Voces del Periodista Diario
Abraham García Opinión

Yo sí le creo a la Junta de Gobierno del Banco de México

EL LECHO DE PROCUSTO

ABRAHAM GARCÍA IBARRA

De un clásico universal de la Teoría Política, viene aquel absurdo: Si la realidad no se somete a mis caprichos, peor para la realidad.

A la mexicana, la terquedad se ilustra con una expresión mular: Seguirle dando patadas al aguijón.

Es obvio que el escapismo de la realidad es una práctica que no encaja en la idiosincrasia mexicana. El estudioso Samuel Ramos dejó escrito que el signo más notorio del carácter mexicano es, a primera vista, la desconfianza: El mexicano no desconfía de cualquier hombre o mujer en particular; desconfía de todos los hombres y de todas las mujeres

Uno de los signos más visibles en la política mexicana de esa desconfianza, en tiempos electorales, es el abstencionismo. Desde 2000, la participación ciudadana en los procesos electorales ha venido a la baja.

Encuestas institucionales sobre Cultura de la Constitución (Gobernación/ UNAM) encuentran que un alarmante porcentaje de mexicanos consultados expresa su desencanto en la democracia.

Cómo se documenta la desconfianza en el gobierno

Hace unos cuantos meses, un conspicuo miembro del gabinete económico peñista, aceptando la crítica de importantes medios de comunicación extranjeros, reconoció que uno de los retos más importantes del régimen es restaurar la confianza en el actual gobierno y en sus políticas públicas.

No lo dijo ese funcionario, pero los registros electorales documentan que, a partir de 2013, el PRI ha perdido cerca de cinco millones de votos electorales.

No obstante, los portavoces del gobierno no varían un ápice del continente y el contenido del discurso público.

En ese sentido, es de subrayarse que, contra lo que observan organismos financieros internacionales y aun investigadores de las asociaciones empresariales domésticas, frente a las expectativas decrecientes de la economía mexicana, la tecnocracia sigue montada en su inane triunfalismo.

No puede pasarse por alto que ese optimismo artificial lo sostienen secretarios encargados de despacho que son identificados como presidenciables.

Otra vez, la economía en reculada

Frente a ellos, están aquellos que, ajenos al interés electorero, basan sus diagnósticos económicos en fundamentos rigurosamente técnicos. No politizan, pues, el resultado de sus análisis.

Es el caso de los miembros de la Junta de Gobierno del Banco de México. En minuta de reciente sesión, se activaron las alarmas: La tendencia de la economía mexicana en 2017 aparece sesgada a la baja.

Su corrigen las previsiones de crecimiento: De la base de 2.2-2.5 por ciento, el ajuste queda en 1.8-2.3 por ciento. Se atribuye este fenómeno disruptivo a los sismos de septiembre y a la contracción de la producción petrolera, pero, sobre todo, a la incertidumbre generada en la revisión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Una explicación bastante sencilla: niveles deprimidos de inversión que actúan sobre la desaceleración del consumo.

Inflación: He ahí las consecuencias de la Reforma Energética

Para bajarle decibeles al triunfalismo tecnocrático, ahora mismo el propio Banco de México reporta un incremento de 0.92 por ciento en el indicador de inflación en la primera semana de noviembre, para colocarlo en 6.59 por ciento anual, sin precedente en la última década.

El dato relativamente nuevo sobre ese indicador, es que ya no se culpa al incremento de la inflación al llamado pico de gallo (chile, tomate y cebolla). El detonante son los aumentos en las tarifas de consumo de gas y electricidad. He ahí las consecuencias de la transformadora Reforma Energética.

Esa es la neta: No funciona huir de la realidad ni pretender aprisionarla en frágiles moldes propagandísticos. Es cuanto.

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