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La trinca satánica ya tiene a su presa: Julian Assange

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

Cayo Julio César Augusto Germánico -para los igualados simplemente Calígula– es el prototipo de la demencia imperial. En su extraviada arrogancia, se dio el lujo de nombrar senador a su caballo Incitatus: Sus adversarios terminaron por asesinarlo.

El Armagedón es una leyenda bíblica premonitoria de la Segunda Venida de Cristo: Satanás, liberado, convoca a la batalla final escogiendo como teatro de guerra Gog y Magog. Otra vez lo derrota el Altísimo.

Para sus detractores y víctimas, los Estados Unidos son El último imperio. Después de los asesinatos de los hermanos Kennedy y de Martin Luther King se temió que la misma suerte y por los mismos victimarios pudiera correrla Bill Clinton hace dos décadas.

Uno de los autores más odiados por la supremacía blanca

Calígula, El Armagedón (El Apocalipsis) y El último imperio, son títulos de temas recurrentes tratados magistralmente por un escritor muy más visto por los terroristas de la supremacía blanca norteamericana, sobre todo cuando el autor se mofó satíricamente del republicano Ronald Reagan, el diseñador de La guerra de las Galaxias para implantar en el Cosmos el único gobierno “legal y legítimo”: El de Washington.

Ya en este siglo, el mismo escritor se mete de lo lindo con El renacido George W. Bush y su mancuerna Dick Cheney. Por supuesto, los republicanos metidos fraudulentamente en la Casa Blanca.

Ese escritor llevó por nombre Gore Vidal -pariente de Al Gore, el demócrata que se dejó robar mansamente la presidencia de por el nombrado Bush. Fue Vidal Gore quien, invitado por el Club del Libro de Madrid, diagnóstico que los Estados Unidos están rotos: El último imperio.

Gore Vidal: Historia del Estado de Seguridad Nacional (USA)

De esta década es la obra: Gore Vidal: Historia del Estado de Seguridad Nacional, una serie de conversaciones del periodista canadiense, Paul Jay, con el célebre pensador norteamericano, que hasta su muerte no se movió una línea de su filosa crítica al gobierno norteamericano.

Un ejemplar de ese libro era el único objeto visible cuando Julián Assange (Wikileaks) fue entregado por el presidente de Ecuador, Lenin Moreno, a Scotland Yard, para que el Reino Unido lo ponga en manos de Donald Trump.

De cumplirse la exigencia de deportación, no es descabellado suponer que Trump encerrará a su presa en una ergástula de Guantánamo. Se le acusa de intrusión informática (Sic).

10 mil millones de dólares a quien lo entregue vivo o muerto

Desde Bélgica, el ex presidente ecuatoriano, Rafael Correa declaró que Moreno vendió a Assange a la Casa Blanca, a cambio de su aval para que el Fondo Monetario Internacional le dé a Ecuador 10 mil 200 millones de dólares. Si viviera Shakespeare, acaso nos ofrecería la versión moderna de El mercader de Venecia.

Casi lloramos de orgullo cuando vemos que el Derecho a la Información y la Libertad de Expresión no están tan mal cotizados entre los bellacos globalizadores: 10 mil millones de dólares. De vivir, los bandidos gringos Jesse James y William H. Boney se sentirían devaluados y humillados.

De carambola nos enteramos que somos Estado fallido

Intrusión informática: El humillado es el imperio. Con todo y su Estado de Seguridad Nacional, en una operación de inteligencia, Assange sustrajo 660 mil documentos del Departamento de la Defensas y cables del Departamento de Estado.

Esos papeles revelaron todas las canalladas de Washington en Afganistán e Irak y de la agencia golpista para el exterior, el dicho Departamento de Estado.

Por lo que respecta a México, la temeraria audacia de Assange movió los podridos entresijos de la Embajada de los Estados Unidos en nuestro país, sobre todo cuando fue ocupada por Carlos Pascual, el especialista en Estados fallidos. El cubano-norteamericano llegó México precedido por su fama: Había hecho oficios “diplomáticos” en países de Medio Oriente.

¿Veremos a la Estatua de la Libertad derramando lágrimas?

En resumen, la trinca satánica: Donald Trump-Lenin Moreno-Theresa May han logrado su objetivo: Quizá en unos meses -más temprano que tarde- las cortes norteamericanas tendrán en el banquillo de los acusados al Derecho a la Información y a la Libertad de Expresión.

Entonces veremos un fenómeno excepcional: La neoyorkina estatua de La libertad derramará algunas lágrimas.

Desde Nueva York, agencias de la ONU para los Derechos Humanos y las Libertades civiles han levantado quedito la voz para denunciar el atropello.

Los medios londinenses destacan que Assange es imputado de conspiración. Uno de sus cercanos acotó en la capital británica: Conspiración para cometer periodismo. Por hoy, nos retiramos a un refugio antiaéreo para ponernos a salvo de la metralla nuclear de El Armagedón. Es cuanto.

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