Voces del Periodista Diario
Abraham García Opinión

Marcelo Ebrard, ¿próximo presidente de México?

Sinfonía Telúrica

Por Abraham García Ibarra

Discurso urbano desde la plancha de la Plaza de la Constitución, Centro Histórico de la Ciudad de México: Suave Patria, pretendiste, con Hidalgo, ser Nación independiente. Con Juárez, te restauraste como República soberana. Con Madero, quisiste rescatar a la plebe de la opresión. Con Cárdenas -ilusión de la segunda Independencia de México, la económica– soñaste ser Estado Social de Derecho moderno, que devino fallido. Plaza de la Constitución (1824-1857-1917) cultivas, desde tu “plancha”, la tentación de convertirte en el primer estacionamiento público al aire libre en México, como lo es la Plaza de la República en la explanada-cementerio del Monumento a la Revolución, memoria oculta en un museo subterráneo. Patria mía –impecable y diamantina– como la zota moza, Patria mía/ En piso de metal/ vives al día/ de milagros, como la lotería.

De iturbidistas, santannistas, polkos y fifís

De milagros y abyección: Contra las ideas-fuerza, aspiración de la Sociedad igualitaria de Miguel Hidalgo y su decreto contra la esclavitud -Morelos y sus Sentimientos de la Nación, de Juárez, de Madero y de Cárdenas, todo indica que los imperialistas iturbidianos,  las altezas serenísimas santannistas; los polkos y los fifís, parecen estar ganando la guerra, aunque no lo parezca.

Patria, Nación, República, Estado, abstracciones nomás: Todo, para terminar en Protectorado neoliberal, que no resiste ni siquiera la intrusión de un ingobernable virus importado, porque las bacterias habían minado y erosionado ya toda capacidad de resistencia y las pestes globales agotaron nuestras fuerzas vitales.

Después de Cárdenas, las inicuas presidencias “civilistas”

Antes de Hidalgo y Morelos, la Colonia. Después de Juárez, la dictadura unipersonal extranjerizante. Luego de Madero, las jefaturas máximas de la Revolución. Después de Cárdenas, el PRI y sus presidencias “civilistas”. Después del PRI, la tecnocracia neoliberal globalizadora. Toda la Historia de México y la soberanía nacional, en tal círculo virtuoso, reducidas por los nuevos oráculos a meros mitos y dogmas.

Al final del arcoíris liberal, un lúcido pensador concluyó: Desamortizamos los bienes del clero. Nos falta desamortizar las conciencias. A finales de la Docena Trágica del siglo XX: Sólo nos falta reconstruir el tejido social. Al retornar el PRI a los Pinos: Los compatriotas merecen Un México en paz.

Entorno de la Cuarta transformación: No hay paz en las calles, ni tranquilidad en las conciencias. La sociedad política es una manada acéfala y la sociedad civil es impedida de socializar, de manera que el espíritu colectivo enfrente serena y juiciosamente una amenaza sanitaria de importación, que no es peligrosa per se -las hemos tenido peores-, si no fuera por las bajas defensas comunitarias que nos ha dejado el neoliberalismo, que no tiene madre, según nos dijo aquí hace poco más de dos décadas el cardenal hondureño Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga.

En la posmodernidad salta el orangután de liana en liana

A lomo del virus de inescrutable y hasta ahora invencible cepa, cabalgan las ambiciones personales de poder rumbo a 2024. Muchos quieren el retorno a Los Pinos. La cultura pinolera dejó gratos sabores a los diseñadores de la posmodernidad, que se supone es la que vivimos, aunque el orangután ande saltando de liana en liana.

Los partidos políticos nacionales, sobrados de legalidad pero escasos de legitimidad, hacen lo que el régimen electoral les autoriza. Los francotiradores esgrimen el escudo de los derechos políticos y las libertades civiles para hacer lo propio como ciudadanos libres y soberanos. Los árbitros electorales nadan de muertito, sólo interesados en defender sus privilegios crematísticos. Como sea, según evocaciones porfirianas, la caballada está muy flaca.

Distribución del ingreso/ Pobreza y manipulación del voto

De los que acatan la disciplina normativa de Palacio Nacional, la mayoría  permanece hasta hoy engarrotada. Revisamos algunas hojas de vida: Encontramos una sugerente tesis para maestría por el Colegio de México. Su título: El votante de la mediana, distribución del ingreso y preferencias electorales/ Niveles de pobreza y manipulación del voto.

De tal tesis se supondría que el autor es un militante político preocupado por el sentido de la democracia mexicana. No le conocemos carnet partidista, pero, por sus servicios en el Banco Mundial, se deduce que es un profesional compenetrado de la situación de la comunidad latinoamericana.

Aquella institución, creada en la década de los cuarenta del siglo pasado, se propuso como fin reducir la pobreza mediante una política crediticia multinacional en favor de sus Estados parte menos favorecidos desde la perspectiva socioeconómica.

Se trata de Arturo Herrera Gutiérrez, actual secretario de Hacienda a quien le está tocando bailar con la más fea en el remesón de la crisis económica desencadenada por el coronavirus. Lo hace, con relativa eficiencia pero con discreción.

Se trata su figura como la de un tecnócrata aplicado de tiempo completo a su disciplina económica como responsable de las finanzas públicas.

Inefables ex priistas y ex perredistas con un pie en el estribo

Más hablan los medios ocupados de la política-política del ex priista, ex perredista y actual pastor del Senado, Ricardo Monreal Ávila, que ha recorrido el escalafón legislativo y, en el Ejecutivo, el cargo de gobernador de su estado.

Otros reflectores se dirigen con potencia, entre los miembros del gabinete presidencial, al polifacético y también pluripartidista ex priista Marcelo Ebrard Casaubón, quien alterna sus deberes diplomáticos con funciones policiales como jefe de facto de la Guardia Nacional, y guardián de la frontera sur, aunque México diga no aceptar el estatuto de tercer país seguro.

Al canciller no se le conocen luces académicas o teóricas que reflejen su perfil doctrinario, pero, como su antecesor en Relaciones Exteriores al servicio de Enrique Peña Nieto, Luis Videgaray Caso, es muy bien visto en la Casa Blanca. No es un plus de poca monta en recompensa a su condición de exégeta del T-MEC, que ya está a caballo.

A lomo en un híbrido y aséptico “Centro Democrático”

No se le ve perfil ideológico a don Marcelo. Será porque, después de desertar del PRI, se colocó en el supuesto Centro Democrático, según la marca del partido que cofundó hace 20 años con el difunto senador Manuel Camacho Solís, quien, como candidato presidencial para 2000 por el PCD, denunció al panista Vicente Fox por sus coqueteos con los petroleros tejanos, a quienes les ofrecería abrir el petróleo a la inversión extranjera, como lo hicieron Felipe Calderón y Peña Nieto. Y no ha pasado nada, salvo el desastre energético y la catástrofe ecológica.

En el escenario político descrito, la duda existencial que nos atrapa, es la siguiente: Si la cuarta transformación es promesa de una revolución electoral de izquierda, ¿qué suerte le depara en el futuro cercano bajo la conducción de un híbrido del “Centro Democrático”? Por hoy, dejamos el péndulo oscilante. Es cuanto.  

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