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Los indios en la cuarta transformación

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

Por esta vez, vamos a hablar de otra piedra: La piedra filosofal. Hasta julio de 2018, los optimistas mexicanos iniciaban una de sus primeras jornadas dominicales de verano con credencial de elector en mano y un artefacto con el que esperaban lograr el hallazgo que les iluminara el futuro. Era, aquél, domingo de elección presidencial.

Artesanalmente, a ese artefacto de la conoce como varilla. Los que la usan creen que detecta minerales. Hoy el mercado libre ofrece master detector y sus vendedores hablan de las propiedades de la radiestesia. Rudimentario o digital, el utensilio se emplea para tratar de encontrar tesoros escondidos.

En términos arcaicos, en la piedra filosofal se buscaba un atributo: El de transformar metales en oro. Al terminar cada sexenio, el iluso mexicano buscador de tesoros terminaba hasta la madre y tentado a conformarse con otra piedra: El crack, para aliviar sus frustraciones.

A finales de sexenios ha crecido el desencanto de la democracia

En esa estampa encontramos la reproducción del mitológico suplicio de Sísifo: El condenado a subir a todas horas la piedra a la cima, sólo para verla rodar de nuevo al abismo… y a empezar otra vez.

En tiempo real, desde 2006 investigaciones sociológicas y conclusiones de los propios árbitros electorales nos informan que los mexicanos han caído en el desencanto de la democracia.

Incluso, algunas encuestas de la propia ONU para América Latina dan como resultado que un alto porcentaje de ciudadanos consultados optaría por aceptar, así fuera transitoriamente, un régimen dictatorial.

Acaso ese sentimiento de desesperanza haya empujado al pueblo brasileño a darle recientemente el poder a un militar que, desde 1964, nunca ha ocultado su vocación fascista.

Lo mismo da si el poder se delega en un elemento castrense o un civil. Los saldos de cada periodo presidencial sólo varían para multiplicar y profundizar sus efectos socialmente disolventes.

Indios “atenidos”; pueblo apolítico y analfabeta

En 1908, el periodista canadiense James Creelman le hizo una entrevista a Porfirio Díaz en la perspectiva de la sucesión presidencial de 1910. (Uno de los tres periódicos mexicanos que reprodujo el contenido, fue El Diario del Hogar, dirigido a la sazón por Filomeno Mata.)

Díaz lo expresó puntual y textualmente: Los indios están acostumbrados a guiarse por aquellos que poseen autoridad, en vez de valerse por sí mismos (…) El pueblo es apolítico y analfabeta.

Díaz se comprometió a retirarse en 1910. Sólo lo hizo echado por el movimiento revolucionario armado.

Un siglo después, tenemos que los indios mexicanos han dejado de jugar papel de bendito. Ya no delegan gratuitamente la fiabilidad, la verdad, la capacidad y la fuerza a los gobernantes.

En la más reciente década hemos visto a los pueblos originarios en acción en sus propios territorios. Pero no sólo ahí: Conocen ya los senderos hacia las moradas del poder:  La Suprema Corte de Justicia de la Nación, la ONU, la Comisión y la Corte Interamericanas de Derechos Humanos, a la Plaza de la Constitución en el Centro Histórico de la Ciudad de México…

En defensa de su patrimonio y por el derecho a la vida

En sus movilizaciones multitudinarias, las comunidades indígenas se sublevan contra el despojo de su patrimonio cultural, físico y económico; toman la defensa del derecho a la vida y por su autonomía política, ahí donde los usos y costumbres para elegir a sus autoridades están consagrados en la Constitución.

Indios fueron los que defendieron sus propias causas, comandados por Hidalgo y Morelos; indio fue el que restauró la República, Juárez; indios fueron los que se treparon a los trenes de la revolución, clamando por Tierra y Libertad

De 1910 a 1934, la política del Estado mexicano fue de franca exclusión de los indios. Éstos reclamaron su sitio al general Cárdenas. El Divisionario de Jiquilpan se los dio en forma de reparto de tierras, un modelo de educación inclusivo y una institución específica para responder a sus demandas.

La política indigenista de Cárdenas alcanzó rango continental: En 1940, en Pátzcuaro, Michoacán, fue acogido el Primer Congreso Indigenista Interamericano.

Denme 15 minutos y resuelvo el problema de la indiada

Tres décadas después, desde el centro se volvió de nuevos los ojos a los indios para rescatarlos de su uso meramente folclórico con cierta política de corte paternalista. Es hasta 1994 en que el gobierno se alarma por el surgimiento zapatista en Chiapas.

El criollo Vicente Fox creyó posible contener el resurgimiento indígena en 15 minutos.

Contra el recalentado Plan Puebla Panamá

Se lanzaron en el reciente periodo programas cosméticos para contener la expansión de la acción subversiva de la indiada; nada cambió. Como, con otra cosmovisión, los indios no creen la piedra filosofal, están tomando sus causas en sus propias manos en más de 500 municipios indígenas; por lo menos en 17 estados de la República.

Las comunidades indígenas están particularmente en alerta en el sur-sureste de México, donde se está recalentando el neoliberal Plan Puebla Panamá. Las aguas mansas no están dispuestas a permanecer en tal estado. Es cuanto.

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