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La muerte: ¿amiga o enemiga? Tan natural que ni se siente

Mitos y Mitotes

Por Héctor Chavarría

“¿Morir, dormir, tal vez soñar?”

Hamlet, Shakespeare

La muerte no puede ser tan terrible; los muertos no se quejan

H. Newhouse

Muerte, sólo hay una, así que disfrútala” dicen los taurinos.

Y agregan: “es mujer, así que hay que conquistarla”. Incidentalmente eso mismo dirían los montañistas aunque ellos además la escalan.

Pero eso, es otra historia

De cualquier manera y amén de lo que se diga, la muerte es compañera de la vida desde el momento que nacemos comenzamos a morir, pero el saberlo no suele servir de consuelo a la mayor parte de las personas.

Y es lógico. Lo único que cualquier ser humano conoce realmente es la existencia, la vida, ese periodo a veces muy corto entre oscuridades: de la tumba del útero, al útero de la tumba. Es un bonito juego de palabras no del todo exacto; porque ni el útero es una tumba ni la tumba un útero, pero ejemplifica el hecho de que venimos de la oscuridad, de la no-conciencia, y nos dirigimos inexorablemente hacia lo mismo. La diferencia estriba en que, aunque no tenemos conciencia de nuestra llegada, simplemente un día nos damos cuenta de que existimos, de que estamos vivos… la muerte es diferente porque ahí se da el paso, con conocimiento (a veces con harta renuencia), y es el paso hacia la gran negrura.

Y, a pesar de ser algo tan simple y tan lógico, tan natural… se le teme a ese pequeño paso que todos daremos algún día, sin importar si somos ricos o pobres, bellos o feos, buenos o malos, si vivimos en un palacio o en una pocilga, si somos creyentes o ateos. Nos toca a todos. La muerte es la gran igualadora.

Y al mismo tiempo borra todo, sólo quienes hicieron grandes cosas, buenas o malas, permanecerán en la historia y en el recuerdo… nosotros personas comunes sólo seremos un recuerdo de algunos, por un tiempo.

Y, siendo tan común… y tan comúnmente aterradora, cada persona y cada cultura ha dado o tiene un enfoque diferente ante ella. Es curioso que siendo una mujer la que nos trae al mundo, se le haya dado una personalidad femenina al fenómeno encargado de “sacarnos del mundo”, pero esa es sólo una de las contradicciones y datos curiosos sobre la “dama enlutada con guadaña”.

Incidentalmente, el símbolo de la guadaña, herramienta usada para la siega, fue acuñado durante la edad media, hacia finales del “milenio oscuro” porque se quería representar a la muerte como una segadora que se llevaba a todos sin importar clase o edad. Era la época de las grandes y terribles epidemias que diezmaron a Europa, entre otras cosas porque la superstición en la brujería hizo creer a los ignorantes que las “brujas” tenían como familiares” (ayudantes demoníacos) a gatos negros así, para salvaguardar las almas hubo terrible matanza de gatos, sin importar su color.

Quizá las brujas se quedaron sin familiares, lo cual carecía de importancia, pero al acabar con los gatos proliferaron las ratas y, esos bonitos roedores, que los aún más bonitos mininos mantienen a raya, transmitían la peste.

Un caso clásico de cuidar un alma y descuidar el cuerpo.

Por supuesto los imbéciles odia gatos también se murieron. Lo cual representó un caso de justicia “bíblica”.

Y un regocijante ejemplo de hasta donde puede llegar la ignorancia.

Claro no sólo fue la matanza de gatos lo que originó la proliferación de la peste, también fue la falta de higiene, Hollywood insistió en una época en mostrar la edad media y el renacimiento deslumbrantes, pero la verdad nos sería difícil imaginar el grado de suciedad en el cual vivía la gente en aquellos días: no se bañaban, rara vez se cambiaban la ropa (para eso inventaron la ropa interior, para no ensuciar la externa), no había drenaje ni servicios sanitarios y los médicos eran carniceros, bueno, hasta la fecha hay algunos que pero en fin, cosas del Sector Salud.

