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La jauría se lanza sobre nuevos registros partidarios

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

En el inicio del invierno argentino de 1971, de una visita reporteril a Buenos Aires conservamos la siguiente cabeza periodística: Los militares, enfermos de soledad.

Estaba en turno en la Casa Rosada, nombrado por el Ejército, Alejandro Agustín Lanusse Gelly. Los medios norteamericanos le daban bola como restaurador de la democracia.

Es que su antecesor, el gorila Juan Carlos Onganía había declarado proscritos los partidos políticos, como dos años después lo haría el golpista Augusto Pinochet en Chile.

Al reabrirse el registro de comités de partidos en Argentina en 1971, en aquellos días se contabilizaban más de un centenar de solicitudes de todos colores y sabores. A tanta abundancia se le consideraba el restablecimiento de la democracia.

Medio siglo después, con la llegada del tecnócrata neoliberal Mauricio Macri, en aquella República se respiran fétidos tufos fascistas. La transición, pues, fue flor de un día.

Se abre el apetito a 102 solicitantes de nuevas franquicias

El tema nos viene a ocasión ahora que el Instituto Nacional Electoral (IFE) ha abierto el registro de solicitudes para la adquisición de nuevas franquicias partidarias. Para finales de semana, ya se tenían recibidas 102 peticiones de franquicia. Más las que se acumulen esta semana, como en los Pronósticos Deportivos.

La cuestión es que, a partir de 1997-2000, los exegetas de la transición democrática han creído que, a más partidos, hay más democracia. La ecuación, sin embargo, no se compadece de la calidad de la democracia “a la mexicana”.

En primer lugar, el resultado de la proliferación de partidos ha sido la judicialización de la política.

Los órganos jurisdiccionales en materia electoral no se dan abasto para recibir, revisar y sentenciar tanto litigio que se genera antes, durante y después de cada proceso electoral constitucional:  En el interior de los partidos, entre partidos, de partidos contra la autoridad electoral administrativa, en las salas superiores enmendando la plana a institutos o consejos estatales y a los tribunales electorales de los estados, etcétera.

Partidos corporativos, familiares; todos tras la rebanada del pastel

En segundo lugar, el Instituto Federal Electoral y ahora el INE han favorecido discrecionalmente con franquicias a partidos de visible factura corporativa, otros de interés absolutamente familiar y a agrupaciones que difícilmente cumplen con la normatividad y terminan cancelados en su primera incursión electoral por no obtener la votación mínima para su revalidación y acaban por largarse con el santo y la limosna, apropiándose del patrimonio financiado con los subsidios públicos.

Si de perfeccionar la democracia “a la mexicana” se tratara el INE debiera cuidarse de poner la carreta delante de los bueyes.

Hartazgo de la democracia representativa; se clama por la directa

El clamor surgido desde el sexenio pasado, es que es hora de que el sistema dé el salto de la democracia representativa a una democracia participativa.

Después del 1 de julio de 2018, los consejeros del INE están aferrados a que se le incremente sustancialmente el subsidio público en tono de chantaje, como está ocurriendo desde el otoño pasado con miras a los procesos de 2019.

Hasta ahora, cuando el nuevo Congreso de la Unión ha entrado a su segundo periodo ordinario de sesiones, no se tiene noticia de que el INE se haga cargo de promover la reforma política integral que regule, de veras y a fondo, las odiosas prácticas de los partidos, tanto en su régimen interno como en la lucha de los contrarios en el campo constitucional.

Más partidos son detonantes de la conflictividad electoral, negocios de unos cuantos, liquidación de instituciones que, mal que bien, han dado apariencia de legitimidad al régimen electoral.

Lo que a final de cuentas resulta de la abundancia partidista es anarquía, primera excusa para colocarnos en el umbral del fascismo. Es cuanto.

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