Voces del Periodista Diario
Abraham García Opinión

Lo que exhibe la transparencia, abona la impunidad

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

Durante la segunda mitad del sexenio de Enrique Peña Nieto se aceleró el interés de centrales bancarias extranjeras por operar en México. Se incorporaron el mercado nacional del dinero bancos europeos, canadienses, chinos, japoneses y coreanos, entre otros.

¿Qué explica ese asedio al sistema de banca y crédito, si la economía mexicana no crece y calificadoras extranjeras no dejan de hablar incesantemente de incertidumbre?

Todo empezó en 1990: Privatización-desnacionalización

Es que, desde 1990, se prefiguró jauja en ese sector cuando se inició el proceso de privatización de los bancos públicos, que devino desnacionalización. Antes de una década, la participación extranjera era notoriamente dominante. Hasta se perdió la soberanía en el control de la balanza de pagos.

El dato, también correspondiente a la segunda mitad del sexenio peñista, es que un ente sin dientes, la Comisión Nacional de Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Bancarios y Financieros, comenzó a computar en millones más millones las quejas y denuncias por actos presuntamente constitutivos de fraudes.

En la lista de imputados aparecen en primeros sitios franquicias de banca extranjeras y operadoras financieras y de seguros.

Sanear y capitalizar; todo ¿para qué?

No es mero accidente: Ya con el dúo desnacionalizador, Carlos Salinas de Gortari-Pedro Aspe Armella, se dieron los primeros signos de insolvencia de las familias a las que se asignaron los bancos privatizados.

Se inició un obsceno proceso de intervención y saneamiento, con cargo al erario público, para capitalizar a los banqueros particulares, algunos de los cuales habían dado papeles chatarra en pago por las instituciones.

Hizo historia el podrido Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa). Para limpiar el mugrero, la deuda contingente de los estafadores fue convertida en deuda pública, con el aval del Congreso de la Unión.

Con Ernesto Zedillo, el barril sin fondos cambió de nombre: Instituto de Protección al Ahorro Bancario (IPAB). La misma gata, pero revolcada.

Por encima del billón de pesos, los pasivos del IPAB

En los sexenios de 1988 a 2000, se calculó que el rescate bancario sería amortizado en dos décadas. Vamos en la tercera y la bola de nieve crece que crece.

Hoy tenemos “otros datos” para ilustrar nuestro optimismo: Los pasivos del IPAB han crecido hasta la suma de un billón 58 mil millones de pesos. Y contando.

Según datos del IPAB, los pasivos crecen a un ritmo de más de 97 millones de pesos diarios.

De los que se colige que la transparencia sirve para poner a flote el lodo de la corrupción. De fomentarla se encarga la impunidad. No para otra cosa, desde el sexenio de Salinas de Gortari, se reformaron los códigos penales federales para tejer el manto de Noé: Los crímenes financieros y patrimoniales no son delitos graves.

¿Cómo van a resistirse a la tentación más corporativos bancarios extranjeros? No sólo son favorecidos por la impunidad. Ésta permite, además, que las ganancias fluyan hacia las casas matrices sin más esfuerzos que teclear un código digital de transferencia y ahí nos vemos, cocodrilo. Es cuanto.   

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