Voces del Periodista Diario
Juan Bautista Opinión

La permanente tentación del poder

* Respetar las instituciones democráticas
* Transgredir los tiempos para los que fueron electos, un grave riesgo
* Existe un hilo muy delgado entre el gobernar y transgredir al poder

Por Juan Bautista

1 de abril 2020

La estadística como ciencia, como una ventana a la aproximación de la realidad, encuentra en nuestros días un nuevo auge, el cual, sumado a las veloces computadoras Big Data, ofrece, en segundos, la visión del avance de la letalidad humana, ante el embate de la pandemia. Lo que un día fue ficción, hoy son hechos reales.

De la aldea a la globalidad en un instante. En el recuento, lo que inició por decenas, suman hoy miles, y al final, podrían ser millones. La pandemia- sin conocer científicamente su origen, si es natural o químico-bacteriológico- tomó desprevenidos a todos los gobiernos del mundo.

 Hasta el momento, no se conoce o se tiene información de una fórmula que erradique el Covid 19. La medida más popular, ancestral, prehistórica que se conoce para combatirla, es el aislamiento humano, para evitar el contacto corporal. En todo caso, los gobiernos y los científicos, están aplicando más la lógica que la ciencia. Por otro lado, en el combate médico hacia la población contaminada, le están aplicando recetas probadas en padecimientos similares, con resultados aún por corroborar, como lo dicta el método científico ante contagios.

Lo que hasta ahora tiene más certeza en esta lucha contra el invisible enemigo -para desdicha de todos- es el aislamiento. En tiempos del neoliberalismo, regresamos al medioevo,  donde los reinos, acechados por un poderoso enemigo o una situación de catástrofe natural,  como la peste o las epidemias, cerraban sus fronteras, levantaban murallas alrededor de los pueblos, o se resguardaban detrás de los muros de los viejos castillos, que en muchos de los casos, los defendieron para sobrevivir.

Los retos son los mismos: inmovilidad, alimentación, atención médica y resguardo de la autoridad para la seguridad de los pueblos, de sus ciudadanos. Este último punto, crucial para vencer al fatal enemigo, podría otorgar al líder, al gobernante, la posibilidad de legitimarse, de coronarse o bien, a contraparte, exhibir sus fallas y debilidades, su derrota, y hacer evidente la crisis, al perder el aura del poder.

En el más reciente número de la Revista Voces del Periodista, No. 403, abordamos al menos los quince temas capitales que impacta el Coronavirus en los Estados Nacionales. El de la gobernabilidad y seguridad, son dos elementos, que, de la misma manera, son sujetos de revisión y prueba.

La permanente tentación

Pero el tema indiscutible -aún con el pretexto del control sanitario o el derrumbe económico, a la tragedia natural: sismos, terremotos, tsunamis, incendios, huracanes, avalanchas o pandemias, como en este preciso momento se padece en el mundo entero- es, sin duda, el control social, el absoluto control del poder.

Al estar en riesgo la salud pública, una cadena de normas y decretos se aprueban para regular el tránsito de las personas, al interior o exterior, en las fronteras de un país. “Nadie se mueve” sin una orden expresa por parte del grupo que se encuentra en el poder, así, haya llegado por métodos transparentes o legítimos de la democracia moderna y occidental, o bien, sea una herencia y un traspaso de poderes en familias, o la meritocracia en los regímenes militares, en su designación de cónclaves militares. Para el caso es lo mismo, control absoluto del poder para “superar los difíciles momentos o circunstancias”, y “llegar a ver la luz al final del túnel”, “Todos Unidos, superaremos al virus”, “Quédate en tu casa para salvar al país”, “Unidos, venceremos”.

La aspiración legítima de llegar al poder, bajo las reglas marcadas por las democracias modernas, tiene su campo de prueba en la conquista de las simpatías, las promesas que, una vez convertidas en votos, arriban a los amplios campos de la gobernabilidad. Y ahí, ya en otra fase superior de la gobernanza, es donde los líderes y sus equipos de gobierno, se enfrentan a las realidades. Los gobiernos actuales luchan porque sus iniciativas legislativas sean aprobadas por una amplia mayoría que, en algunos casos, si hay un buen trabajo político, pueden llegar al consenso. Pero no hay normas ni reglas políticas que operen en forma automática, así, la política es un arte en la construcción del acuerdo permanente. Para cada problema o reto, siempre se encontrarán nuevas fórmulas, o un conjunto de ellas, o donde no existe el campo ni la experiencia, siempre la innovación será un salvavidas para el grupo gobernante, y si hay acuerdos o consensos con los adversarios, incluidos los archienemigos, propiciará mejores frutos. Siempre ofrecer la mano, el saludo, tendrá nuevos significados y dividendos, que la denostación y los aislamientos políticos.

Como un claro ejemplo de esto, tenemos las denostadas expresiones del presidente Donald Trump quien, todavía hace un par de días, acusara al gobierno chino de “pueblo sucio” e incluso, denominara al Coronavirus como un “Chino virus”, y hoy, recibe ayuda y compra implementos médicos por parte de este país asiático, para intentar frenar la avalancha e infranqueable barrera de los más de 200 mil muertos estadunidenses, según declaraciones del propio Trump.

Extender las medidas de protección a medidas restrictivas en forma permanente, un peligro latente.

De las normas sanitarias que indican y señalan campos de aislamiento en forma voluntaria, existe una franja muy delgada a la adopción de medidas restrictivas, policiales y militares.

Los casos más comunes hoy, son la India, Perú, Ecuador, en donde el toque de queda y la selección de tránsito, sólo se permite por medio de permisos específicos, para lograr trasladarse. Medidas necesarias, debido a la gravedad del caso, sin duda alguna. Pero, hay que considerar, que estas mismas normas emergentes, pueden ser utilizadas y manipuladas,  para trasgredir las reglas de la representación popular y alargar periodos de gobierno, con la sola excusa de ampliar los periodos de emergencia, como ya se vio en el caso de Hungría, donde su presidente, Viktor Orbán, ha modificado la extensión de su mandato, apelando a facultades extraordinarias, al grado de suspender toda actividad del legislativo.

Pero el tema de la gobernabilidad y el poder, es más amplio que la visión sólo aldeana de la seguridad nacional. En tiempos de pandemia, semejante a una guerra, hay vacíos de poder física y logística en las fronteras. En tanto los gobiernos nacionales están ocupados en ofrecer seguridad y mitigar el daño para enfrentar al invasivo virus que todo lo que toca lo infecta y paraliza; mientras esto sucede, otros grupos empoderados, como la delincuencia organizada, el narcotráfico, la guerrilla, o grupos políticos con brazos armados, extienden sus redes para ampliarse y ganar territorio.

En momentos de una guerra contra un enemigo invisible, las fuerzas nacionales están ocupadas en los controles y medidas a aplicar, pero existen otros mega poderes, que están listos para entrar en acción y desestabilizar a los gobiernos nacionales.

El hilo, la franja de la gobernabilidad, del respeto a la soberanía y a las instituciones democráticas, deben ser un precepto intocable, irrenunciable, por parte de quienes fueron elegidos en las urnas en forma pacífica.

Toca a los ciudadanos, aún confinados, ser vigilantes de esas conquistas, sin que se transgreda la vida pública y la Constitución. Necesario hoy – desde el confinamiento, con todos los derechos que los ciudadanos poseen – estar alerta a la defensa de las conquistas políticas y sus sistemas democráticos. Hoy ciudadanos “guardados”, “responsables”, “por ti, por mí, por nosotros”, debemos estar atentos  a los derechos  políticos y jurídicos conquistados, actitud, socialmente responsable.

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