Voces del Periodista Diario
Opinión

Los costos de una anexión irreflexiva

VOCES OPINIÓN Por: Mouris Salloum George

Desde hace al menos tres décadas, investigaciones académicas domésticas han concluido que la emigración desde México hacia los Estados Unidos  constituye una válvula de escape al descomunal problema del desempleo en nuestro país.

De manera recurrente, en las anuales Reuniones Parlamentarias México-Estados Unidos y en los grupos administrativos de alto nivel de ambos gobiernos, legisladores y funcionarios norteamericanos han insistido en que México debe hacerse cargo ya de resolver sus crisis económicas para asegurar la permanencia de  trabajadores,  empleados y profesionales en territorio nacional.

Aunque no defendieron en su momento el libre tránsito de mano de obra en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio México-Estados Unidos-Canadá (ahora TLCAN) firmado finalmente en 1993, sus negociadores (algunos de los cuales forman parte del actual equipo de gobierno) y publicistas de dicho instrumento, han insistido e insisten en que uno de los beneficios para los mexicanos es la creación de nuevos empleos.

Estudios sobre el movimiento obrero mexicano denuncian sistemáticamente no sólo el desempleo y subempleo, sino la precarización del empleo, aun en la economía formal, refiriéndose a los topes salariales y la pérdida del derecho a la Seguridad Social.

Hablamos, pues, del TLCAN, cuyas negociaciones culminaron en 1993 y entró en vigencia el 1 de enero de 1994.

El sombrío balance mexicano del TLCAN

Y bien: Por su inmediatez, el primer asunto a tratar, es que la migración de mexicanos hacia los Estados Unidos disminuyó entre 2009 y 2012, presuntamente a causa de las crisis financiera generada en EU, pero se incrementó en 2013, primer año del actual sexenio. En ocho años de mandato, Barack Obama deportó a más de tres millones de compatriotas.

Sin embargo,  la retrospectiva nos remite al sexenio 1988-1994, año éste en que entró en vigor el TLCAN.

Datos al canto:

En ese periodo, a los estados de tradicional expulsión de mano de obra mexicana, Michoacán, Guanajuato y Jalisco, se sumaron, en este orden, Chihuahua, Distrito Federal, Estado de México, Durango, Tamaulipas, Guerrero y Zacatecas. No se puede pasar por alto que esa tendencia se disparó en Oaxaca y Chiapas.

El fenómeno más acusado de ese proceso, es que la histórica emigración desde territorios rurales se revirtió hacia las zonas metropolitanas del país, que se agregaron con creces a la expulsión de mano de obra.

Con las siguientes variantes: 1) Se incrementó la salida de hombres jóvenes, e incluso adolescentes y niños; 2) La proporción de mujeres emigrantes, empezó a superar la de los varones, y 3) Si la emigración mexicana se caracterizó históricamente por la precaria escolaridad de los transterrados, en el periodo analizado ya se computó a individuos con título universitario. Un dato rescatado habla de 1994: Tres mil 869 con doctorado.

Una perversa consecuencia: La desintegración familiar

La migración mexicana hacia los Estados Unidos, documentada o ilegal, rompió los lazos familiares en las regiones expulsoras de mano de obra.

La gestión y aplicación del TLCAN en su primera etapa, estuvo a cargo de los presidentes de la República priistas, Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo Ponce de León. El primer presidente panista, Vicente Fox pretendió lo que llamó un plus: El Plan Puebla Panamá (PPP) y la promoción de la iniciativa estadunidense  Alianza Comercial de las Américas (ALCA), de George W. Bush.

Ha llegado a la Casa Blanca el republicano Donald Trump, con su amenaza de darle mate al TLCAN y deportar a cientos de miles de mexicanos.

Ayer, entre las torres de Nueva York, ambulaba el presidente nacional del PRI, Enrique Ochoa Reza, diciendo a quien quisiera escucharlo: No permitiremos la criminalización de nuestros compatriotas en los Estados Unidos. No puede permitirse que se niegue el futuro a los jóvenes ni a las familias. No se puede separar a los hijos de los padres por una política migratoria que no entiende los Derechos Humanos.

Hablan los clásicos de que todo aquél que asume las riendas del Estado, debe empezar por un ajuste de cuentas con el pasado, dándole a este ajuste un sentido filosófico. Ochoa Reza es filósofo por la Universidad de Columbia (USA). Parece que no leyó a los clásicos.

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