tenían la encantadora costumbre de ponerse hasta las chanclas con vino fuerte —o sea sin rebajar con agua— y, luego salir a castrar a cuanto hombre cayera en sus manitas.

         Pero, como con muchas cosas, fueron los griegos quienes dieron su verdadera dimensión a los ritos de la primavera.

         Y esa dimensión tuvo que ver con el sexo pero también con los primeros ritos realmente importantes hechos con drogas alucinógenas.

El camino de Eleusis tenía que ver directamente con la primavera, con la fertilidad, el sexo, la alegría del renacimiento y las mujeres, básicamente las mujeres.

El camino femenino

Las mujeres en la Grecia antigua eran consideradas poco más que un mueble, carecían prácticamente de cualquier derecho, excepto el de dar hijos, atender a sus maridos y permanecer en sus casas cuidando que todo estuviera bien.

No faltan machines actuales que deploran que tal estado de cosas cambiara.

         Pero a pesar de que los griegos no tomaban en cuenta a las féminas existían diosas en el Olimpo y el mismísimo Zeus, era asediado a veces por los celos (bastante justificados) de su esposa Hera, la cual por su parte parecía tener bastante mal carácter, además de que no fue la única esposa, hay que aclararlo, el buen Zeus era polígamo y algo travieso.

         Las diosas, como es de suponer, no eran lo que se dice muy solidarias con las mujeres mortales, en realidad no parecían importarles, ellas estaban únicamente interesadas en sus propios asuntos.

Y había diosas para muchas cosas (los griegos eran muy imaginativos), en especial para asuntos muy femeninos como la belleza, la pasión, los celos y las bellas artes…

         Entre esa variedad de diosas destacaba la buena Démeter: (la madre tierra), diosa de la fertilidad de los cereales, la tierra y de los granos, dispensadora de alegría y buenas vibraciones. Ella se encargaba de que las cosas marcharan bien en un mundo muchas veces atribulado por debilidades y desgracias.

Deméter regulaba el clima y mantenía las cosas marchando cual relojito.

         La diosa era asimismo la patrona del pan (del pan de trigo, no de acción nacional) y fue bautizada por los romanos como Ceres

Hoy su nombre lo lleva una luna de Saturno, para los interesados en la astronomía.

         La Deméter fue, incidentalmente la cuarta de las esposas del tal Zeus y con él tuvo una hija, muy bella, muy gentil… chulísima la condenada, llamada Core: (doncella) y después Perséfone: por razones que veremos en breve…

Y con ella se inicia la leyenda, tal y como la contó el buen Homero: —el griego no el de los Addams y menos de los Simpson—, en el siglo VII a.C.

         La fraulein Core se deleitaba paseándose por los campos floridos que su madre hacía reverdecer, porque en esa época no existía más que una estación idílica y los hombres eran felices con este estado de cosas…

Pero andando por el campo, la nena fue vista por su tío, Hades: señor de los infiernos y amo del inframundo, el tal Hades, enamorado hasta la ignominia de su sobrina, frenó su carro tirado por caballos de color serio y, más rápido de lo que se cuenta: atrapola, subiola al carro y llevola de volada a los infiernos donde procedió a hacer con ella lo que se estila en estos casos de rapto, levantón & estupro

Las súplicas de la niña cayeron en oídos sordos o sirvieron para excitar más al Hades y como quien dice el asunto; consumose y, repitiose ad libitum.

         Deméter mientras tanto buscaba como loca a su hija sin buen éxito y luego de nueve días de esto, mientras el torvo Hades, cual legionario de cristo, se despachaba a gusto con la niña en el sótano, el sol se apiadó de Deméter y le contó el chisme.

         La diosa enfureciose, desesperose y trató de rescatar a su hijita, pero esto ya no fue posible porque el pérfido Hades había hecho que la ahora conocida como Perséfone —o sea, al ya no ser virgen, la nueva señora de feroz, léase del Hades—, comiera diario la fruta de los infiernos (la granada no la que seguro pensaron) y, ya bien drogada la chicuela no podía abandonar los infiernos ni al lúbrico del Hades.

         Deméter, ahogada por la pena, abandonó todo, incluido el Olimpo: y, el clima idílico desapareció.