Pero retomando el hilo de la muerte, con o sin médicos somos los únicos seres vivos que, a causa de nuestra inteligencia, parecemos tener conciencia clara de nuestro tránsito por la vida, y el destino final que nos aguarda, y como deseamos seguir existiendo tememos a la muerte más que a ninguna otra cosa, entonces buscamos o bien la manera de negarla, o la esperanza en premios y castigos en “otra vida”.

El conocimiento de la muerte dio origen a las primeras ceremonias fúnebres, a miedos irracionales y a la invención de creencias y religiones.

Ya los prehumanos dieron muestras de preocuparse por los muertos realizando los primeros entierros conocidos con ofrendas para el paso del occiso “al otro mundo”. Entre más crecía el conocimiento humano y sus civilizaciones se volvían más avanzadas, los ritos mortuorios adquirían preciosismo, como en el caso de la cultura egipcia cuyos monumentos y momias han llegado hasta nosotros.

Pero no sólo los egipcios, en América las culturas andinas crearon momias espectaculares y algunos pueblos como los Chachapoyas (gente de las nubes en quechua), colocaron a sus muertos momificados en tumbas colocadas en las paredes verticales de altos riscos, como si quisieran mezclar ritos mortuorios con montañismo extremo, aún ahora resulta difícil imaginar como pusieron a sus muertos en algunas de esas paredes.

El intento, a veces muy exitoso, de conservar el cuerpo para la posteridad fue uno de los primeros intentos de vencer a la muerte, no dio resultado, pero por lo menos nos permite en la actualidad saber mucho más acerca de estas culturas ya desaparecidas.

En el siglo pasado, como un adelanto de ciencia ficción, se creó la técnica de la criogenización la cual consiste en congelar lo más rápidamente posible al muerto fresco para conservarlo entero, la esperanza es que en un futuro incierto exista la técnica para revivir a esas personas y que de esta manera la muerte haya sido burlada… los daños permanentes que la congelación súbita con hidrógeno líquido produce, tienen sin cuidado a quienes están dispuestos a pagar miles de dólares por un ataúd harto original posiblemente los antiguos egipcios y los Chachapoyas pensaban lo mismo, la técnica ha cambiado, los seres humanos no gran cosa.

Algunos afirman que entre las personas congeladas de esta peculiar manera se encuentra el célebre Walt Disney, como una versión futurista de la bella durmiente. Nadie puede afirmar que esta técnica pueda llegar a funcionar alguna vez, pero la esperanza es capaz casi de cualquier cosa.

Los pueblos guerreros, como corresponde a quienes están en contacto frecuente con “la pelona” han idealizado a la dama de negro e incluso la han considerado el más alto ideal, la meta de la vida, desde los espartanos a los mexica, los guerreros han buscado a la muerte a través de la guerra, darla y recibirla, en este último caso, incluso con placer.

Como nos muestra la historia, los pueblos guerreros han nacido en la guerra y muerto en ella, ya no hay espartanos ni mexica, sus peanes y caracolas callaron hace mucho tiempo, pero nos dejaron el recuerdo de sus hazañas, de su frío desprecio a la muerte, de la guerra florida, el fiero valor, el estoicismo, el sacrificio y, la gloria del combate.

Para los mexica, el más alto honor era la muerte en combate o en la guerra florida, para las mexica, la muerte en el parto, que era la guerra de las mujeres.

El guerrero (a) valiente, tras la muerte honrosa acompañaría al sol en su diario recorrido, hasta que el Señor Huitzilopoxtli lo considerara necesario y luego regresaría a la Tierra Como un colibrí, para beber el néctar de las flores las cuales eran, por cierto, aquellas guerreras muertas en honra.

Bello, poético eróticamente provocador.

