Voces del Periodista Diario
Abraham García Opinión

La otra pandemia que nos pasa de noche

Sinfonía Telúrica

Por Abraham García Ibarra

A mitad de los ochenta, se instituyó en México el Índice Metropolitano de la Calidad del Aire. Cuando se inició el registro de las “conversiones climáticas”, algunos jocosos describieron el fenómeno: Otro ataque de los imecas. La broma está costando en calidad de la salud a los pobladores de las áreas metropolitanas del país: Más de 40 millones de mexicanos.

Los gobiernos posrevolucionarios otearon el ominoso futuro, y desde la década de los cuarenta lanzaron la precursora Ley de Conservación de Suelos y Agua, inscritos estos elementos desde el Constituyente de Querétaro del 17 como propiedad de la Nación.

En el mandato de Miguel de la Madrid, se creó en 1982 la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología y en 1987 se emitió la Ley General de Equilibrio Ecológico. La denominación de esa dependencia mudó a Secretaría de Desarrollo Social, acompañada por el Instituto Nacional de Ecología. En 2000, cobró estado administrativo la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.

Para entonces, había corrido más de medio siglo de esfuerzos legislativos en la materia cuando, en la segunda mitad de los setenta, empezó a describirse al Distrito Federal como una macrocefalia.

Puras chambas para los amigochos del Presidente en turno

Como ocurre en el sector público, los entes listados fueron puestos en manos de amigochos, carentes de toda formación en esas disciplinas especializadas. Los imecas alcanzaron la dimensión de seres extraterrestres ingobernables desde la perspectiva de una burocracia ahíta e improductiva.

Tenemos ahora el dato de que la contaminación ambiental del planeta causa la muerte de casi 4 millones de personas cada año.

La peste de la contaminación, producto de actividades económicas depredadoras -ilustra el desolado paisaje en México la industria extractiva– afecta especialmente a pueblos de ingresos bajos y medios. Los segmentos más vulnerables son los ancianos y los niños.

El origen de la crisis de salud humana tiene como primera fuente la combustión ineficiente de combustibles fósiles. Y lo que sigue.

La contaminación del aire, aquí y en China, desencadena afecciones e infecciones en las vías respiratorias bajas y es detonante de los cánceres de pulmón y cervical, tuberculosis, etcétera.

En 2018 murieron 21 mil mexicanos por neumonía/ pulmonía

Nos centramos hoy en las variedades de neumonía e influenza, de ciclos estacionales, desatadas por hongos, virus y bacterias. Ambas se anuncian con infecciones de las vías respiratorias. En 2018, se diagnosticaron aquí  casi 118 mil casos de neumonía. Fallecieron más de 21 mil mexicanos.

En las alertas preventivas contra el Covid-19, se advierte que el primer síntoma son las dificultades respiratorias que, como se indica en el párrafo anterior, tienen consecuencias mortales de no ser atendidas con oportunidad.

Se aplica una estrategia pública para atajar una crisis humanitaria en México, pero la mayoría de los medios de comunicación, en particular los electrónicos, se gratifica en la guerra de cifras, siempre para cuestionar y contradecir las estadísticas oficiales.

En el marco de la fatiga informativa por el coronavirus, poco se atienden mediáticamente, las voces de la Ciencia. Hace unos días, en la Ciudad de México tuvo lugar un foro convocado por el Observatorio Ciudadano de la Calidad del Aire –contaminación y vulnerabilidad humana.

Cada mexicano inhala 80 litros de aire diariamente

Destacamos un dato: La jefa del Departamento de Investigación en Hiperreactividad Bronquial del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias, Patricia Segura nos informó de lo que caracterizamos como una bomba de mecha corta: Cada mexicano inhala diariamente 80 litros de aire. Ocioso resulta especular sobre su calidad.

En el mismo evento, se concluyó que la contaminación del aire en las ciudades, es un factor de incidencia del Covid-19. El director de Salud Ambiental del Instituto Nacional de Salud Pública, Horacio Riojas estimó que, al procederse a la reactivación económica, debe considerarse ese fenómeno que marca la correlación en las urbes mexicanas, para salirle al paso.

Con más de ocho décadas de leyes para la conservación de suelos y aguas en México, ¿es admisible que la llamada Nueva normalidad no tenga respuestas a ese imperativo capital? Al menos no las vemos ni como agenda futura. Es cuanto.

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