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La mediocracia le ha fallado al grupo dominante

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

Como en el periodo de la sociedad fluctuante en la primera mitad del siglo XIX mexicano, estamos parados entre un régimen que se niega a morir y otro que no acaba de nacer.

En ese periodo empezó a gestarse el Estado mexicano y, en la segunda mitad del siglo, la consolidación de la República.

En el interregno abierto el 1 de julio de 2018, una conclusión preliminar conduce a la percepción de que el establishment -dicho con más propiedad en nuestra lengua, el grupo dominante– fue herido, pero sigue vivito y coleando, ejerciendo, como los ahorcados, el derecho al pataleo.

Los resultados del 1 de julio, la transición presidencial y el arranque del nuevo gobierno nos permiten la hipótesis de que la mediocracia le ha fallado al grupo dominante.

Por grupo dominante entendemos oligarquía; en su fase superior, plutocracia. Ambos conceptos aplican a la Política y a la Economía.

Por mediocracia, entendemos el conjunto de medios de comunicación concebidos -para efecto de este tema- para el condicionamiento y direccionamiento de la intención del voto en elecciones constitucionales.

Líderes de opinión, bocas de ganso, cajas de resonancia…

Al servicio de la mediocracia están una legión de sedicentes líderes de opinión, sus bocas de ganso y una deliberada y rigurosa selección de cajas de resonancia, básicamente electrónicas.

En la definición de líderes de opinión se encuadran académicos, investigadores -con cierto prestigio en sus nichos-, comunicadores, etcétera.

En el siglo pasado encontramos que el oficio periodístico fue rebasado por el uso Ciencias de la Comunicación. Comunicación: “Lo que es común” al conglomerado social. A la mexicana se dice que, como la avenida de La Reforma, se recorre de ida y vuelta. Aquí nada más de ida: De trasmisores a receptores, si bien el proceso ha sido desarticulado por las redes sociales.

Los intelectuales orgánicos devenidos mutantes

En el viejo régimen, su pretendida legitimación se confió en los denominados intelectuales orgánicos. En el salto al Estado Tecnocrático Neoliberal, los orgánicos pasaron a la condición de mutantes conforme las alternancias en el poder presidencial.

Esos intelectuales mutantes se han arrogado la paternidad del supuesto de la transición democrática.

Existe algo de desconcierto en los postulantes de ese concepto político. Por lo que se colige después del 1 de julio de 2018 y aun antes, la sociedad electoral se hartó de la democracia representativa y ha reclamado, al grito de ¡Ya! la democracia participativa.

En cierto modo, ese imperativo ideal está en embrión en el texto constitucional que, teóricamente, regula, verbigracia, la consulta popular, la iniciativa ciudadana, etcétera.

El depositario insustituible de la Soberanía Nacional

Diríamos que los anteriores derechos condensan el principio establecido en el artículo 39 de la Carta fundamental que, al señalar que la soberanía nacional radica esencial y originariamente en el pueblo, reconoce al pueblo, en todo tiempo, el inalienable derecho a alterar o modificar la forma de su gobierno.

La consulta popular, sin embargo, se limita a ciertos temas que, por añadidura, quedan sujetos al criterio del pleno del Tribunal Constitucional, que la niega en aquellos casos en que afectan el interés del Estado, como ocurrió, por ejemplo, con la Reforma Energética en 2015-2016.

Si esas resistencias a la aspiración democrática se dan en el seno del Poder Judicial de la Federación, la obviedad es que las autoriza el propio mandato constitucional, que otorga a las instancias jurisdiccionales esas facultades.

Los poderes fácticos en acción contra los constitucionales

Otra cosa son los poderes fácticos. Éstos actúan primordialmente en el ámbito económico, el más pugnaz de los constituyentes del Grupo Dominante.

De la mediocracia hizo eficaz uso el régimen para emprender en los ochenta las llamadas reformas estructurales; en el sexenio pasado, denominadas transformadoras.

En un periodo presidencial intermedio (1994-2000), el jefe del Poder Ejecutivo hizo abstracción de la mediocracia. Ésta volvió por sus fueros –y privilegios– a partir de 2000.

Colocamos en negritas, privilegios, habida cuenta de que, en el sexenio 2000-2006, los concesionarios de medios electrónicos, mediante un sorpresivo decretazo, fueron liberados de la obligación de reservar tiempo-aire a los fines del Estado, a valor equivalente a un porcentaje de las contribuciones al fisco.

Prácticas oligopólicas atentan contra el derecho de las audiencias

Paralelamente, se fueron dando pasos para fracturar el conocido duopolio televisivo, abriendo el arco a nuevos jugadores en el mercado sin lograrse, no obstante, las prácticas oligopólicas ni reconocerse los derechos de las audiencias.

Los grupos dominantes en el universo de las telecomunicaciones mexicano, son infaltable presencia entre las 34 marcas que controlan el mercado especulativo en los pisos de remates de la Bolsa Mexicana de Valores.

Hace diez años, dicho a manera de ilustración, ingresó a la competencia un poderoso grupo norteño que, como los metropolitanos, tiene el control de medios electrónicos e impresos, y la comercialización de ciertos deportes.

Las nuevas concesiones o permisos otorgados por el Estado para la explotación de bienes públicos se han explicado como oportunidad al ejercicio ciudadano de la Libertad de Expresión y el Derecho a la Información.

La paradoja: Desde los pisos televisivos y las redacciones de ese corporativo se corrió a firma un decreto de facto por el que más de 600 personas físicas y morales pactaron una tácita autocensura de determinados contenidos editoriales.

Todavía el año pasado, fue denunciado públicamente por sus competidores otro corporativo trasnacional, con matriz en México, por operar sin concesión o permiso del Estado servicios de televisión tanto restringida como abierta.

El Estado Tecnocrático Neoliberal, devino Estado fallido

La narrativa, pues, abarca medio siglo en que la mediocracia cobró cartas de naturaleza en México.

Ha estado al servicio de los intereses creados en la cruzada por mantener intocado el orden establecido, ejerciendo presión sobre la sociedad votante para frenar cualquier opción de cambio político y económico.

En última lectura, ¿ha servido la mediocracia a esos fines voluntaria o compulsivamente asumidos? Nos parece que la respuesta se puede dar en unas cuantas palabras: El Estado Tecnocrático Neoliberal ha devenido Estado fallido, según tipología de agencias de Inteligencia extranjeras. Es cuanto.

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