         Después de un lapso algo largo y bastante desagradable, Zeus habló con el Hades y luego de algún tiempo llegaron a un arreglo: Perséfone visitaría a su madre en el mundo de los vivos por una temporada (algunos dicen que medio año) y pasaría el resto del tiempo con su esposo en el inframundo.

         Obvio, al regresar Perséfone, Deméter mostró su alegría haciendo reverdecer el mundo a la manera antigua, pero al regresar la ex nena a cumplir con sus deberes conyugales la Deméter caía en la apatía y venía el clima feo. De cualquier manera el mundo se las arregló: se había salvado, aunque con su racha difícil.

         Por consiguiente el regreso de Perséfone a la tierra era festejado con todos los ritos de fertilidad posibles y la alegría subsiguiente.

Otro camino: La droga

Dentro de estos festejos destacan por su carácter único en la sociedad griega las festividades que han llegado hasta nosotros con la denominación de “el camino de Eleusis”, y es así porque estas fiestas y actividades exclusivamente femeninas tuvieron un carácter único en aquellos días.

         A la llegada de la primavera, las usualmente sometidas mujeres griegas realizaban una peregrinación al templo de Eleusis, para honrar ellas a su manera a Deméter y Perséfone, al sitio no podían entrar hombres bajo pena de algunas cosillas peores que la muerte, que les harían las indignadas féminas (equivalentes entonces de las feminazis), con unos cuchillos afiladísimos, al parecer la amenaza era tan en serio que aún siendo tan machos, los griegos (incluidos espartanos), ni se acercaban. Las bacantes en la tierna Roma imperial, al parecer heredaron la desagradable costumbrita de castrar, durante las fiestas en honor a Baco, las bacanales.

         Lo interesante es que durante los ritos las mujeres consumían el cornezuelo del trigo el cual es una droga potente y es obvio que debían pasársela muy bien. El asunto parece ser, hasta donde se sabe, el único ejemplo de uso de drogas con fines rituales en la Grecia antigua.

Mucho de lo que ahí ocurría (ritos obviamente relacionados con la fertilidad, pero muy posiblemente también con la homosexualidad femenina), sigue siendo hasta ahora un completo misterio.

         En las duras condiciones de Siberia, los ritos relacionados con la primavera tenían bastante que ver con los chamanes, los cuales ingerían el hongo amanita muscaria y luego de funcionar ellos como una especie de filtro daban a beber su orina a los adeptos convertida ahora en una droga potente que ha sido conocida por la palabra griega como soma. En América los chamanes de por acá también usaban hongos alucinógenos, pero aquí hay variedades para dar y prestar, no así el amanita pues la variedad americana no es alucinógena sino venenosa.

Este es el hongo característico (muy bonito por cierto) que suele asociarse con los duendes, los pitufos no panistas y otras criaturas de la imaginación antigua y moderna.

Las estaciones u horas

Los romanos, herederos de los griegos en muchos aspectos siguieron con estas tradiciones primaverales pero ya adaptando o modernizando el asunto. Para ellos las estaciones eran tres a las cuales llamaban horae, palabra de la cual luego se desprendió el término hora, que no tiene tanto que ver con los romanos y su sistema decimal sino con el sistema sexagesimal de los caldeos y babilonios, los mismos que inventaron las babosadas del horóscopo en las que tantos aún creen, pero esa es otra historia

Las tres horae tal y como las conocían los griegos, eran hijas de Zeus, quien parece haber tenido genes dominantes X (o sea sólo tenía hijas), conocido por los romanos como Júpiter y la sexy Temis, al parecer apodada en griego Thermis, de Thermo, caliente. Las niñas se llamaban Eunomia, Dice y Eirene, lo cual significaba disciplina, justicia y paz…

Los atenienses quizá para fastidiar y confundir a los demás las llamaban Talo, Auxo y Carpo, palabras que significan; brotar, crecer y fructificar.

Para ellos las diosas presidían la naturaleza en todas sus funciones y siendo las encargadas de regular las cosas, las consideraban como generadoras del orden social.

         Ahora bien para hacer honor a sus mentores griegos y poner algo de pimienta al asunto, los romanos crearon el mito de Flora.