Para los guerreros de Cuauhtémoc estaría reservado el último honor de luchar hasta la muerte por su orgullo, su ciudad y su nación, cayeron hasta el último hombre y luego fueron sus mujeres quienes empuñaron las macanas tintas de sangre y marcharon hacia el final, con los pechos orgullosamente al aire y gritos de reto, desprecio y guerra, al son de los postreros teponaxtlis y las últimas caracolas.

Con seguridad después se convirtieron en flores, pues antes muertas que esclavas. Así mueren los magníficos y las magníficas. Colibríes y flores de Anáhuac.

El código guerrero, cualquier código guerrero, prescribe la muerte antes que el deshonor, porque una vida sin honor, con la cabeza gacha del esclavo no merece ser vivida. Así, el guerrero muere peleando, o le pide a un digno enemigo que lo mate.

Antes de encabezar la última lucha contra los persas en las Termópilas, el rey guerrero espartano Leonidas ordenó a uno de los 300 de su guardia (que para entonces ya no eran 300), que regresara a Esparta a decir como se moría con la túnica roja, el hombre obedeció muy contra su voluntad y claro sobrevivió. Para la dureza espartana que prescribía que fueran las madres quienes entregaran al hijo su escudo con las palabras:vuelve con él o sobre de él” sobrevivir a una derrota era ignominioso y el pobre hombre quedó deshonrado… en un raro acto de piedad, le fue concedido encabezar la primera carga en la siguiente batalla, lo hizo con lágrimas de agradecimiento y cayó, como era de esperarse; quedó reivindicado.

Los japoneses, al igual que los mexica, anteponen el honor a todo.

Hoy Japón ya no guerrea, pero lo hizo de manera espléndida durante siglos, el código de conducta samurai, el bushido (camino del caballero) prescribe honor, honor y después de ello; honor. Otra cosa hubiera sido impensable. Durante siglos los samurai llevaron sus katanas con honor en las batallas, o se rajaron el vientre con ellas antes de ser capturados vivos. Ante la tecnología y la imposibilidad de una lucha al estilo antiguo, muchos de ellos cambiaron la katana por el avión. Fueron los kamikaze (viento divino) y se lanzaron con fría y fiera sonrisa sobre los buques de sus enemigos, con sus poemas funerarios atados a la cabeza.

Escribieron una epopeya de fuego, honor y muerte en los cielos del Pacífico. Poesía efímera de valor contra una barrera de plomo… algunos hicieron blanco, los suficientes para aterrar a los estadunidenses.

Como los mexica su esfuerzo fue inútil, pero bello. Y cualquier guerrero, en cualquier parte del mundo, no puede sentir por ellos más que admiración y respeto. El Japón de entonces perdió la guerra, pero algunos de sus mejores jóvenes se elevaron al cielo con alas de plata, y cayeron envueltos en llamas sobre sus enemigos.

El guerrero vive para la muerte, y ésta por definición debe ser violenta.

Así como hay un impulso primario hacia la vida, lo hay hacia la muerte puede parecer un contrasentido, pero para el guerrero en derrota, el enfermo terminal o alguien cuyos objetivos han desaparecido, la muerte no es algo para temer sino para desear. Desgraciadamente la sociedad empuña argumentos gazmoños contra aquel que “atenta contra su vida” olvidando que, si bien la vida puede ser considerada sagrada, también es sagrado el derecho de cada quien… de disponer de ella, a fin de cuentas, la vida es lo único realmente nuestro. Y, ¿si no puedo disponer de lo mío, entonces de que dispongo?

El suicidio y la eutanasia han sido condenados por el cristianismo, al mismo tiempo que de paso, condena todo aquello que puede hacer la vida deseable… pareciera que esta religión desea tener a la gente más muerta que viva, para que aliente la esperanza de “otra vida” esa si gozosa, aunque su panorama de “gozo” no tenga nada que ver con el gozo real: perpetua castidad y alabanzas a la deidad por la eternidad… no parecen ser cosas que alienten la inteligencia y mucho menos el placer.

