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La Independencia de México, una quimera

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

Conforme los intereses dominantes en cada época y el humor de cada nuevo inquilino de la Casa Blanca, la otrora ejemplar y emulada democracia de los Estados Unidos, cantada hace dos siglos por Tocqueville, ha sido desnaturalizada en sus principios y sus fines, haciendo abstracción de su disolvente impacto sobre la soberanía de los Estados, aun los aliados, expuestos a la ley del más fuerte.

Es el baldón tatuado sobre la independencia de aquellos pueblos que, por designios de Washington, son codificados como sujetos de su “área de influencia”, en cuyo caso sobran sedicentes líderes latinoamericanos que no honran su juramento constitucional de velar por los intereses nacionales.

Tenemos hoy mismo regímenes constitucionales en la región, donde no se mueve la hoja de un árbol si no pasa por el palomeo previo del ocupante en turno del Salón Oval de la Casa Blanca.

Los mexicanos que permanecen en sus lugares de origen y aun los residentes con diverso estatuto migratorio en la Unión Americana celebran en septiembre el 209 aniversario de la declaración de Independencia de México.

Dos siglos y el incendio sigue consumiendo generaciones enteras

Rituales en los que predomina cierta inclinación al folclor, exaltado por los medios de comunicación, en especial por los audiovisuales, se pierde en la noche de los tiempos el significado trascendental del Grito de Dolores. Lo retomamos en esta ocasión de la Oración Cívica de don Gabino Barreda, desde el altar de la República restaurada. Citamos:

“En presencia de la crisis revolucionaria que sacude al país entero desde la memorable proclamación del 16 de septiembre de 1810; al considerar que, después de haberse conseguido el que parecía fin único de este fuego de renovación que cundió por todas partes; quiero decir, la separación de México de la Metrópoli Española, el incendio ha consumido todavía dos generaciones enteras y aún humea después 57 años.

No podemos avanzar a capricho de influencias providenciales

“Un deber sagrado y apremiante surge para todo aquél que no vea en la Historia un conjunto de hechos incoherentes y estrambóticos, propios sólo para preocupar a los novelistas y a los curiosos; una necesidad se hace sentir por todas partes, para todos aquellos que no quieren, que no pueden dejar la historia entregada al capricho de influencias providenciales, ni al azar de fortuitos accidentes, sino que trabajan por ver en ella una ciencia, más difícil sin duda, pero sujeta, como las demás, a leyes que la dominan y que hacen posible la previsión de los hechos por venir, y la explicación de los que ya han pasado.

“Este deber y esta necesidad, es la de hallar el hilo que pueda servirnos de guía y permitirnos recorrer, sin peligro de extraviarnos, este intrincado dédalo de luchas y de resistencias, de avances y de retrogradaciones, que se han sucedido sin tregua en este terrible pero fecundo periodo de nuestra vida nacional”.

Terrible periodo, denuncia don Gabino Barreda, que políticos mezquinos o de mala fe pretenden arrojarnos al rostro como un cieno infamante para mancillar nuestro espíritu y nuestro corazón, nuestra inteligencia y moralidad, presentándolo como una triste excepción o evolución progresiva de la humanidad

Sólo a la luz de la razón y la filosofía, apunta don Gabino Barreda, entenderemos que aquel “terrible periodo” es una representación de nuestro inmenso drama nacional.

No encontramos aún la brújula que nos lleve a puerto seguro

Siglo y medio han transcurrido desde que los mexicanos escucharon aquella oración cívica, después de la revolución de Independencia y de la gran reforma liberal del siglo XIX. Pasamos por la tercera transformación, la revolución de 1910 y sus mandatos condensados en la Constitución de 1917.

Nuestro inmenso drama nacional permanece sin solución de continuidad. El próximo 27 de septiembre, algunos emisarios del pasado repetirán la leyenda del verdadero consumador de la Independencia de México y lo recordarán bajo palio en la catedral metropolitana.

Desde el llano, los mexicanos no ven señales de que la cuarta transformación se dé un verdadero proyecto fundado en la teoría y un corpus ideológico, ni siquiera un partido consolidado, que reconstruyan el camino a la verdadera independencia nacional. Con mera retacería retórica no se llega a ninguna parte. Es cuanto.

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