Esta era una ninfa que paseaba por el campo (suena familiar) cuando la vio Céfiro (el dios del viento, aquí en los EUM sería Ehécatl el Quetzalcoatl del viento) quien rápido como tal –el Céfiro—, y al calificado estilo del Hades se fue sobre la chiquinena, con claras intenciones pedofilas, que le hubiera envidiado un fundador de los legionarios de cristo y cualquier cura de parroquia.

Atrapola, jalola, levantola y llevola a un sitio oscurito y… Telón.

         Consumado el acto y para consolar a la ex doncella, el dios le concedió el honor y placer de reinar sobre las flores y de ser la encargada de hacer reverdecer todo.

Los romanos dieron a Flora el mes de abril de su calendario para sus festividades.

Las flores de oriente

Los ritos y tradiciones de la primavera se han celebrado en todas las culturas antiguas y el Oriente no es la excepción.

Para los japoneses la flor de la primavera es la camelia (tsubaki en japonés), y hasta la fecha siguen allá las discusiones sobre el origen de la palabra y la tradición, unos se empeñan en afirmar que todo tuvo su origen en Japón, otros dicen que en China, algunos señalan Corea, para furia de japoneses y chinos. Los lingüistas buscan y buscan y dan todo tipo de explicaciones que sería bastante inútil repetir, porque además ni a ellos ni a nosotros explican algo…

         En lo único en lo cual si están de acuerdo es que la bella camelia es el símbolo de la primavera y también de la longevidad, los lazos de amor, del feliz matrimonio, de la fortuna, la victoria y la felicidad. Todo ello para una flor.

         El kanji (símbolo chino, en japonés el mismo, pero con diferente sonido) significa la unión de árbol y primavera; tsubaki. Incidentalmente uno de los nombres femeninos más bonitos es Hanako que significa “niña flor” hana; flor ko; niña y que resultaría de lo más primaveral.

Unas camelias serían un bonito regalo para la mujer amada, previa explicación de lo que esto significa, claro…

Equinoccios y vacaciones

Desde los años treinta del siglo pasado nuestros vecinos del norte tienen la costumbre (por lo menos los estudiantes) de tomarse unas breves vacaciones de primavera a las que llaman spring breack, estas han sido anatemizadas por los viejos y conservadores como algo obsceno, llevadas al cine y comentadas en todos los tonos, pero la verdad aunque es como un remanente de las festividades griegas, son bastante inocentes, hoy muchos de esos vacacionistas nos caen a nosotros para gozar de nuestras playas y demás y de paso dejarnos algunos dólares y harta basura.

         Lo que si se ha vuelto una costumbre es ir a recibir a la primavera o equinoccio a la ciudad de Teotihuacan el 21 de marzo (día del natalicio de Juárez) con las consiguientes aglomeraciones. Cada quien recibe a la primavera como cree o como puede, pero los grupos de la “mexicanidad” suelen ser los primeros en llegar a la cúspide de la Pirámide del Sol para celebrar sus ritos.

Hace unos años, cuando nosotros guerreros Coatlpoxtli, estábamos haciendo la siembra de nombres (el equivalente mexicatl del bautizo) a varios bebés, llegaron algunos individuos citadinos, con turbantes blancos a solicitar abandonáramos el sitio, porque ellos querían homenajear al “gran Baba”, a Lopsang Rampa, y el Ramhagranuja, la Yonivagina Chidhanalga Bhramaputa, y los infinitos hijos de Rajputana y Lignamlisto, (puros dioses de la India), o algo así…

Los representantes de la nación mexicatl los miramos feo, y con algo así como asco, la verdad.

Y enseguida se levantaron algunas voces, entre ellas la nuestra: solicitando-sugiriendo-exigiendo perentoriamente, que se agarrara enseguida de ser posible ayer, a algunos de los enturbantados esos, empezando por el Baba ese…

Y, en buena hora y onda chida, pudiéramos ofrecer algunos corazones frescos al buen Señor Huitzilopoxtli.

Que entendíamos, andaba algo sediento a esas horas…

         Los seguidores del Rampa del Baba y de la Chidhanalga, abandonaron el sitio en cero segundos cerrados, o sea hicieron mutis no muy discretamente; usando las escaleras casi como rampa, sin la más mínima atención a sus traseros, pero definitivamente si, en bien de su salud, cuando vieron relucir los cuchillos de obsidiana mexicatl

         Y es que: ¡Ah, la primavera!

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