Así pues la iglesia, esa iglesia que no es la única, condena renunciar a la vida y niega el derecho de cada cual de poseer su existencia, lo cual es condenar a estar muerto en vida… curiosamente, después del famoso incendio de Roma, fueron los propios cristianos los que se atribuyeron el hecho… sabían que la justicia romana los iba a matar, fueron por su propia voluntad hacia la muerte, ahora se les considera santos aunque no se sabe cuantos… pero ¿no eran en realidad suicidas?

Nadie ha regresado de la muerte para platicarnos como es más allá, así que es de suponer, en estricta lógica, que no existe el “más allá”, claro que el folklore está lleno de relatos al respecto, fantasmas, aparecidos, almas en pena, los temores irracionales de los que se hablaba al principio. Un muerto está muerto y punto. Nadie ha podido establecer el asiento del “alma, espíritu” o como se llame. Se supone que es insustancial, carece de peso, masa u sustancia o sea no es algo. ¿Entonces que es?

Semejante ente, cosa o como quiera llamársele, esencia tal vez… no tiene sitio definido, no hay demostración de que se “desprenda” nadie le ha visto. ¿Si su asiento es el cuerpo, como sobrevive cuando el cuerpo muere? Pero supongamos que “algo”: el “alma” se desprenda al momento de la muerte… ¿qué pasaría? Cuando se pensaba que algo sin masa, etc., podía permanecer en un sitio, se carecía de conocimientos, era pensamiento medieval. Ahora sabemos mucho más ¡por fortuna! Y lo que pasaría, por simples leyes de física elemental a algo sin peso, masa o sustancia: la Tierra se mueve, no está quieta como se creía antes ¡recuerden a Galileo! (al cual la perspicaz iglesia católica ya “perdonó” después de unos cientos de años). Entonces la pobre “alma” pasaría a través de la materia ni más ni menos que a la velocidad de traslación del planeta… y saldría por algún otro lado. Algo sin masa no puede ser atraído. Así pues, el “alma” se quedaría en el espacio y nada de que siquiera pudiera “regresar” a la Tierra… porque, cuando el planeta volviera en su órbita después de un año, no pasaría por el mismo lugar todo el sistema solar se está moviendo, junto con la galaxia… así pues todos los trayectos del planeta estarían marcados por “almas” vagabundas en el cosmos. ¡Pobres almas abandonadas!

¿Así que dónde quedan los fantasmas y las almas en pena?, pues obvio, en ninguna parte fuera de la imaginación humana. La cual nutre a los cuenta cuentos y a los escritores de leyendas y por otra parte es muy sabrosa. Entre las cosas divertidas está el hecho de que en México se celebre el Halloween o fiesta de brujas, como si fuera el día de muertos… esta festividad celebrada en este país católico aparece en el índice de tal iglesia, como la cuarta fecha del calendario satánico, en realidad es una festividad de origen celta practicada en los países anglosajones… pero como por aquí quieren parecer gringos… Las fechas de noviembre si son realmente mexicanas, aunque no totalmente católicas, aunque coinciden con la festividad de “todos los santos” simple coincidencia, por si quieren enterarse.

La verdad es que la muerte ha sido y seguirá siendo tema de muchas cosas, miedos y anhelos, que seguirá sirviendo de pretexto para vender esperanzas y será considerada por muchos como una “puerta” hacia algo mejor no importa si creen en deidades judeocristianas o en extraterrestres. Los únicos que la miran objetivamente son los tanatólogos, los encargados de pompas fúnebres y los ateos: como estudio, negocio y como divertida. Para estos últimos, que llevan ventaja, la muerte es dormir sin sueños para siempre, lo cual es muy consolador. A fin de cuentas, es algo tan natural que ni se siente, y en el peor de los casos, como dijo aquel a quien iban a fusilar: “será un dolor pasajero”.

Pero claro, en nuestro México, la muerte es más que eso: ¡es una fiesta! Pero eso; es otra historia

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